Bajar impuestos

Una y otra vez, año tras año, al margen de cualquier racionalidad económica, con independencia de si atravesamos una crisis o salimos de ella, de si tenemos un mayor déficit fiscal o si necesitamos reforzar servicios públicos esenciales, la derecha plantea la rebaja de impuestos como receta universalmente válida, a pesar de que sus efectos no sean, ni mucho menos, los que predican. Efectivamente, la bajada de impuestos se ha convertido en el amuleto electoral que una y otra vez el Partido Popular agita cuando quiere llegar al Gobierno, aunque luego, cuando lo hace, olvida esa especie de barra libre fiscal que exigen de manera machacona.

¿Que entramos en una gigantesca recesión económica, como la que vivimos durante la pasada crisis financiera? Pues la derecha no para de pedir rebaja de impuestos. ¿Que conseguimos iniciar la recuperación económica? Pues a bajar impuestos también. ¿Que se desencadena una pandemia histórica, de consecuencias nunca vistas, que exige del Estado redoblar su sistema de protección y atención a los más afectados? Pues también hay que bajar impuestos, y con rapidez, aunque no paren de pedir más y más ayudas para sectores económicos y profesionales. ¿Que erupciona un volcán, sube la luz o hay huelga de camioneros? Pues nada mejor que bajar impuestos. Y por supuesto, si entramos en un escenario incierto de crisis energética, guerra a las puertas de Europa, encarecimiento de materias primas e interrupción en las cadenas globales de suministros, pues también se pide, si cabe con mayor insistencia, reducir y reducir más impuestos, como única respuesta a problemas globales de una extraordinaria complejidad.

Son muchas las cifras y estadísticas sobre impuestos y fiscalidad que se pueden utilizar para demostrar que España no es, ni mucho menos, como a veces predican algunos vendedores de mentiras, el país de Europa con mayor presión fiscal. Muy al contrario. Según datos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) del año 2021, España ocupa, nada más y nada menos, que la última posición entre los 27 países europeos en porcentaje de impuestos pagados por los hogares, con un 14,1%, mientras que en términos de presión fiscal, entendida como el conjunto de impuestos y contribuciones sociales totales en relación al PIB, España ocuparía el puesto 20, con un 35,4%, muy por debajo de la media de los países de la UE que se sitúa en el 41,1%.

Lo llamativo es que esos mismos defensores de quitar recursos públicos al Estado y adelgazar servicios básicos por la vía de la rebaja de impuestos, porque en realidad es uno de sus propósitos, nunca plantean otras medidas, como una mayor contribución fiscal de las rentas del capital, cuya aportación es muy inferior a las rentas del trabajo, eliminar la elusión fiscal o los flujos financieros ilícitos o recaudar más de las grandes fortunas y los ultrarricos, como están haciendo otros países. Qué curioso que quienes proponen reducir impuestos olvidan, siempre, mencionar a quienes han acumulado mayores fortunas que, en muchos casos y gracias a sofisticadas operaciones de ingeniería fiscal, llevan años eludiendo el pago de impuestos.

Como afirmaba Yanis Varoufakis, el economista y exministro de Economía de Grecia, la economía es “ideología con ecuaciones”, ni más, ni menos. Por eso, al analizar las evidencias científicas sobre las rebajas fiscales que se han venido conociendo recientemente, los resultados contradicen, sin margen de duda, a quienes sostienen sin fundamento que es una manera de estimular la economía al permitir un aumento del gasto.

Efectivamente, el economista alemán Sebastian Gechert, del Instituto de Política Macroeconómica de Düsseldorf, junto al investigador austriaco Philipp Heimberger, del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena, han publicado un interesante informe en el que han analizado 441 estimaciones distintas aplicadas a 42 estudios primarios sobre rebajas fiscales en distintos países, especialmente referidos al impuesto de sociedades. Según Gechert y Heimberger, las rebajas fiscales llevadas a cabo, especialmente a empresas, no han tenido efectos positivos sobre el crecimiento económico.

Con anterioridad, dos investigadores del Instituto de Desigualdad Internacional de la London School of Economics, David Hope y Julian Limberg, publicaron el informe titulado “Las consecuencias económicas de los grandes recortes de impuestos para los ricos”, llegando a una conclusión similar a la de los profesores Gechert y Heimberger: las rebajas fiscales, especialmente para los más ricos, en 18 países de la OCDE desde el año 1965 hasta 2015, ni han impulsado el crecimiento económico ni han reducido las tasas de desempleo. Por el contrario, en todos los casos estudiados se produjo un aumento de la desigualdad y un importante crecimiento de la disparidad social en el conjunto de los países analizados que habían aplicado estas rebajas de impuestos.

Naturalmente que España necesita una profunda reforma fiscal que corrija las deficiencias de un sistema impositivo que carga sobre los trabajadores la aportación de impuestos al Estado, en beneficio de rentistas y grandes empresas, que lo hacen con tributaciones nulas o muy bajas. Pero sin vaciar al Estado de recursos imprescindibles, como pretende la derecha. Esta nueva política fiscal mejoraría la recaudación, aumentaría la redistribución y evitaría la elusión fiscal que actualmente existe en España. Nada que ver con apresurados anuncios de rebajas fiscales con fines exclusivamente partidistas.

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