
Si algo necesitan las migraciones es de un exquisito rigor, un amplio conocimiento de su realidad en línea con los múltiples elementos que intervienen en las mismas, junto a un abordaje respetuoso con la extrema complejidad que plantean, justamente lo contrario de como habitualmente son utilizadas por responsables políticos e institucionales. Hasta el punto de convertir a la inmigración en uno de los ejes centrales de confrontación para los partidos de extrema derecha en todo el mundo, arrastrando a otras fuerzas de derecha a incorporar buena parte de su ideario incendiario, mientras no deja de generarse en la sociedad un ruido ensordecedor, repleto de odio, mentiras y falsedades, que no ayuda a comprender e intervenir adecuadamente en esta materia.
Así las cosas, el debate público sobre la inmigración responde a la agenda oportunista que los partidos van marcando en función de sus intereses, en lugar de impulsar una pedagogía social rigurosa basada en el conocimiento y la comprensión de un fenómeno tan multidimensional. Dicho de otra forma, ante la inmigración, se prefiere rentabilizar electoralmente el exabrupto y crear alarma social, en lugar de dedicar tiempo a saber qué características e implicaciones tienen los desafíos que se plantean. De esta manera, con frecuencia son los políticos quienes convierten a la inmigración en un problema en la sociedad, generando debates y polémicas que la gente no siente como prioritarios, algo que se ha podido ver habitualmente analizando los barómetros sociales que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Sin ir más lejos, estamos asistiendo en las últimas semanas a un encarnizado debate sobre la acogida de menores no acompañados que algunos partidos han planteado en términos muy duros, llegando a proponer medidas tan bárbaras (e irrealizables) como enviar los barcos de la Armada a las costas de los países africanos, hundir los cayucos para que no puedan llegar a nuestras costas o devolver a todos estos menores que llegan a España. Hasta el punto de que esta cuestión ha motivado la ruptura de los gobiernos autonómicos del PP y Vox en todo el territorio.
Sin embargo, en el último barómetro publicado por el CIS correspondiente al mes de junio, vemos que la inmigración no es percibida como uno de los principales problemas en la sociedad, ni mucho menos, al ocupar la novena posición, muy por debajo de otras cuestiones mucho más prioritarias, cayendo incluso al decimoséptimo lugar como problema que más afecta de manera personal. Sin embargo, muchos políticos se han convertido en auténticos pirómanos, especialistas en encender hogueras, alimentando problemas y preocupaciones, en lugar de construir respuestas positivas. Para ellos, la inmigración es gasolina del máximo octanaje, siempre lista para prender fuego.
Precisamente por ello, es particularmente importante que aquellos otros responsables públicos que quieren actuar con sensatez e intervenir de la manera más adecuada en una materia tan manipulada puedan tener un mayor conocimiento sobre actuaciones, buenas prácticas y estudios que faciliten una mejor toma de decisiones y una adecuada comunicación hacia la sociedad.
Son numerosas las universidades, instituciones y centros de investigación altamente cualificados que en todo el mundo están generando un conocimiento muy valioso sobre distintos ángulos relacionados con las migraciones, aunque me temo que este conocimiento científico no es muy valorado por quienes no se cansan de difundir barbaridades y falsedades a diario. Desde hace tiempo, numerosos investigadores hemos acumulado análisis y perspectivas de conocimiento valiosas que debieran ser escuchadas a la hora de orientar políticas y decisiones, aunque tampoco parece que sea tenido en cuenta por quienes deberían de hacerlo.
Como en tantas otras cosas, pensar que lo que vivimos es algo único y excepcional, sin tener una perspectiva global ni saber qué ocurre a nuestro alrededor, nos lleva a actuar desde un cosmopaletismo patrio y poco edificante que agrava las situaciones y dificulta las mejores respuestas. Repasar los problemas migratorios mundiales sobre los que están trabajando algunos de los mejores centros de investigación mundiales demuestra que necesitamos elevar nuestra mirada sobre la inmigración. Repasemos telegráficamente algunos de ellos.
La inmigración está avanzando de manera hemisférica, exigiendo actuar de forma colaborativa en la medida en que ningún país se ve libre de patrones migratorios. El cambio climático que impulsa la sequía, el hambre y las catástrofes está provocando importantes desplazamientos en África, un continente que se ve espoleado por una inestabilidad política creciente al convertirse en escenario de luchas geoestratégicas mundiales. Unos sistemas de inmigración sobrecargados están siendo superados por nuevos patrones pospandémicos, poniendo al límite sus capacidades. Los países occidentales tienen que gestionar la caída demográfica y la necesidad de mano de obra en cada vez más sectores en medio de un persistente caos migratorio, compitiendo por captar inmigrantes altamente cualificados. Aparecen nuevos modelos de externalización de la protección humanitaria y de gestión de la migración de resultados inciertos. Se registran importantes movimientos de regreso de inmigrantes en regiones muy inestables, planteando incertidumbres sobre su futuro. También las redes sociales avanzan como herramientas cruciales en las migraciones internacionales, lo que deberá de llevar a implantar un enfoque más digital en las políticas migratorias.
Como vemos, ante problemas mundiales necesitamos, cada vez más, de una mirada también global en las migraciones para poder así construir respuestas más certeras.