Un examen cachondo de un alumno graciosillo

Examen CETP

Con frecuencia, los profesores vivimos situaciones insólitas protagonizadas por nuestros alumnos, siendo los examenes un momento cumbre de ello. Situaciones tan fuera de lo común que, cuando las comentamos, nos miran con piedad al creer nuestros interlocutores que nos las imaginamos para dar mayor empaque a nuestro trabajo: nada más lejos de la realidad. Por el contrario, en ocasiones evitamos comentar algunas situaciones porque son inimaginables y creemos que nos van a tomar por lunáticos.

Uno de esos momentos grandiosos lo he vivido recientemente al corregir los examenes de una asignatura que imparto. Hay que reconocer la sinceridad y buen humor del alumno, quien reconocía que lo poco que había escrito anteriormente era basura para evitar dejar el examen en blanco. Pero a continuación, no tiene ningún empacho en pedir abiertamente un aprobado para quitármelo de en medio, prometiéndome que si “en un momento de locura transitoria lo hiciese”, nadie más se enteraría. Y no contento con todo ello, al final del examen me pide reiteradamente disculpas, me ruega que no le ponga un 0 y espera que, al menos, haya pasado un rato divertido.

No me negarán osadía, buen humor y también desfachatez. Con frecuencia me pregunto por qué no dedican el mismo esfuerzo que ponen para no estudiar y justificarse, en trabajar las asignaturas, porque muchos de ellos mejorarían sus calificaciones de forma apreciable.

Y como se preguntarán qué hice, pues le suspendí y le pedí que hablara conmigo. No lo hizo, pero se presentó a la siguiente convocatoria, aprobando finalmente el examen escrito de esta asignatura. Para que luego digan que nuestro trabajo es monótono.

(El alumno me ha dado su autorización para difundirlo)

Anuncios