Cambios en las remesas de los inmigrantes

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Uno de los motivos que empujan a numerosas personas a migrar, a desplazarse a otro lugar para emprender una vida distinta, consiste en la posibilidad de obtener ingresos suficientes que les permitan enviar recursos a sus familiares en sus países de origen. Son las llamadas remesas, que se transfieren a través de canales formales como bancos, oficinas de correos o compañías remesadoras especializadas, que al ser registradas en las balanzas de pagos nos ofrecen una valiosa información sobre su volumen y evolución. Bien es cierto que existen otros canales llamados informales que se utilizan para enviar dinero utilizando amigos o familiares que se desplazan a los diferentes países de procedencia de los inmigrantes, junto a otros sistemas mucho más sofisticados y herméticos, como la Hawala, utilizada en el mundo musulmán o el Chit, en el caso de China, de difícil cuantificación, aunque las autoridades mundiales tratan de conocer y limitar su uso.

Las remesas de los inmigrantes son, por tanto, recursos privados que pertenecen a estas personas, fruto de los ingresos que obtienen, decidiendo estos de manera personal su envío, de la misma manera que todos nosotros decidimos el empleo de nuestros recursos. Es importante no olvidar este aspecto porque no es infrecuente escuchar a personas que defienden que tenemos que decir a los inmigrantes a qué tienen que dedicar sus ingresos, un auténtico disparate. La importancia de las remesas reside en que desde hace tiempo, se han convertido en un factor de desarrollo de primer orden y uno de los flujos económicos mundiales más importantes que reciben los países empobrecidos, gozando de algunas ventajas y particularidades que les otorgan un valor económico y social muy especial.

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Crisis demográfica

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Si en algo nos hemos especializado en este país es en aparcar la resolución de muchos de los grandes desafíos que tenemos entre manos, transitando por el presente sin querer mirar de cara a un futuro que nos plantea demasiados interrogantes en muchos campos. Y uno de ellos es la crisis demográfica que España está atravesando, arrojando un buen número de retos sobre un presente incierto, pero proyectando problemas de un enorme calado sobre nuestro futuro.

La renovación demográfica de un país es un elemento esencial para rejuvenecer la población y su mercado de trabajo, al tiempo que impulsa una sociedad dinámica y activa que se moderniza generacionalmente. Con ello, se mantiene también la actividad económica y el dinamismo social, impulsándose la creatividad, al tiempo que se dispone de los trabajadores que la economía necesita, quienes aportarán ingresos al Estado y con sus cotizaciones, harán frente a las pensiones y gastos de las personas más envejecidas. Cuando todo ello se rompe, surgen desequilibrios en múltiples dimensiones, ya que la demografía funciona como un sistema de vasos comunicantes que se conecta con otras dimensiones vitales para la sociedad, justamente lo que está ocurriendo en España.

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