30 años de la Cooperación Valenciana

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Las celebraciones y aniversarios son siempre un buen momento para tomar conciencia del camino recorrido y valorar hacia donde nos dirigimos, además de compartir con las personas cercanas esos momentos. En la Comunidad Valenciana estamos en uno de ellos, ya que se cumplen los 30 años de trayectoria de la cooperación al desarrollo que desde la Generalitat, pero también desde otros muchos municipios, instituciones, organizaciones no gubernamentales, universidades y grupos de solidaridad se viene poniendo en marcha. Hablamos de una política sustantiva que hace realidad nuestro compromiso con problemas globales que nos afectan directamente y nuestra voluntad de trabajar para construir, para nosotros y nuestros hijos, un mundo mucho más justo, algo que día a día vemos como absolutamente imprescindible. 

El pasado viernes, en el Palau de la Generalitat con la presencia del President, Ximo Puig, de otras autoridades y por supuesto de una amplia representación política, del mundo de la solidaridad y de otras muchas instituciones, tuvo lugar un acto de conmemoración y reflexión de las tres décadas de cooperación valenciana que se cumplen ahora, en el que tuve el honor de intervenir. Todo ello, además, acompañado de un libro amplio que desde la Dirección General de Cooperación de la Generalitat se ha realizado, junto a una exposición fotográfica. En unos momentos en los que junto al negacionismo climático y de género, se está también defendiendo sin pudor alguno un negacionismo solidario por parte de una extrema derecha tan rampante como ignorante, bueno es que expliquemos, defendamos y reivindiquemos unos compromisos que forman parte importante de la agenda mundial y que nos comprometen, como país, como región y como sociedad, si queremos que la humanidad avance.

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25 años del 0,7%

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Se cumplen veinticinco años de las grandes movilizaciones que tuvieron lugar en toda España a favor del 0,7% del PNB de ayuda a los países empobrecidos, impulsando un movimiento insólito en el mundo por su fuerza, aunque sus resultados, con la perspectiva que dan estos años, no hayan sido los esperados.

Un cuarto de siglo es tiempo suficiente para realizar un pequeño análisis de lo que significó esta emblemática campaña para el conjunto de la sociedad, precisamente en unos momentos en que la política estatal de ayuda al desarrollo en España ha caído a mínimos históricos, tras la profunda involución protagonizada por losGobiernos del PP.

El 6 de abril de 1994 el entonces presidente de Ruanda, el general Juvenal Habyarimana, murió cuando su avión, a punto de aterrizar en el aeropuerto de la capital, Kigali, fue alcanzado por varios misiles. A continuación, los rebeldes del Frente Patriótico Ruandés (FPR) avanzaron sobre la capital, desencadenando uno de los más terribles genocidios conocidos en el siglo XX. Entre 800.000 y 1.000.000 de personas, mayoritariamente de etnia tutsi, fueron asesinadas de forma premeditada, en una acción planificada durante meses por fanáticos Hutus, con la complicidad de varios Gobiernos occidentales. El 75% de los tutsis fueron asesinados de manera cruel, al tiempo que la práctica totalidad de las mujeres de esta etnia que sobrevivieron al genocidio, fueron violadas. Todo ello originó una gigantesca catástrofe humanitaria provocada por millones de personas que huían de forma desesperada para escapar de una muerte segura, especialmente hacia improvisados campos de refugiados en Zaire, hoy República Democrática del Congo.

La dimensión de la tragedia y especialmente la rapidez con que se desarrolló, contaron con la pasividad de la comunidad internacional y de instituciones internacionales, que demostraron el escaso valor que otorgaban a la vida humana en algunas partes del planeta. Pero en esta ocasión, los medios de comunicación retransmitieron por vez primera y en tiempo real, informaciones que detallaban la dimensión del gigantesco drama que se estaba viviendo en la región de los Grandes Lagos. Ante nuestros ojos aparecían cientos de miles de personas cuyo único propósito a lo largo de toda su vida era sobrevivir, algo que significó un auténtico aldabonazo en muchas conciencias, llevando a numerosos ciudadanos de bien a preguntarse por las causas de tanto horror y la manera de paliar tanto sufrimiento humano. Se iniciaba un cambio trascendental en la opinión pública española, que empezaba a mostrarse a favor de la ayuda a los países pobres y la cooperación internacional.

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