La generación del elefante

Hubo un tiempo en España en el que el elefante era sinónimo de pobreza y austeridad, tomando cuerpo en una conocida marca de papel higiénico tan extendida en los hogares como áspero y rasposo eran sus hojas. Aunque durante muchos años fue un producto muy popular en los aseos de nuestras humildes viviendas, hoy en día nos preguntamos cómo pudimos utilizar algo que no se caracterizaba por sus cualidades de limpieza y comodidad, precisamente. Sin embargo, para varias generaciones del tardofranquismo que conocimos y utilizamos el elefante, era un elemento de prosperidad en una España que se encontraba a gran distancia de los países de nuestro entorno.

Afortunadamente, los tiempos del elefante pasaron y hoy nos aprovisionamos de sofisticados papeles higiénicos de doble capa satinados, con diferentes grados de suavidad y hasta perfumados.

Pero en los últimos años, otro elefante se ha hecho muy popular en todo el mundo de la mano de uno de los más importantes investigadores mundiales sobre desigualdad. Me refiero al llamado “elefante de Milanovic”, que nada tiene que ver con el paquidermo que se hizo popular en la España del franquismo desarrollista.

Branko Milanovic es un prestigioso economista serbio-estadounidense que hizo su tesis doctoral sobre desigualdad en Yugoslavia en la Universidad de Belgrado. Posteriormente, se trasladó a Estados Unidos, donde se formó en diferentes universidades y comenzó a trabajar para el Banco Mundial en temas de pobreza y desigualdad, hasta el punto que junto con Thomas Piketty, se ha convertido en uno de los mayores especialistas mundiales en estos asuntos. Tras dejar el Banco, escribió un libro en el año 2016 titulado “Desigualdad global: una nueva aproximación en la era de la globalización”, en el que recogía un importante estudio contenido en una gráfica, con forma de elefante, que ha sido bautizada como “el elefante de Milanovic”, siendo una referencia mundial en los estudios sobre desigualdad en universidades de todo el mundo.

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Nuevas pobrezas y desigualdades

Son tantos los frentes abiertos por esta pandemia y tantos los daños en la salud y la vidade las personas que tardaremos en tomar conciencia de la devastación completa causada por el maldito covid-19. Y aunque gobiernos e instituciones se están volcando en frenar su impacto, desplegando medidas nunca antes vistas, a estas alturas sabemos que la sociedad va a sufrir heridas muy profundas que tardarán en curar. Los altos índices de pobreza y una desigualdad insoportable de los que muchos veníamos hablando desde hace años tienen también mucho que ver con el impacto del coronavirus, dando paso a nuevas pobrezas y desigualdades, mucho más amplias, extensas y profundas que van a plantear desafíos gigantescos en el futuro.

Los años de dura crisis que se vivieron en España durante la década de Gran Recesión dañaron de una manera especial a la población más vulnerable, haciendo más intensa y extensa la pobreza. Con datos del INE, si en 2008 el 24% de los habitantes tenían alto riesgo de pobreza y exclusión social (tasa AROPE armonizada a nivel europeo), en 2018 esta cifra había subido hasta el 26,1%, aumentando así en 1,2 millones el ejército de personas que, con nombres y apellidos, cargas familiares y proyectos de vida tienen que dedicar su tiempo a sobrevivir. Es lo que en términos técnicos se denomina privación material severa. Y así avanzaba la sociedad española antes de que estallara esta endiablada pandemia, con su formidable capacidad de generar daño. Me temo que esa frase prefabricada, tan vacía como repetida actualmente, que dice ”no dejar a nadie atrás” no es posible cuando hay personas que nacen, viven y permanecen en la cuneta a lo largo de toda su existencia.

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Los ladridos de la concejala de Servicios Sociales de Alicante

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Cualquiera que haya tenido un perro sabe, de sobra, lo buenos que son. Leales, entregados, cariñosos, siempre pendientes de las personas con las que conviven, agradecidos con los juegos y caricias que les damos. Ojalá muchas personas fueran capaces de desarrollar muchas de las cualidades que tienen los perretes. Además, convivir y disfrutar de la compañía de un perro lleva a una comunión muy particular con ellos, saben cual es tu estado de ánimo, mientras se aprende a conocer el significado de sus gruñidos y ladridos. Hay ladridos de alegría, para llamar la atención, de protección.

Afortunadamente, hemos avanzado tanto en el respeto y el amor a los animales que, aunque dolorosos, son minoritarios quienes los maltratan o utilizan de manera vejatoria. Malas personas con muy malas entrañas, sin duda. Por eso, resulta sorprendente que toda una concejala de Acción Social y Familia, Educación y Sanidad de una capital como Alicante, Julia María Llopis, del PP, insulte a las personas, organizaciones y colectivos vecinales que están trabajando en el reparto de comida en la Zona Norte de la ciudad para las miles de personas sacudidas por la crisis del coronavirus. A esos ciudadanos, que merecen un homenaje público, la edil les acusa de ladrar.

Es verdad que en esta ciudad hemos visto de todo en su Ayuntamiento, pero asistir al espectáculo de una concejala de políticas sociales y educación, que insulta, descalifica y menosprecia a las decenas de personas que se han tenido que arremangar para dar de comer a las familias abandonadas por el gobierno municipal, que de un día para otro han perdido incluso los recursos para poder alimentarse, resulta lamentable, despreciable y verdaderamente indigno.

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Obscena desigualdad

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Sobre pocas cosas hay tanta unanimidad hoy en día como en la gravedad de los profundos niveles de desigualdad que se han alcanzado, el síntoma de la enfermedad de un sistema económico capaz de generar los procesos de acumulación de riqueza más formidables de la historia que amenazan la estabilidad mundial. Es algo en lo que coinciden desde el Papa Francisco al Fondo Monetario Internacional, pasando por instituciones multilaterales, universidades y centros de investigación de todo el planeta.

En nuestro país esta desigualdad es sorprendentemente alta en el conjunto de la UE, tanto si se comparan ingresos o renta mediante el coeficiente de Gini que lo mide, con una particularidad: España es el país de la OCDE donde más ha avanzado la desigualdad, pero también donde más se ha ampliado la pobreza, un coctel explosivoque todas las estadísticas, estudios y centros de investigación destacan. Y es que la desigualdad en el reparto de los recursos económicos también se corresponde con disparidad en la participación pública y en el acceso a servicios básicos como sanidad y educación, siendo una característica estructural de nuestro modelo social. La larga etapa de expansión económica previa a la Gran Recesión de 2008 amplió la brecha entre las rentas del capital y las rentas del trabajo en la sociedad española, entre empresarios y trabajadores, sentando las bases de un país cada vez más divergente. Posteriormente, el estallido de la crisis y sus devastadores efectos han tenido un impacto particularmente dañino sobre los trabajadores que, en España, tienen salarios de los más bajos de Europa junto a condiciones laborales particularmente vulnerables.

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Oligarquías digitales

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Los gobiernos que concentran el poder en un pequeño grupo de personas se denominan oligarquías, caracterizándose por controlar el conjunto de las políticas del Estado a favor de sus intereses. Para ello, monopolizan la economía, desplegando un amplio dominio sobre el poder político, al tiempo que ejercen una concentración progresiva de los recursos a su servicio. El resultado es un acaparamiento de la economía en beneficio de estos oligarcas, generando una desigualdad creciente en el reparto y acceso a los recursos, causando procesos de acumulación de riqueza, de renta y poder a costa de aumentar los sectores empobrecidos. El resultado es el debilitamiento de los sistemas democráticos, aumentando la injusticia y la impunidad.

En un mundo cada vez más dislocado por las profundas desigualdades que están dañando las bases de la convivencia, se abre paso con fuerza una nueva forma de concentración de poder, de riqueza y de control nunca antes visto, de la mano de las grandes corporaciones y monopolios digitales. Hasta el punto que se está produciendo una reconfiguración silenciosa de la economía y también del poder político en todos los países, de la mano de poderosas empresas tecnológicas especializadas en uno de los productos más valiosos en estos momentos: los datos personales.

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Territorios de desigualdad

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En el marco del proyecto europeo Urban Audit, desde finales de los años 90, la Comisión Europea, en colaboración con la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), viene recopilando información estadística sobre indicadores urbanos para conocer la calidad de vida de sus principales ciudades. En España, esta recogida y sistematización de datos corresponde el Instituto Nacional de Estadística (INE), a través de 171 variables y 62 indicadores distintos, comunes a 900 municipios de los que se extrae esta amplia información.

Entre las numerosas variables que se analizan se encuentran las de carácter económico, incluyendo tasas de desempleo, así como rentas medias anuales de hogares, por habitante o por unidades de consumo, entre otras, siendo habitualmente las que tienen mayor difusión en los medios de comunicación. Así, se ha venido destacando cómo los municipios con las mayores rentas per cápita de toda España en el año 2016 se situaban en la zona noroeste de Madrid, multiplicando por cuatro a los que tenían una menor renta por habitante y año, todos ellos en Andalucía. En el mismo sentido, también los menores niveles de paro se situaban, básicamente, en los mismos municipios con mayores niveles de renta, con tasas inferiores al 10%, mientras que los municipios con menor renta por habitante son los que concentran también las mayores tasas de desempleo, que en muchos casos superan el 26%, hasta alcanzar el máximo del 32,8%, un lamentable récord que encabeza el municipio jiennense de Linares.

Nacer y vivir en una u otra ciudad determina, de esta forma, no solo las condiciones de vida y las oportunidades que una persona tendrá a lo largo de su vida, sino que marcará de manera decisiva sus opciones vitales, desde su nacimiento hasta su muerte. Es algo que se comprueba, de manera espectacular, al comparar la esperanza de vida que tienen los habitantes de las ciudades más ricas de España y con menor desempleo de la zona noroeste de Madrid, que superan los 85 años, frente a la que tienen quienes viven en los municipios con menores niveles de renta y con mayor desempleo, todos ellos en Andalucía, en torno a los 80 años. De esta forma, una mayor o menor disponibilidad de recursos, en las personas y en los municipios, marcará la vida, la calidad de vida y hasta la duración de esa vida en cada una de las personas, construyendo así una geografía de la desigualdad en España que estos indicadores urbanos muestran de manera contundente.

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Anatomía política de una desigualdad sin futuro

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Si el crecimiento económico es la respuesta, hace tiempo entonces que la pregunta está mal formulada. Porque cuanto más insisten en decirnos que nuestra economía crece y la recuperación económica es un hecho, más cuenta nos damos de la cantidad de personas que se están quedando en la cuneta en este país.

Naturalmente que debemos alegrarnos de que la actividad económica recupere su vitalidad, pero de nada servirá un crecimiento sin redistribución, sin taponar la gigantesca brecha que la Gran Recesión ha abierto en una España que arrastraba importantes niveles de pobreza y desigualdad que la crisis ha arrojado al océano de la indiferencia. Porque para este Gobierno, los damnificados por la crisis ya no importan si nuestra economía crece.

Pero por mucho que nuestros gobernantes se empeñen en maquillar cifras, en utilizar de manera interesada las estadísticas o en ocultar aquellos indicadores desfavorables, el retrato que ofrece España en estos momentos no puede ocultar los altos niveles de pobreza y desigualdad alcanzados, que son de los mayores de la UE-28, una pobreza sin apellidos, porque todas las pobrezas son preocupantes.

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La era de la desigualdad

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El fenómeno de la desigualdad ocupa un espacio cada vez mayor en los discursos políticos, en los trabajos académicos y en las preocupaciones de numerosas instituciones nacionales e internacionales. El magnífico libro del economista francés Thomás Piketty tuvo la capacidad de poner el foco en un tema que no había merecido hasta entonces la atención requerida, sumando al estudio de la desigualdad, además de a sociólogos y economistas, a psicólogos, politólogos, filósofos, geógrafos, arqueólogos e incluso físicos, que con distintas perspectivas están desvelando la importancia de las causas, consecuencias y alcance de uno de los fenómenos contemporáneos más importantes. De hecho, en estos momentos en el buscador académico Scholar Google se pueden encontrar más de 3.100.000 referencias internacionales en inglés sobre desigualdad, junto a otras 421.000 en español.

Pero a medida que el concepto de desigualdad se generaliza entre responsables políticos, institucionales y de organizaciones sociales, la retórica hueca y las imprecisiones, cuando no las confusiones, aparecen mezcladas, alimentando con ello una peligrosa demagogia populista que poco ayuda a intervenir sobre un problema tan complejo. Con frecuencia, muchos no tienen claro el significado e impacto de la desigualdad, mezclando la desigualdad económica, de renta o patrimonial. Además, se habla de pobreza y desigualdad como si fueran conceptos idénticos, cuando hay países ricos con sociedades profundamente desiguales, como sucede en Estados Unidos, por ejemplo, exigiendo estrategias diferenciadas de intervención en cada caso. De hecho, escuchamos con cierta frecuencia a personas que utilizan, como si fueran conceptos idénticos, procesos nítidamente distintos como son la desigualdad, la pobreza, la injusticia, la iniquidad, la discriminación, la redistribución, la exclusión o la vulnerabilidad.

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Durmiendo entre cartones

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Hace poco que la luz de la mañana ha estrenado el día, y aunque el relente del amanecer llega hasta los huesos, no es eso lo que le ha sobresaltado en su improvisada cama de mantas, cartones y bolsas, sino escuchar su nombre. Tiempo atrás, cuando las cosas le empezaron a ir mal y acabó en la calle, decidió dejar de utilizar su nombre, Pedro, como si así pudiera borrar su antigua vida para pasar a llamarse “barbas”, un apelativo mucho más acorde con su nueva apariencia física ya que en contadas ocasiones podía asearse y afeitarse, por lo que su larga barba canosa le distinguía del resto de compañeros de la calle. Por ello, escuchar esa mañana con voz firme el nombre de Pedro le hizo recordar que tenía un nombre, una vida y hasta un pasado feliz, con mujer, trabajo e hijos, a los que la perra vida apartó de su lado.

Pedro, es decir “el barbas”, era una persona normal, hasta rutinaria. Entró bien pronto a trabajar en una carpintería en Madrid donde aprendió el oficio, convirtiéndose enseguida en un buen especialista. La seguridad de tener un trabajo estable con un buen sueldo llevó a Pedro a casarse con Puri, su novia de siempre, y pronto llegaron dos hijas con apenas dos años de diferencia. La casa, el coche, las vacaciones en Torrevieja y los partidos en el Calderón los domingos formaban parte de una vida que parecía estable, hasta que todo empezó a torcerse. Primero fue el golpe de una viga de madera en el taller que le rompió la mano, teniendo que coger por primera vez en su vida una baja laboral de varios meses, regresando al trabajo con fuertes dolores en la mano que nunca le han desaparecido, junto a dificultades para desarrollar la pericia que tenía. De manera que su jefe estaba cada vez más contrariado al no poderle encargar las mismas tareas que antes, y en cuanto llegó la crisis y los pedidos descendieron en picado, la empresa se deshizo de él por cuatro perras, aprovechando una de las dolorosas reformas laborales aprobadas. A su edad y en medio de una crisis devastadora que había llenado las plazas de su barrio de gente parada, Pedro comenzó a beber para poder soportar los días vacíos, pero su afición a la bebida pronto rompió su matrimonio, empezando a deambular por las calles, los comedores sociales y los albergues. Hace meses que unos compañeros le dijeron que en Alicante el tiempo es más generoso y la presencia de turistas durante todo el año aumenta las posibilidades de conseguir algunas monedas, por lo que ahora “el barbas” es uno de los transeúntes que deambulan y duermen en las calles de nuestra ciudad.

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Repensar la desigualdad

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Artículo publicado en el diario Información de Alicante y Levante, el domingo 24 de julio de 2016. (Pinchar aquí para ver enlace original)

El problema de la desigualdad que centra las preocupaciones de importantes organismos internacionales, agencias de desarrollo y universidades en todo el mundo en los últimos años no es ni mucho menos nuevo. Naciones Unidas, a través de su Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), viene realizando informes específicos sobre desigualdad en diferentes regiones, cambiando así su enfoque tradicional sobre la pobreza, al igual que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que han incorporando esta variable en sus trabajos económicos. Al mismo tiempo, algunos de los mejores académicos mundiales han publicado obras sobresalientes que llaman la atención sobre la importancia del fenómeno de la desigualdad, entre los que destacan autores como Piketty, Stiglitz, Krugman, Sachs, Atkinson, Sen, Wilkinson y Pickett. También en importantes universidades se han creado unidades de investigación aplicada dedicadas específicamente a los fenómenos de la pobreza y la desigualdad, como el “Laboratorio de acción contra la pobreza”, J-Pal, que dirige Esther Duflo en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que ha sido premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales.

En España, aunque con más modestia, también se viene trabajando sobre este problema, destacando los magníficos informes realizados por diferentes instituciones, entre los que sobresalen los elaborados por la Fundación Foessa para Cáritas desde hace años, junto al trabajo de académicos como Vicenç Navarro, Antón Costas, Víctor Renes o Joaquín Arriola. Recientemente, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, uno de los mayores think tank del pensamiento económico en España, se ha incorporado a este debate, promoviendo seminarios y estudios entre los que destaca el que ha publicado el profesor Luis Ayala, el mayor especialista en España en medición y cuantificación de la desigualdad, quien precisamente viene aportando sus investigaciones a los estudios publicados por Foessa desde hace años.

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