Recalibrando los ODS

Desde que en septiembre de 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara por unanimidad y con el respaldo de todos los mandatarios mundiales una ambiciosa propuesta compartida de paz y prosperidad bajo el nombre de Agenda 2030, recogida en los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), la propaganda y la fanfarria no han parado. A lo largo de estos cinco años de vigencia, la complejidad de estos acuerdos, su problemática arquitectura metodológica y las enormes dificultadespara su medición han quedado ahogadas por la publicidad hueca y las frases superficiales que, de la mano de campañas promocionales vacías, se han desplegado demanera indiscriminada.

​No es algo nuevo. Ya sucedió con sus antecesores, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en vigor desde el año 2000 hasta 2015. Quienes venimos trabajandoa fondo con estos complicados acuerdos internacionales sabemos que lo primero que hay que hacer es dedicar mucho tiempo y esfuerzo a conocerlos y comprenderlos, estudiando y analizando informes, documentos, estudios e investigaciones internacionales nada sencillos. Justo lo que no se hace. Es lo que me permitió elaborar el único informe de desempeño sobre los ODM que se hizo en España, por encargo del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, llevándome a mantener desde entonces esta línea de investigación de manera continuada.

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La generación del elefante

Hubo un tiempo en España en el que el elefante era sinónimo de pobreza y austeridad, tomando cuerpo en una conocida marca de papel higiénico tan extendida en los hogares como áspero y rasposo eran sus hojas. Aunque durante muchos años fue un producto muy popular en los aseos de nuestras humildes viviendas, hoy en día nos preguntamos cómo pudimos utilizar algo que no se caracterizaba por sus cualidades de limpieza y comodidad, precisamente. Sin embargo, para varias generaciones del tardofranquismo que conocimos y utilizamos el elefante, era un elemento de prosperidad en una España que se encontraba a gran distancia de los países de nuestro entorno.

Afortunadamente, los tiempos del elefante pasaron y hoy nos aprovisionamos de sofisticados papeles higiénicos de doble capa satinados, con diferentes grados de suavidad y hasta perfumados.

Pero en los últimos años, otro elefante se ha hecho muy popular en todo el mundo de la mano de uno de los más importantes investigadores mundiales sobre desigualdad. Me refiero al llamado “elefante de Milanovic”, que nada tiene que ver con el paquidermo que se hizo popular en la España del franquismo desarrollista.

Branko Milanovic es un prestigioso economista serbio-estadounidense que hizo su tesis doctoral sobre desigualdad en Yugoslavia en la Universidad de Belgrado. Posteriormente, se trasladó a Estados Unidos, donde se formó en diferentes universidades y comenzó a trabajar para el Banco Mundial en temas de pobreza y desigualdad, hasta el punto que junto con Thomas Piketty, se ha convertido en uno de los mayores especialistas mundiales en estos asuntos. Tras dejar el Banco, escribió un libro en el año 2016 titulado “Desigualdad global: una nueva aproximación en la era de la globalización”, en el que recogía un importante estudio contenido en una gráfica, con forma de elefante, que ha sido bautizada como “el elefante de Milanovic”, siendo una referencia mundial en los estudios sobre desigualdad en universidades de todo el mundo.

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Vecinos del Pla despreciados

He defendido en diferentes ocasiones que Alicante tiene unas condiciones magníficas para ser una ciudad envidiable con elevados niveles de bienestar, pudiendo avanzarhacia la equidad mediante la transición ecológica y social. Pero por motivos de distinta naturaleza, desde el Ayuntamiento no se han dado los pasos para ello, haciendo que la ciudad permanezca instalada en la deriva en la que se encuentra desde hace ya demasiado tiempo.

​En el mismo sentido, creo que el abandono y la degradación palpables en el municipio en demasiadas facetas no son el producto de un cálculo deliberado, porque no me cabe la menor duda de que sus concejales desean lo mejor para Alicante y sus funcionarios trabajan con este fin. Bien es cierto que hemos visto a no pocos ediles incapaces de actuar con arreglo a sus responsabilidades, al tiempo que también algunos funcionarios de peso han venido haciendo una clara dejación de sus obligaciones.

Son tantos los ejemplos que podemos encontrar de lo que decimos que basta con revisar los ejemplares de este diario en los últimos años para completar toda una enciclopedia. Y no me refiero, únicamente, a decisiones grandes e importantes, sino apequeños detalles y actuaciones que son las que hacen el día a día. Como se dice confrecuencia, el diablo está en los detalles y con ellos tenemos toneladas de ejemplos para arrojar sobre la plaza de nuestro ayuntamiento como escombros de la pasividad y del abandono por el que esta ciudad avanza.

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Barrios pobres con mayores contagios

Las epidemias no son democráticas porque quienes más las sufren y quienes más expuestos están a ellas son los pobres. Es un patrón que se repite a lo largo de todo el mundo, en el norte y en el sur, en países avanzados y en países empobrecidos. 

Se dirá que el virus no entiende de clases sociales y que también ha enfermado y causado la muerte a personas de una u otra condición, algo cierto. Pero desde que el virus se propagó por el planeta, se ha constatado cómo hay personas que han podido confinarse en sus casas, dotadas de amplios espacios y equipamientos, teletrabajando y reduciendo sus desplazamientos, echando mano de sus ahorros para cuidarse o acudiendo a la sanidad privada si lo necesitaban.

Por el contrario, en los barrios más humildes y en zonas más densamente pobladas, la gente vive en casas pequeñas, deterioradas o con malas condiciones higiénicas, con frecuencia en barrios degradados, sin zonas verdes ni equipamientos públicos, realizando trabajos muy precarios que les obligan a largos desplazamientos en transporte público, cuando no viven del paro, en la pobreza y en la vulnerabilidad extrema, sin recursos ni ahorros, preocupados por poder comer cada día y alimentar a la familia, con centros de salud y hospitales al borde del colapso.

Hasta el punto que, cuando ya nadie duda de que vivimos una segunda ola de la epidemia, su incidencia está siendo abrumadoramente mayor en los barrios más desfavorecidos, donde viven trabajadores pobres, inmigrantes y colectivos vulnerables, algo que se agudiza en aquellas ciudades donde la incidencia del virus es más preocupante, como podemos ver con claridad en Madrid. El covid-19 muestra así, de manera descarnada, los procesos de estratificación social al visibilizar la desigualdad tanprofunda que existe en nuestras ciudades. Y es que la pobreza y la desigualdad afectan, de manera fundamental, a la buena o mala salud de las personas, condicionando sus enfermedades y su calidad de vida.

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Nuevas pobrezas y desigualdades

Son tantos los frentes abiertos por esta pandemia y tantos los daños en la salud y la vidade las personas que tardaremos en tomar conciencia de la devastación completa causada por el maldito covid-19. Y aunque gobiernos e instituciones se están volcando en frenar su impacto, desplegando medidas nunca antes vistas, a estas alturas sabemos que la sociedad va a sufrir heridas muy profundas que tardarán en curar. Los altos índices de pobreza y una desigualdad insoportable de los que muchos veníamos hablando desde hace años tienen también mucho que ver con el impacto del coronavirus, dando paso a nuevas pobrezas y desigualdades, mucho más amplias, extensas y profundas que van a plantear desafíos gigantescos en el futuro.

Los años de dura crisis que se vivieron en España durante la década de Gran Recesión dañaron de una manera especial a la población más vulnerable, haciendo más intensa y extensa la pobreza. Con datos del INE, si en 2008 el 24% de los habitantes tenían alto riesgo de pobreza y exclusión social (tasa AROPE armonizada a nivel europeo), en 2018 esta cifra había subido hasta el 26,1%, aumentando así en 1,2 millones el ejército de personas que, con nombres y apellidos, cargas familiares y proyectos de vida tienen que dedicar su tiempo a sobrevivir. Es lo que en términos técnicos se denomina privación material severa. Y así avanzaba la sociedad española antes de que estallara esta endiablada pandemia, con su formidable capacidad de generar daño. Me temo que esa frase prefabricada, tan vacía como repetida actualmente, que dice ”no dejar a nadie atrás” no es posible cuando hay personas que nacen, viven y permanecen en la cuneta a lo largo de toda su existencia.

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La Agenda 2030 ante el coronavirus

No es casual que el informe de este año 2020 de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no haya contado, siquiera, con una nota de prensa mundial, algo insólito. Los ODS iban mal y la pandemia del covid-19 ha subrayado, con meridiana claridad, las enormes deficiencias y limitaciones de esta Agenda 2030. Hasta el punto que ya se está hablando en centros de investigación internacionales de otra nueva Agenda 2050 o incluso de ODS plus para ampliarsu contenido.

Y es que hablar de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a la vista de la catástrofe ocasionada por el coronavirus resulta ilusorio, ante una situación que ha demostrado, de un plumazo, que eran una mera declaración de principios sin anclaje con la realidad.

¿Qué validez tiene una Agenda que se presenta como fundamental, transformadora y universal, que es incapaz, ya no de anticipar, sino siquiera de mencionar la posibilidad de una pandemia producida por un virus, cuando en los últimos años se han vivido otras graves emergencias sanitarias globales que no han sido mencionadas en los ODS? Claroque no es sorprendente cuando la meta 3.8, referida a la cobertura sanitaria universalincluye “la protección contra los riesgos financieros”, en el mismo objetivo 3 que se propone alcanzar una vida sana para todos.

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Patrioterismo

Tan enfrascados como estamos en conocer el impacto causado por ese mal bicho llamado coronavirus, hemos pasado por alto cierta patología que parece crecer en los últimos tiempos. Sus síntomas más visibles son la utilización continua de un patriotismo de pacotilla que, como el perejil, utilizan en todo momento, un manoseo permanente de símbolos y valores colectivos de los que acaban por apropiarse, junto a una continuadescalificación hacia todos aquellos a los que no consideran como suficientemente patriotas, tal y como lo entienden ellos.

Y es que, como si de una epidemia se tratara, son cada vez más las personas que muestran este comportamiento que, en algunos casos, presenta síntomas enfermizos como agresividad, insultos, amenazas, racismo y xenofobia, actitudes autoritarias, rechazo hacia los pobres, lenguaje intimidatorio, añoranza del franquismo, negacionismo, propagación de bulos, admiración hacia regímenes fascistas, defensa de un machismo patriarcal, desprecio hacia los contrarios e incluso una apelación a la violencia que, en casos avanzados de la enfermedad, puede llevar a una exhibición pública de armas de fuego que, incluso, presumen de llevar consigo.

En estos últimos casos de portadores con una alta carga viral, se pueden producir delirios que llevan a llamar a los que no comparten su enfermedad de manera descalificatoria, utilizando palabras como socialcomunistas, independentistas, proetarras, bolivarianos, feminazis o venezolanos, entre otras. Incluso se han descrito cuadros agudos que han llegado a calificar a altas autoridades del Estado como “felones”, “traidores”, “ilegítimos”, “indignos” y “okupas”, utilizándose sedes oficiales como el Parlamento para proferir estos insultos.

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La conjura de los idiotas

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Naturalmente que esto del coronavirus es una gigantesca mentira de los socialcomunistas que quieren imponer un nuevo orden mundial con el apoyo de BillGates, George Soros y la complicidad de unos profesionales sanitarios que solo buscan más dinero. Así lo gritan allí donde pueden y lo explican en las redes sociales, dondeafortunadamente todavía pueden difundir la verdad que otros nos quieren ocultar,señalando a los culpables de este fabuloso engaño.

Por eso no paran de repetir que la pandemia ha terminado porque nunca ha habido un virus, cuando en realidad la gente ha enfermado porque la vacuna de la gripe contenía un tóxico, ocultando que la neumonía es causada por los chemtrails que dejanlos aviones en el cielo al coincidir con las ondas magnéticas del 5G. Y con la excusa de atendernos y curarnos, están aplicando una terapia genética para controlarnos, reduciendo la población y quedándose con nuestros hijos, dentro de ese nuevo proyecto de orden mundial que pretende limitar nuestras libertades.

​De hecho, tratan de ocultarnos que la covid-19 no existe y por eso queremos que nos enseñen el virus, para verlo con nuestros propios ojos. La gente no muere de coronavirus, como nos dicen, sino de otras patologías previas, hasta el punto que las neumonías están causadas por el uso continuado de esas mascarillas que ahora nos quieren imponer, al igual que esas vacunas que, afirman, nos inyectarán para inmunizarnos, cuando en realidad quieren introducirnos los microchips ID2020 fabricados por Microsoft, con los que poder tener un control total sobre nuestras vidas. Además, los hospitales están vacíos y nos ofrecen imágenes falsas para atemorizar a la gente, porque médicos y enfermeras están conchabados con los socialcomunistas, ocultando los tratamientos eficaces que realmente curan a la gente, como la lejía prémium, que igual cura el autismo que el coronavirus.

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Epístolas del coronavirus

EPÍSTOLAS DEL CORONAVIRUS

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La irrupción del coronavirus en todo el mundo llevó a situaciones insólitas, nunca antes vividas, como el confinamiento forzoso en nuestros domicilios bajo la declaración de un estado de alarma. Recluidos en nuestras viviendas y sin comprender bien lo que vivíamos, asistimos a un vértigo de informaciones y decisiones que acompañaban el parte diario de contagios, hospitalizados, enfermos críticos y fallecidos. Al mismo tiempo, cada país sorteaba como podía la emergencia, con gobernantes que, en no pocos países, alardeaban de su desprecio a la ciencia, en oposición a las normas básicas de prudencia, mientras recibíamos un aluvión de datos e informaciones científicas que aumentaban, si cabe, todavía más nuestro desconcierto.

En este escenario, José Ramón González Parada, desde el confinamiento obligatorio en su casa de Madrid, decidió recurrir a la epístola para comunicar con su compañero y amigo, Carlos Gómez Gil en su confiamiento, trasladándole mediante cartas sus sensaciones, su estado de ánimo y su lectura sobre una situación tan singular. Al mismo tiempo, su interlocutor contestaba sus cartas desde su casa en Alicante, abriendo nuevas vías de análisis, sin agenda y sin más límites que intercambiar mediante estos escritos el análisis de una situación tan insólita como perturbadora.

De esta forma, fueron construyendo un epistolario a lo largo del período de confinamiento que sirvió como herramienta terapéutica para reflejar sus temores, preocupaciones y aturdimientos, desde una mirada muy libre y comprometida, donde asoma su visión sociológica de la sociedad y su compromiso por la convivencia en libertad.

Ojalá nunca más se tuviera que vivir una experiencia similar. Bien es cierto que este epistolario reivindica, también, el gusto por la palabra, por la escritura y la correspondencia epistolar, lamentablemente hoy perdida.

La batalla de las mascarillas

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Mientras el avance del coronavirus no cesa en todo el mundo y la cifra de contagios, ingresos y fallecidos sufre un importante repunte en países como España, la amenaza de nuevos confinamientos sobrevuela nuestras cabezas a medida que aumentan, de manera exponencial, los focos y rebrotes por toda la geografía.

No hay duda de que esta nueva etapa actual, en la que las comunidades autónomas han asumido las responsabilidades sanitarias y los ciudadanos tenemos la obligación de actuar con la prudencia que exige la situación de alerta epidemiológica, hace aguas. Pero en esta ocasión, los ciudadanos, cada uno de nosotros, tenemos en nuestras manos una responsabilidad que, visto lo visto, deja mucho que desear, a juzgar por la naturaleza de los rebrotes y contagios que se están produciendo y, especialmente,por muchos de los irresponsables comportamientos individuales que estamos viendo.

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