Los ladridos de la concejala de Servicios Sociales de Alicante

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Cualquiera que haya tenido un perro sabe, de sobra, lo buenos que son. Leales, entregados, cariñosos, siempre pendientes de las personas con las que conviven, agradecidos con los juegos y caricias que les damos. Ojalá muchas personas fueran capaces de desarrollar muchas de las cualidades que tienen los perretes. Además, convivir y disfrutar de la compañía de un perro lleva a una comunión muy particular con ellos, saben cual es tu estado de ánimo, mientras se aprende a conocer el significado de sus gruñidos y ladridos. Hay ladridos de alegría, para llamar la atención, de protección.

Afortunadamente, hemos avanzado tanto en el respeto y el amor a los animales que, aunque dolorosos, son minoritarios quienes los maltratan o utilizan de manera vejatoria. Malas personas con muy malas entrañas, sin duda. Por eso, resulta sorprendente que toda una concejala de Acción Social y Familia, Educación y Sanidad de una capital como Alicante, Julia María Llopis, del PP, insulte a las personas, organizaciones y colectivos vecinales que están trabajando en el reparto de comida en la Zona Norte de la ciudad para las miles de personas sacudidas por la crisis del coronavirus. A esos ciudadanos, que merecen un homenaje público, la edil les acusa de ladrar.

Es verdad que en esta ciudad hemos visto de todo en su Ayuntamiento, pero asistir al espectáculo de una concejala de políticas sociales y educación, que insulta, descalifica y menosprecia a las decenas de personas que se han tenido que arremangar para dar de comer a las familias abandonadas por el gobierno municipal, que de un día para otro han perdido incluso los recursos para poder alimentarse, resulta lamentable, despreciable y verdaderamente indigno.

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El barrio de San Antón como metáfora

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Con relativa frecuencia se menciona la ausencia de un modelo de ciudad como uno de los principales motivos del proceso de deterioro imparable que vive Alicante, algo equivocado. Quienes lo afirman deben pensar que las urbes son como las magdalenas, que crecen en función de los moldes que tengan, cuando en realidad, lo que viene fallando es un buen modelo de gobierno municipal para evitar que Alicante y sus barrios permanezcan como un barco a la deriva y sin rumbo, abandonados a su suerte.

Ese buen modelo de gobierno del que Alicante carece tendría que haber recuperado, hace tiempo, la ciudad como un espacio de derechos: a la vida de calidad para sus vecinos, al cuidado de los barrios y los espacios públicos, a la convivencia, a la vivienda, a la identidad, al respeto del patrimonio urbano, a la participación real, a la regeneración urbana, a la cohesión social y a la convivencia, entre otros muchos.

Por el contrario, el abandono visible que viven buena parte de los 42 barrios y partidas rurales en Alicante evidencia una falta de proyecto político global sobre la ciudad, dejando así que se ensanche una brecha cada vez mayor entre unos barrios y otros. En muchos de ellos el deterioro urbano es imparable, la falta de cohesión social manifiesta, la degradación en su parque de viviendas y en sus escasos espacios públicos insoportable, viviendo actuaciones de carácter marginal que los convierten en territorios en declive, a pesar de tener unas condiciones magníficas para disfrutar de una buena calidad de vida.

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La ruta migratoria entre Argelia y Alicante

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Cuando el domingo 16 de septiembre de 2007, Ahmed y sus cinco acompañantes de la patera en la que navegaron por la noche desembarcaron en las costas alicantinas no sabían que estaban inaugurando las migraciones irregulares entre Argelia y esta provincia a través del Mediterráneo. Tras esta primera embarcación, a lo largo de ese año, llegaron hasta nuestras costas otras nueve pateras más que trajeron a un total de 123 inmigrantes, todos ellos argelinos, en travesías que apuntaban a la participación de buques nodriza, una sospecha que se mantiene hasta hoy en día, como bien saben las autoridades marítimas y las fuerzas de seguridad.

Ya desde el primer momento, los responsables, a nivel estatal y autonómico, se empeñaron en demostrar dos cosas: un profundo desconocimiento de los procesos migratorios que alimentaban estas llegadas, junto a una utilización partidista absolutamente miserable de las migraciones en la confrontación política. Como testimonio de lo primero, la entonces secretaria de Estado de Inmigración, ConsueloRumí, calificó de “anecdótica” la llegada de esta primera patera. Desde entonces, los hechos han demostrado su error, ya que hasta la fecha, todos los años han desembarcado en mayor o menor medida pateras en Alicante, totalizando 231 embarcaciones que han traído a cerca de 1.400 personas, fundamentalmente argelinos. Pero lo más llamativo fueron las declaraciones incendiarias que ante la llegada de la primera patera hasta Alicante hizo, por entonces, la Generalitat Valenciana, presidida por el PP, por boca del inefable Rafael Blasco, quien afirmó, sin despeinarse, que “todo era culpa de Zapatero”. El profundo daño que durante años Blasco hizo a esta Comunidad fue más allá de lo recogido en los diferentes sumarios judiciales que ha protagonizado.

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La maldición de Alicante

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A estas alturas, resulta difícil comprender los motivos por los que seguimos, una y otra vez, erosionando las capacidades y potencialidades de Alicante, una ciudad y una provincia con unas condiciones magníficas que, desde hace demasiado tiempo, no paramos de maltratar. Sin aprender del pasado, como si viviéramos en un continuo día de la marmota, vemos una y otra vez decisiones y errores que se han repetido con anterioridad, de los que nadie parece ser responsable pero que todos lamentamos después. En Alicante, nadie parece asumir las decisiones dañinas, pero todos tenemos que afrontar las consecuencias futuras.

La última barbaridad que se está perpetrando en esta ciudad, en tiempo real y a los ojos de todos, es el adefesio que se está levantando, a quemarropa, en la plaza del Puerto, donde están construyendo una nueva oficina de turismo bajo la dirección de la Agencia Valenciana de Turismo de la Generalitat Valenciana, por un importe cercano a 700.000 euros. Bien es cierto que el proyecto, conocido y aprobado también por el Ayuntamiento de Alicante, se cederá posteriormente durante cuatro años al consistorio, quien se encargará de la gestión, mantenimiento y dotación de personal a lo largo de ese tiempo.

Cualquiera que vea la estructura de hierro de varias plantas que estos días se ha levantado en el lugar que ocupaba anteriormente un tiovivo que fue retirado, se dará cuenta del daño y la agresión urbana que supone. El artefacto se atraviesa delante de uno de los edificios más espléndidos que tiene la ciudad, la Casa Carbonell, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y una de las imágenes que nuestros visitantes captan en sus fotografías, en el inicio de la Explana que nace bajo sus pies, al tiempo que se interpone ante el verdadero icono de la ciudad, como es el Castillo de Santa Bárbara, que también tiene la declaración de BIC, cuya visión ahora se interrumpe desde algunos lugares del Puerto al tener este nuevo mamotreto por delante. Vayan a verlo y comprueben, de primera mano, el daño al paisaje visual de la zona, como bien están empezando a denunciar en las redes sociales diferentes vecinos.

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Gentrificación y cambios urbanos: el caso de Alicante

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El fenómeno de la gentrificación viene ocupando debates, análisis y reflexiones desde hace tiempo en todos aquellos preocupados por las ciudades.

El concepto de gentrificación surge en el año 1963 de la mano de la socióloga Ruth Glass, en un estudio sobre las transformaciones socioespaciales que experimentaban algunos barrios londinenses. Por vez primera, empleó en esta investigación el término al hablar de “gentry”, la pequeña nobleza rural británica que se trasladaba al centro de Londres, desplazando así a los habitantes tradicionales de clase obrera, al tiempo que rehabilitaban los edificios y viviendas degradadas que éstos ocupaban anteriormente. Desde entonces, la gentrificación se utiliza para definir los procesos urbanos mediante los cuales se produce un reemplazo progresivo de la población original de un barrio o zona céntrica deteriorada y abandonada, ocupada por población de bajo poder adquisitivo, que es sustituida por otra con mayores recursos tras la revalorización de la zona mediante la rehabilitación de las viviendas y la recualificación de los barrios, generalmente por medio de procesos especulativos.

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Refugiados: propuestas tras el fracaso

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A dieciséis días de que finalice el plazo que Europa se dio para dar respuesta a la mal llamada crisis de los refugiados, que alcanzó su máxima intensidad hace dos años y que desembocó en el solemne acuerdo del Consejo Europeo sobre Migración suscrito en septiembre de 2015 por todos los presidentes de países europeos, para acoger la exigua cifra de 160.000 personas en dos años, en régimen de reubicación y reasentamiento, podemos ya hablar de deliberado incumplimiento de este compromiso. Y con ello, un descalabro que ha certificado la indolencia sobre refugiados y migrantes forzosos como consecuencia del incumplimiento de las obligaciones jurídicas derivadas del derecho internacional en materia de asilo y refugio. Y al Gobierno español le corresponde una parte de ese incumplimiento, en la medida en que de los 17.337 asignados, únicamente ha acogido a un 11% de ellos, 1.887 refugiados en los dos años en los que el acuerdo ha estado en vigor.

Más allá de insistir en el significado de este grave fracaso político que contribuye a debilitar la credibilidad del proyecto europeo ante sus ciudadanos y ante el mundo en unos momentos particularmente críticos, dañando los principios y valores fundamentales que alimentaron la creación de la Unión Europea y erosionando las obligaciones jurídicas y éticas de Europa en materia de solidaridad y derecho internacional, es importante que tratemos de reflexionar para reforzar nuestra capacidad de respuesta ante tragedias humanitarias como las que seguimos viviendo y sin duda se repetirán.

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Mi despedida de Radio Alicante

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Hace tiempo que comprendí la importancia de la gratitud. Es algo cada vez más esquivo, que a demasiados les cuesta practicar, a pesar de ser tan reconfortante y por si fuera poco, gratuito.

Los directivos de Radio Alicante / Cadena Ser han decido eliminar todas las columnas de opinión de la edición local del programa “Hoy por hoy”, entre ellas la mía, que llevaba cerca de diez años ininterrumpidos en antena todas las semanas. Los dirigentes de los medios de comunicación son muy libres de gestionar sus contenidos y, por tanto, nada que añadir. Es evidente que si estas columnas de opinión se eliminan es porque no gustaban, incomodaban o como eufemísticamente se le quiera llamar.

Mi colaboración en Radio Alicante se remonta a casi veinte años atrás, siempre desinteresada, esforzada y comprometida. A ello se suman otros cinco años de colaborador en las tertulias de la tarde de La Ventana Comunidad Valenciana. Ejercer la opinión libre, crítica y comprometida no es algo bien entendido por muchos y puedo decir que a lo largo de estos años ha habido muchísimas satisfacciones, aunque también momentos descorazonadores, episodios duros en los que muchos callaban lo que muy pocos decíamos en público aún a riesgo de descalificaciones y rechazos. Pero eso forma parte del compromiso personal que algunos hemos asumido libremente.

La decisión de eliminar estas columnas de opinión semanales se toma de forma un tanto cuartelera, sin darnos siquiera la oportunidad de despedirnos de nuestros oyentes, de muchos de los cuales hemos recibido tanto cariño a lo largo de todos estos años. Y como uno trata de ser educado y agradecido, aunque no le dejen hacerlo en la emisora en la que colaboraba desde hace cerca de dos décadas, lo hago por esta vía y dejando constancia de ello.
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Durmiendo entre cartones

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Hace poco que la luz de la mañana ha estrenado el día, y aunque el relente del amanecer llega hasta los huesos, no es eso lo que le ha sobresaltado en su improvisada cama de mantas, cartones y bolsas, sino escuchar su nombre. Tiempo atrás, cuando las cosas le empezaron a ir mal y acabó en la calle, decidió dejar de utilizar su nombre, Pedro, como si así pudiera borrar su antigua vida para pasar a llamarse “barbas”, un apelativo mucho más acorde con su nueva apariencia física ya que en contadas ocasiones podía asearse y afeitarse, por lo que su larga barba canosa le distinguía del resto de compañeros de la calle. Por ello, escuchar esa mañana con voz firme el nombre de Pedro le hizo recordar que tenía un nombre, una vida y hasta un pasado feliz, con mujer, trabajo e hijos, a los que la perra vida apartó de su lado.

Pedro, es decir “el barbas”, era una persona normal, hasta rutinaria. Entró bien pronto a trabajar en una carpintería en Madrid donde aprendió el oficio, convirtiéndose enseguida en un buen especialista. La seguridad de tener un trabajo estable con un buen sueldo llevó a Pedro a casarse con Puri, su novia de siempre, y pronto llegaron dos hijas con apenas dos años de diferencia. La casa, el coche, las vacaciones en Torrevieja y los partidos en el Calderón los domingos formaban parte de una vida que parecía estable, hasta que todo empezó a torcerse. Primero fue el golpe de una viga de madera en el taller que le rompió la mano, teniendo que coger por primera vez en su vida una baja laboral de varios meses, regresando al trabajo con fuertes dolores en la mano que nunca le han desaparecido, junto a dificultades para desarrollar la pericia que tenía. De manera que su jefe estaba cada vez más contrariado al no poderle encargar las mismas tareas que antes, y en cuanto llegó la crisis y los pedidos descendieron en picado, la empresa se deshizo de él por cuatro perras, aprovechando una de las dolorosas reformas laborales aprobadas. A su edad y en medio de una crisis devastadora que había llenado las plazas de su barrio de gente parada, Pedro comenzó a beber para poder soportar los días vacíos, pero su afición a la bebida pronto rompió su matrimonio, empezando a deambular por las calles, los comedores sociales y los albergues. Hace meses que unos compañeros le dijeron que en Alicante el tiempo es más generoso y la presencia de turistas durante todo el año aumenta las posibilidades de conseguir algunas monedas, por lo que ahora “el barbas” es uno de los transeúntes que deambulan y duermen en las calles de nuestra ciudad.

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Diez claves para un año electoral insólito

De cara al año 2015, que se acaba de iniciar, desde la redacción de El Mundo en Alicante, el periodista Héctor Fernández ha querido explorar algunas de las claves políticas en un año marcado por las elecciones autonómicas y municipales del próximo me de mayo y por los cambios que estudios, encuestas y sondeos pronostican. Para ello, se ha elaborado un cuestionario que ha sometido a tres sociólogos y politólogos, entre los cuales me encuentro, siendo publicado el domingo día 3 de enero. Me ha parecido de interés recoger este trabajo en la medida que siempre supone una reflexión de calado sobre acontecimientos que van a tener una gran relevancia en nuestras vida.

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Una dimisión con numerosos interrogantes

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El martes, 23 de diciembre, la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, difundió públicamente su dimisión en coincidencia con su cumpleaños utilizando para ello la red social Facebook, debido a sus imputaciones judiciales por corrupción en los casos Rabassa y Brugal. Tras realizar una intervención en directo en la Radio Alicante, Cadena Ser, sobre la valoración de esta dimisión, se me pidió un artículo para el periódico Información de Alicante, que se publicó en este diario el miércoles, 24 de diciembre, y que a continuación se reproduce.

Quienes crean que la dimisión de Sonia Castedo cierra la etapa convulsa que atravesaba Alicante desde su doble imputación judicial por los casos Rabassa y Brugal, se equivocan. Basta con ver cómo se ha producido para llegar a la conclusión de que, en el fondo y la forma, Sonia ha sido quien ha decidido los tiempos y el formato, al margen de otras consideraciones políticas o institucionales.

La alcaldesa Sonia Castedo ha decidido dimitir utilizando para ello la red social Facebook en coincidencia con su cumpleaños, remarcando así que es una decisión exclusivamente personal, un regalo que se hace a sí misma. Ciertamente la ciudad era un hervidero de rumores y posibles fechas para su dimisión, pero nadie dudaba de que la misma se produciría cuando Castedo quisiera, como así ha sido. Y lo ha hecho de la peor forma posible, mediante una red social ajena por completo a los procedimientos institucionales. La democracia es también respeto a las formas y en estos momentos de profunda devaluación de la política, la elección del formato elegido para comparecer ante la ciudadanía y presentar algo tan solemne como es su dimisión como alcaldesa, ni es casual ni accidental. Muy al contrario, evidencia que desde hace tiempo Sonia Castedo ha protagonizado una huída hacia adelante que le ha alejado de una percepción completa de una realidad que era incapaz de comprender. De la misma forma que no entendió que con sus imputaciones judiciales el tiempo jugaba en su contra, tampoco fue capaz de calibrar el desgaste y la erosión que para la ciudad tendría todo lo que se ha ido conociendo sobre dos sumarios que se han convertido en iconos mediáticos de la corrupción, y finalmente tampoco ha sido capaz de valorar que su particular manera de dimitir será una carga añadida a su ya polémica etapa de alcaldesa. Si la comparecencia plasmática de Rajoy ante los medios de comunicación se convirtió en símbolo de la falta de transparencia, la dimisión de Castedo en formato Facebook va a ser el colofón de una etapa de progresiva degradación institucional en el ayuntamiento y en la propia ciudad.

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