De crisis de refugiados a crisis europea

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La cumbre de alto nivel celebrada esta semana en Naciones Unidas sobre refugiados e inmigrantes ha servido de bien poco, repitiendo esa retórica hueca y esas frases vacías que se manosean una y otra vez hasta acabar por perder el alma y el sentido. Que hay que regular las migraciones y respetar a los refugiados estableciendo canales legales que respeten el derecho internacional; que las migraciones han sido siempre positivas desde el punto de vista social, cultural, económico y laboral, apoyando el desarrollo tanto en los países que los reciben como en los países de origen que se benefician de las remesas que mejoran el bienestar de sus familiares; que hay que garantizar migraciones seguras, ordenadas, regulares y responsables. Todo esto es algo sabido y estudiado, que se repitió prácticamente con las mismas palabras en la cumbre celebrada el año anterior también en Naciones Unidas y en otros muchos foros, cumbres y reuniones internacionales.

Mientras gobiernos y líderes mundiales pronuncian una y otra vez las mismas frases vacías de contenido, miles de inmigrantes y refugiados mueren ahogados en el Mediterráneo y en el mar de Andamán, o fallecen abandonados en manos de grupos criminales o por el hambre en el corredor centroamericano, el Sahel o el Cuerno de África. Otros muchos, con mejor suerte, se hacinan en campos de refugiados en países como Grecia, viviendo en condiciones que nos recuerdan a los campos de concentración. No es de extrañar que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, haya dicho esta misma semana que “el mundo es un lugar horrible en manos de gobiernos que cometen atrocidades”.

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Soria y el Banco Mundial

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Artículo publicado en el diario Información de Alicante el domingo, 11 de septiembre de 2016. (Pinchar aquí para ver enlace original)

El fiasco montado por el Gobierno de Mariano Rajoy con el fallido nombramiento de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial (BM) ha demostrado, negro sobre blanco, demasiadas realidades. Cuestiones como la utilización compulsiva de falsedades y engaños por un Gobierno que parece haberlas convertido en seña de identidad incluso estando en funciones; la nula importancia que el Ejecutivo da a la evasión fiscal y a la utilización de mecanismos para evitar el pago de impuestos por parte de dirigentes del PP; el empleo de los puestos de representación internacional como destino de altos cargos quemados por sus escándalos; la falta de respeto a una sociedad que soporta con dureza los efectos de una crisis y de unas políticas austericidas mientras asiste a esta especie de reparto del botín por parte del partido gobernante; sin olvidar la irresponsabilidad de colocar al frente de importantes instituciones internacionales a personas que han tenido actuaciones inmorales y poco éticas que han contado con el rechazo social por haber actuado contra los intereses de nuestra sociedad.

Es evidente que estas y otras muchas cuestiones no cuentan para un Gobierno que vive de espaldas a la calle y a sus responsabilidades institucionales, porque al mismo tiempo todo ello ha añadido descrédito al papel de España ante organismos multilaterales en los que tenemos una escasa representación y donde llevamos años bajo mínimos, desde la extraña renuncia anticipada de Rodrigo Rato al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Todo ello, cuando tanto el BM como el FMI, instituciones del llamado sistema de Bretton Woods (lugar donde tuvo lugar en el año 1944 la conferencia de Naciones Unidas que aprobó crear estos dos organismos para implantar en el mundo una nueva regulación del sistema monetario y del orden financiero, junto a la reconstrucción a llevar a cabo tras la Segunda Guerra Mundial), llevan años cuestionadas por las fallidas políticas que vienen aplicando así como por los escándalos protagonizados por sus dirigentes.

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Captando socios de ONG sin escrúpulos

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Todos les hemos visto en las calles de nuestras ciudades e incluso les hemos esquivado como buenamente hemos podido, con excusas apresuradas, acelerando el paso o mirando al suelo, tratando de evitar su petición de que nos paremos unos minutos para escucharles. Me refiero a los grupos de captadores de socios para ONG que periódicamente ocupan lugares estratégicos de nuestras calles, tratando de echar el lazo a los viandantes para conseguir sus objetivos.

Es cierto que en no pocas ocasiones la insistencia de su persecución a quienes pasan a su lado, su agobiante machaconería e incluso algunos de los argumentos y frases desafortunadas que lanzan, nos colocan en una posición incómoda. Hasta el punto que últimamente no dejo de ver artículos que describen de forma jocosa cómo librarte de estos grupos de captadores, sin caer en la cuenta de que todos ellos trabajan para engordar socios e ingresos en numerosas ONG y son víctimas de unas condiciones de trabajo abusivas e indignas que dicen muy poco de las organizaciones que los utilizan, o mejor dicho, de las agencias de marketing contratadas por las ONG que subarriendan sus servicios, como si aquellas entidades que las contratan creyeran que así no se manchan las manos utilizando a estos trabajadores de forma tan precaria como vulnerable. Incluso en Internet se pueden leer relatos que cuentan en primera persona y con particular crudeza las desagradables experiencias que muchos de los jóvenes que trabajan en estas ocupaciones han tenido, como la del alicantino Esteban Ordóñez, con el elocuente título de “El nada humanitario negocio de captar socios para ONG”. Les aconsejo que lo busquen y lo lean para darse cuenta de que estos jóvenes que con sus petos ocupan calles y plazas, personas con formación que no se resignan a vivir en un país sin empleo ni oportunidades, son víctimas de un sofisticado sistema de marketing que en nombre del humanitarismo y la solidaridad, les coloca a los pies de los caballos, al límite de la legalidad laboral, sin prácticamente derechos, pisoteando su dignidad como trabajadores.

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