El colapso de los microcréditos en la cooperación al desarrollo

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Acabo de publicar mi último libro, “El colapso de los microcréditos en la cooperación al desarrollo”, publicado en la Editorial La Catarata, coeditado por el Instituto Universitario de Cooperación al Desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid (IUDC), el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) y la Universidad Internacional Tierra Ciudadana de París (UITC), una amplia investigación sobre el origen, evolución e impacto de las micrófinanzas en el mundo.

Durante décadas, los microcréditos se han presentado como uno de los dogmas más exitosos en la lucha contra la pobreza, repletos de bondades, éxitos y beneficios. Sin embargo, éstos no han cumplido las numerosas promesas que los organismos internacionales y ONG hicieron, hasta el punto que se puede afirmar que los microcréditos representan uno de los mayores fracasos en las políticas de cooperación al desarrollo, siendo utilizados en no pocas ocasiones de forma fraudulenta para impulsar políticas e intervenciones neoliberales radicalmente contrarias a los supuestos beneficios que con frecuencia se publicitan hacia sus destinatarios. De hecho, las microfinanzas viven en todo el mundo un proceso de cuestionamiento y desmoronamiento muy profundo, tanto por algunos sucesos de enorme gravedad que han alimentado, como por el resultado de investigaciones, evaluaciones y publicaciones de relevancia, prácticamente desconocidos en España. Este libro desarrolla los estudios que sobre esta materia he venido realizando, utilizando una amplia batería de documentos e investigaciones académicas de importancia. Se analizan los orígenes, la evolución, el auge y cuestionamiento de las microfinanzas en todo el mundo y su controvertido papel en España, examinando las razones de sus desmoronamiento así como los problemas y limitaciones más importantes de las microfinanzas.
Avanzo el prólogo del libro
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La austeridad mata

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Se llamaba Rosa, tenía 81 años y murió hace pocos días en Reus, en un incendio de su casa provocado por las velas con las que se iluminaba al tener cortada la luz por el impago de los recibos desde hacía varios meses. La empresa suministradora del servicio de electricidad, Gas Natural, acusa al ayuntamiento de no haberla comunicado la situación de vulnerabilidad de la anciana y el consistorio reprocha a la empresa el haber realizado una suspensión irregular del suministro eléctrico que impide la normativa catalana al no comunicarlo previamente a los servicios sociales municipales, requisito exigido por la Ley 24/2015 de medidas urgentes para afrontar la emergencia en el ámbito de la vivienda y la pobreza energética en Cataluña. Mientras tanto, el Gobierno de Rajoy ha estado trabajando con esfuerzo para ver en qué Comisión del Congreso de los Diputados colocaba al exministro del Interior Fernández Díaz para que pudiera cobrar algunos miles de euros más al mes, al tiempo que anunciaba que cumpliría a rajatabla el recorte de 5.500 millones de euros en los presupuestos para el próximo año. Es decir, lo habitual en un país y en unos gobernantes que hace tiempo han perdido el alma y viven de espaldas al sufrimiento de tantos.

Desde que estalló este disparate que llamamos crisis ha habido otras muchas Rosas a lo largo y ancho de todo el país, con otros nombres y el mismo final, que han muerto en otros incendios de sus viviendas provocados por braseros de carbón, sin recibir la atención médica y farmacéutica adecuada, ateridos de frío al carecer de calefacción, esperando tener una ayuda a la dependencia que nunca llegó, en alojamientos infames e insalubres, por suicidios ante la desesperación en la que se encontraban sus vidas. Y mientras todo esto sucedía, la Troika (el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea) no ha parado de pedir y exigir más recortes y ajustes sin importarles el avance de la pobreza, de la miseria y el sufrimiento entre la población al tiempo que nuestros gobiernos no han dejado de aplicar obedientemente estas recetas tan dañinas que numerosos economistas denominan “economía del fracaso”.

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