
Cuando avanzamos hacia la recta final del plazo de quince años fijado por las Naciones Unidas y los 193 países que suscribieron la Agenda 2030 junto a los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), fijada en el año 2030, la profunda transformación del orden global tan precario que teníamos arroja un panorama sombrío sobre su cumplimiento. El avance del autoritarismo reaccionario, la inestabilidad global, junto a la quiebra del sistema multilateral proyectan un desorden generalizado que se suma a problemas imparables, como la crisis climática y la desigualdad mundial.
Por ello, no es casual que, según los últimos informes de las propias Naciones Unidas, solo están en vías de alcanzarse el 15 % de las 169 metas contenidas en los ODS, algo que en palabras de su secretario general, António Guterres, “puede convertirse en el epitafio de un mundo que podría haber sido”.
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