Sin complejos

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Coincidiendo con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, se puso de moda la palabra “posverdad” para hablar de los acontecimientos explicados a la opinión pública que no están construidos por hechos objetivos, en definitiva, que no son ciertos. Y así llegaron al poder un grupo de dirigentes políticos en distintos países, todos ellos de ideologías neofascistas o de extrema derecha, caracterizados por una utilización indecente de mentiras, insultos y sandeces que de manera continua han desfigurado la realidad para tratar de defender sus agresivos postulados. Parecía que al llamar posverdad a auténticas falsedades, estas se suavizaban y perdían con ello su deliberada voluntad de engaño.

Dos años después, la extrema derecha emergente y rampante dice hablar “sin complejos”, ser una derecha “sin complejos”, tener candidatos “sin complejos” o contar con un programa electoral “sin complejos”, como si esa pérdida de complejos, de la que presumen el Partido Popular y VOX, fuera un gran avance político. Resulta, cuando menos llamativo, ese reconocimiento formal que se hace de haber estado acomplejado con anterioridad, se entiende que en la etapa de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, a quien desde algunos sectores ultraderechistas se le denominaba, con evidente voluntad de ofensa, como “maricomplejines”. Su sucesor, Pablo Casado, en el viaje que está haciendo hacia la ulttraderecha, parece así dar por válidos los insultos e invectivas que se lanzaban contra su antecesor en el Partido Popular.

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Demasiada arrogancia

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Andan estos días los dirigentes de Podemos preguntándose qué ha ocurrido en las pasadas elecciones generales para no sacar los resultados que esperaban y que anunciaban unánimemente todos los sondeos electorales previos. Y para ello, han decidido encargar una encuesta con el propósito de saber por qué las encuestas han fracasado, algo que en sí mismo evidencia el grado de desconcierto en el que está sumida la cúpula de esta organización. Es lo que pasa cuando la borrachera de poder nubla la vista, pensando antes de las elecciones que ya eres uno de los ganadores con derecho a presidir gobiernos y repartir cargos.

Confundir la política con la estadística y la demoscopia, como están demostrando algunos dirigentes de esta formación, demuestra bien a las claras las limitaciones de un proyecto político cada vez más centralizado en un reducido grupo de líderes que han tratado de sustituir en demasiadas ocasiones la acción política por el oportunismo deliberado, al margen de unas bases y de unos círculos a los que solo acuden para refrendar sus decisiones o pedir la aclamación de sus líderes.

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