Pobreza con mayúsculas

Los pobres asustan, dan miedo, se les quiere tener cuanto más lejos, mejor. Sucede a nivel internacional y en nuestras propias ciudades y barrios en los que sabemos que hay numerosas personas que sufren situaciones extremas de privación, malviviendo como pueden, luchando con dignidad por salir adelante en un mundo de opulencia y desigualdades descomunales que nos cuestan, incluso, concebir.

Por eso nuestros políticos tratan de ignorarlos y evitarlos, salvo en campañas electorales en las que siempre añaden a su álbum de fotos alguna imagen con alguno de ellos, preferentemente niños, buscando que aparezcan, eso sí, dóciles y sonrientes, agradecidos de recibir las sobras para comer. Lo mencionaba con acierto el prestigioso periodista estadounidense David Rieff en su reconocido libro “Una cama por una noche: el humanitarismo en crisis”, al explicar que a quienes más les gusta fotografiarse con niños son a los dictadores, a los políticos y a los que reparten ayuda.

Como nos asusta saber que cerca de nosotros hay pobres, tratamos de evitar nombrarlos, habiendo creado una colección maravillosa de eufemismos altamente tecnificados que nos evitan llamar a las cosas por su nombre y reconocer nuestro gigantesco fracaso. En lugar de hablar de personas que viven rebuscando en la basura, de recoger las sobras de comida, que están desesperados y sin horizonte, o que les condenamos a malvivir en los márgenes de la sociedad, preferimos hablar de “personas de difícil empleabilidad”, de “colectivos en riesgo de exclusión social”, de “sectores vulnerables”, de grupos con “falta de competitividad” o de “escaso capital relacional”. Todo menos poner rostro, nombres y conocer el sufrimiento que hay detrás de cada una de esas personas.

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Una inaplazable reconstrucción de la cooperación española

Tras mi reciente comparecencia ante la subcomisión de reforma de la Ley de Cooperación al Desarrollo formada en el Congreso de los Diputados, se avanzan algunas propuestas concretas que el autor trasladó a diputadas y diputados. La nueva Ley de Cooperación puede facilitar el necesario proceso de reconstrucción reclamado desde hace años por diferentes sectores. Aquí algunas urgencias que no admiten demora.

Sin recursos, no hay políticas posibles, necesitándose una continuidad presupuestaria que comprometa los períodos de legislatura, impulsando umbrales básicos de cooperación bilateral sólida y vigorosa, para evitar que el sistema de ayuda se reduzca a su mínima expresión, como hemos vivido. España debe aplicar de inmediato los acuerdos del Consejo y de los representantes de los Gobiernos de los Estados de la UE de 2005, que decidieron aportar colectivamente el 0,5 % de su RNB en ayuda al desarrollo en 2010.

Un sistema institucional confuso, fragmentado e hipertrofiado exige su reordenación y modernización urgente, para reforzar el papel y las capacidades de una AECID anoréxica, en lugar de adelgazarla presupuestaria y funcionalmente, transfiriendo competencias a un universo de fundaciones e instituciones de distinta naturaleza que han debilitado su capacidad técnica y financiera.

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Balance de daños

Ya lo explicamos hace pocas semanas en este mismo Blog. Quien quiera comprender las razones de los resultados obtenidos en las pasadas elecciones madrileñas puede releer mi artículo publicado el lunes 5 de abril, titulado “Lluvia fina. En este análisis se avanzaban las razones por las que el PP madrileño, con la trayectoria que atravesaba, conseguiría un resultado que le permitiría gobernar, incluso con más escaños de los que cosechó en las anteriores elecciones. Lo que toca ahora es hacer el balance de daños que proyectan unos resultados que, en todos los partidos, a un lado y a otro, dejan damnificados.

La victoria del PP madrileño es la victoria personal de Isabel Díaz Ayuso con su neoliberalismo castizo trumpista, de la mano de un márketing vacío de política que satura el espacio comunicativo con su sistemática presencia. No hay día en que Ayuso no acapare informativos, televisiones, diarios y redes sociales con sus ocurrencias y provocaciones estudiadas, dejando claro que ella está ahí para todo, regalando los oídos a los madrileños con sus simplezas y sus desplantes, acentuando con ello el silencio de los demás.

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La construcción política del odio

La preocupación por el nivel de odio y la crispación alcanzado en nuestra sociedad es algo que me confirmaron diputados y diputadas con las que pude hablar ampliamente el pasado martes en el Congreso, cuando acudí a la comparecencia solicitada por la presidenta de la Cámara para intervenir sobre los trabajos de reforma de la Ley de Cooperación al Desarrollo. Desde diferentes grupos políticos me explicaron que estaban recibiendo indicaciones para aumentar su seguridad, en una escalada que les empezaba a recordar tiempos pasados. De hecho, una diputada vasca que vivió en primera persona la etapa del terrorismo de ETA, me contaba cómo después de tener que compartir con su familia y otros muchos compañeros años muy duros de amenazas, odios y provocaciones volvía de nuevo a revivir algunas de esas sensaciones que creía olvidadas.

La escuché con mucha atención, con un respeto reverencial cuando me relataba el sufrimiento de tantos años en los que su vida dependía de seguir a rajatabla las impresionantes medidas de seguridad que les imponían y que afectaban también a sus hijos, en un clima de violencia y odio irrespirable en el que se llegó a justificar verdaderas atrocidades, mientras una parte de la sociedad miraba para otro lado y desde otros sectores se jaleaba, amparaba o normalizaba este clima de terror. La diputada vasca me confesaba que a muchos compañeros que compartieron en Euskadi estos años de sangre y terror, de diferentes partidos, les alarmaba la escalada en la que había entrado la política en España, y razón no le faltaba.

A la sociedad vasca y a todo el país nos costó mucho aprender que nada justifica una violencia que acaba por pringarlo todo, como un espeso chapapote que mancha todo lo que toca y que es muy difícil de limpiar. Sé bien de lo que hablo porque durante aquellos dolorosos años trabajé en centros de investigación, con universidades e instituciones del País Vasco y he tenido un buen número de amigos amenazados de muerte. Por ello, cuesta asimilar que algunos de los que llevan años viviendo del rechazo y la condena a la violencia terrorista y su entorno, aún cuando ETA acabó en el año 2011, estén alimentando ahora una construcción política de odio, rechazo y violencia tan grave. Una espiral de odio alimentada por la extrema derecha y la derecha extrema, neofascistas, nostálgicos del franquismo, junto a una amalgama de cooperadores necesarios de lo más variopinto, que incluyen desde conspiranoicos y trolls profesionales, hasta algunos medios y periodistas madrileños que han hecho de la crispación su negocio.

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Mujeres, ciudades y perros

Nuestras ciudades cambian, evolucionan y se transforman lentamente de la mano de las personas que las habitan, aunque con frecuencia pase desapercibido o no reciba la importancia que merece. Se habla mucho de los procesos de planificación urbana, de los planes generales, de las intervenciones arquitectónicas, mientras que de manera silenciosa se están produciendo lentas transformaciones en nuestras calles y barrios de una enorme profundidad que, en muchos casos, ni políticos, arquitectos o urbanistas son capaces de anticipar.

            En estos momentos, importantes cambios en los usos y las funciones de nuestras ciudades están siendo impulsados por las principales mascotas que conviven con nosotros, los perros. A su vez, cada vez más mujeres han decidido tenerlos como valiosa compañía, hasta el punto de alterar los usos y funciones en algunos de sus espacios, impulsando ciudades más humanas, con mayores interacciones relacionales y de convivencia.

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La UE naufraga en el sur

Tras la gigantesca crisis migratoria que estalló en la UE desde el año 2015, cuando decenas de miles de migrantes forzosos trataban de llegar hasta su territorio, protagonizando en muchos casos dramáticos naufragios en el Mediterráneo, la Comisión Europea se inventó una respuesta llamada “Agenda Europea de Inmigración” que, según se decía, daría una respuesta integral a la gestión de la inmigración en Europa y marcaría un antes y un después en la política migratoria en los países de la Unión. Lo cierto es que, mientras responsables comunitarios de entonces hacían declaraciones rimbombantes sobre la política de migración y asilo pactada, la realidad se empeñaba en demostrar que Europa atravesaba la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial debido a la pasividad, la negligencia y la irresponsabilidad de instituciones y países, incapaces de respetar sus propios acuerdos.

Recientemente, la comisaria de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatović, calificaba de “deplorable” la política migratoria y de asilo de la UE desde 2015 y no le faltaba razón. Basta decir que, desde entonces y según datos oficiales de las Naciones Unidas, se han contabilizado en naufragios de embarcaciones que trataban de acceder a costas europeas 18.226 personas fallecidas, junto a los cuerpos que nunca serán encontrados. De ellos, 1.717 corresponden a fallecidos que trataban de llegar hasta España en el pasado 2020, lo que da buena idea de la importancia que ha adquirido nuestro país como frontera Sur en las rutas migratorias que tratan de llegar hasta el continente europeo.

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En memoria de Arcadi Oliveres

Reconozco que me recorre una extraña sensación al tratar de homenajear la figura de una persona recientemente fallecida y no invadirme un sentimiento de pena o de tristeza. Pero es algo lógico al tratarse de alguien como Arcadi Oliveres, cuya muerte se produjo hace pocos días con la misma coherencia, incluso me atrevería a decir que con la misma belleza con la que recorrió la vida desde el compromiso activo frente a las injusticias, las pobrezas y las violencias.

Hablar de Arcadi (todos lo llamábamos siempre por su nombre) es hacerlo de una de las personas más queridas y respetadas entre movimientos sociales y ONG, cristianos de base y grupos eclesiales, activistas y militantes de causas diversas, como atestigua el hecho de que sus charlas y conferencias contaban, siempre, con un lleno absoluto de personas con orígenes, perfiles y edades muy diversas. Pero es que el gran Arcadi tenía la capacidad de llegar a todos los públicos con sus análisis claros, directos y comprometidos, habiéndose ganado un respeto y una admiración de años de compromiso público con algunas de las causas más importantes que han estado encima de la mesa en las últimas décadas, dando razones, argumentos y humanidad a estas reivindicaciones.

Pocas personas se han recorrido España de punta a punta con tanta disponibilidad y amabilidad como lo ha hecho Arcadi durante años, hablando con claridad de asuntos que muy pocos profesores universitarios se atrevían a mencionar, acompañado de su sonrisa apacible, su andar lento y su barba blanca que le imprimía una especial ternura. Mucho antes de que se conocieran los casos de corrupción vinculados a la familia real, Arcadi cuestionaba públicamente una monarquía rodeada de irregularidades. Cuando pocos se atrevían a explicar algunas de las prácticas de las grandes empresas transnacionales, Arcadi analizaba con nombres y apellidos la impunidad de muchas de sus actuaciones. Sin dejar nunca de denunciar el gasto militar inútil, de pedir pan y derechos para los pobres, de reclamar un reparto justo de la riqueza y los recursos, siempre reivindicando una no violencia que fue seña de identidad a lo largo de toda su vida. Y lo hacía, además, desmenuzando las cifras con una facilidad pasmosa, ofreciendo infinidad de ejemplos cotidianos y divertidas anécdotas que daban mayor humanidad a lo que explicaba.

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Lluvia fina

Lo bueno de las elecciones es que hasta que no se producen las votaciones y se contabilizan cada una de las papeletas no tenemos el paisaje final que nos ofrecen los resultados. Por tanto, cualquier estimación previa ante un proceso electoral es pura especulación, de la misma forma que los hechiceros buscan en las entrañas de los animales la explicación a muchos sucesos.

Ahora bien, lo que vamos a ver en las próximas elecciones anticipadas convocadas en la Comunidad de Madrid exigirá de un ejercicio de templanza que va mucho más allá de sociología electoral, para comprender cómo puede ser que el PP, liderado por una de las políticas con más limitaciones que se han visto, arrastrando una trayectoria penal y criminal en el PP madrileño que haría palidecer a los capos de la mafia siciliana, puede cosechar un resultado que le permita volver a gobernar, incluso con más escaños de los que cosechó en las últimas elecciones. Pero tratemos de pensar en voz alta sin dejar que las emociones nos perturben.

La llegada del PP al gobierno de la Comunidad de Madrid se hizo mediante prácticas corruptas gracias a los votos de unos tránsfugas que dieron nombre al “Tamayazo”, en el año 2003. Desde entonces, los populares han desarrollado una política que interviene sobre las parcelas más importantes de la vida de las personas, en aspectos esenciales como dónde viven, cómo dan respuesta a sus necesidades sanitarias, a qué colegios van sus hijos y qué educación reciben, qué trabajos desempeñan y a qué ocio acceden. Y en todo ello, el Partido Popular ha desplegado, sin oposición alguna, una política neoliberal impulsada por el dinamismo económico que ofrece la capitalidad, favoreciendo la creación de los PAU de la periferia y la corona suburbana hacia donde se han dirigido las nuevas clases medias aspiracionales que trabajan en el sector servicios, como autónomos o pequeños empresarios. Todos esos trabajadores endeudados de por vida se han creído la fábula de las ventajas de ser propietarios frente a las viviendas públicas de alquiler, generándose procesos de discriminación espacial muy potentes en todo el territorio madrileño, con una primacía del vehículo privado como medio y símbolo de esa nueva forma de vida.

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La encrucijada migratoria

La gravedad de los problemas y la urgencia de muchos de los desafíos que tenemos entre manos es de tal naturaleza que estamos dejando de lado demasiadas asignaturas pendientes que siguen estando ahí, formando parte de la columna vertebral de nuestra sociedad.

Una de ellas es el análisis y la intervención sobre los procesos, las dinámicas y los flujos migratorios que se están viendo profundamente afectados por la pandemia de covid-19. Las migraciones atraviesan profundos cambios que también van a tener su impacto en las dinámicas demográficas, en las pautas de movilidad geográfica, en los perfiles y motivaciones de quienes se desplazan por el mundo, así como en las estrategias de integración social, laboral y ciudadana de los inmigrantes que viven con nosotros y de sus familias. Bueno sería no perder de vista muchas de estas transformaciones por la repercusión que van a tener en nuestras sociedades y la necesidad de anticipar políticas e intervenciones adecuadas en muchos niveles.

Empecemos señalando algo de una enorme trascendencia que no había sucedido en la historia reciente. La pandemia ha afectado a la movilidad humana como nunca se había vivido, interrumpiendo los flujos migratorios globales. Por ello, adquieren más visibilidad esas migraciones clandestinas que, por medio de traficantes de personas, están cruzando de manera desesperada algunas fronteras en el mundo, poniendo en riesgo numerosas vidas. Es lo que ha sucedido con las migraciones africanas llegadas hasta las islas Canarias en los últimos meses, muy dramáticas y con motivaciones de distinta naturaleza, a veces nada sencillas de comprender. No es casual que el pasado año de explosión de coronavirus, no menos de 1.717 personas hayan fallecido tratando de llegar hasta España, con un incremento del 29% respecto al año anterior, según el documentado informe anual de la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía (Apdha).

Pero el grueso de los desplazamientos humanos en el mundo no se hace en patera, ni mucho menos, sino en aviones y a través de aeropuertos que, en estos momentos, ofrecen grandes limitaciones para acceder a ellos y estrictos controles para la entrada en otros países. De manera que las migraciones globales se han interrumpido y tendremos que ver cuándo y cómo se reanudan.

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Una ciudad a la espera

La salud y las epidemias han estado unidas a las ciudades, impulsando más cambios y transformaciones de las que pensamos. El higienismo, la creación de espacios saludables, evitar la propagación de enfermedades infecciosas, utilizar materiales limpios, junto a favorecer la ventilación y el saneamiento han sido ideas que han avanzado en el diseño y la construcción de nuestras ciudades contemporáneas, imponiéndose en mayor o menor medida en todas ellas. Hasta el punto, que el urbanismo ha tomado muchas de las ideas que desde los profesionales sanitarios se han formulado hace tiempo para conseguir que nuestras ciudades sean, también, lugares en los que hacer una vida más sana.

            Así, en diferentes lugares del mundo hay en estos momentos diferentes iniciativas para repensar nuestras urbes, en coincidencia con la pandemia de covid-19, que están generando experimentos urbanísticos de una cierta envergadura, obligando a reflexionar en profundidad sobre el papel y el significado de las ciudades contemporáneas del postcoronavirus, un debate que presenta, sin duda, numerosas aristas. La densidad urbanística, la movilidad, el acceso a servicios esenciales, la sostenibilidad y la buena vida o la reducción de las desigualdades son algunos de los complejos dilemas sobre los que se han abierto reflexiones de una enorme profundidad, que afectan a todas las ciudades.

            Hay quien sostiene que estamos ante una buena oportunidad para reducir la densidad urbana mediante intervenciones que creen espacios autosuficientes en distancias cortas que permitan dar satisfacción a todas las necesidades ciudadanas, como “la ciudad de los 15 minutos”, mientras que otros urbanistas defienden la concentración de servicios esenciales para el mayor volumen de población posible. Al mismo tiempo, la movilidad y el transporte se han visto seriamente afectadas, tanto por motivos sanitarios como económicos, abriéndose paso con fuerza el uso de la bicicleta y de los patinetes eléctricos que han venido para quedarse. De la misma forma, la demanda de ciudades más ecológicas que avancen hacia la descarbonización y reduzcan con fuerza el uso de medios contaminantes, para implantar más zonas verdes y paseables para los ciudadanos también se ha abierto paso, como cambios irreversibles en barrios de distintos continentes.

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