Tras la catástrofe

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Tragedias como la que vive Ecuador no son nuevas. Con cierta rutina, nos hemos acostumbrado a terremotos e inundaciones, ciclones y tsunamis, hambrunas, huracanes y todo tipo de catástrofes, si bien en los últimos años su intensidad y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y en decenas de países permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el territorio que lo sufre. Éste es un matemático axioma que funciona con precisión geométrica a la hora de llevarse por delante la vida de personas y dañar regiones enteras, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados cuyo resultado genera lo que podríamos llamar catástrofes de clase.

Efectivamente, cada catástrofe es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, así como de su grado de desarrollo, pero particularmente de las condiciones de vida de los más desposeídos. Y ello coloca a los pobres ante un caprichoso privilegio, uno de los pocos que tendrán a lo largo de sus desdichadas existencias: el ser víctimas predilectas de estos siniestros, protagonistas privilegiados de cada catástrofe.

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La parálisis de Europa ante la crisis de refugiados

Managing crisis

Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 25 de octubre de 2015 (Pinchar para ver enlace original)

Mientras el invierno avanza y la sociedad comienza a anestesiarse ante las imágenes vergonzosas que seguimos viendo de las calamidades que padecen los refugiados que cruzan Europa, nuestros gobernantes arrinconan sus compromisos y buenas palabras para solucionar esta crisis humanitaria, al tiempo que el Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy anda entregado a su precampaña electoral sin que parezca existir nada que no pase por sus particulares intereses partidistas. Y con ello, lejos de encauzarse la que ha sido catalogada como la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes europeos repiten la misma estrategia que han utilizado con anterioridad en otras situaciones críticas que hemos vivido. Es decir, dejar pasar el tiempo mientras la situación empeora y el problema aumenta cada semana.

El último Consejo Europeo sobre la crisis de los refugiados, (EUCO en la terminología comunitaria) celebrado en Bruselas el pasado 15 de octubre, demuestra sin género de dudas que la UE es incapaz de dar respuesta a la dramática situación que viven cientos de miles de refugiados que deambulan por Europa dando tumbos sin que nadie sepa muy bien qué va a ser de ellos. Pero lo que es más grave, los gobernantes de los 28 Estados miembros son incapaces siquiera de dar cumplimiento a los escasos acuerdos europeos alcanzados al ponerlos en entredicho una y otra vez, improvisando ocurrencias, como el trasladar el problema hacia terceros países, como intentan hacer con la curiosa propuesta que han bautizado con el nombre de “responsabilidades compartidas”, mediante el Plan de Acción con Turquía y la Agenda de Acción con África que han aprobado en los últimos Consejos.

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Preparémonos para una crisis de refugiados en Europa prolongada

Crisis refugiados en Europa

Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 13 de septiembre de 2015. (Pinchar para ver enlace original)

Después de negar con razonamientos lamentables en los tres últimos meses la cuota inicial de refugiados que la Comisión Europea aprobó adjudicar en mayo a España, Mariano Rajoy ha aceptado finalmente a regañadientes y afirmando que lo hacía “con la que está cayendo” la cifra de 14.931 refugiados asignados en este segundo reparto, que se suman a los primeros 2.739 que el Gobierno de Rajoy había aceptado de mala gana. Un presidente del Gobierno que ha llegado a afirmar sin inmutarse que “una cosa es ser solidario y otra cosa es ser solidario a cambio de nada”, habrá encontrado algo apetecible que le haya obligado a aceptar tres veces más refugiados de los que se venía negando a acoger.

La llamada de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a crear ciudades de acogida fue secundada con tanta rapidez como entusiasmo por municipios, instituciones y numerosas personas que vieron la posibilidad de canalizar toda esa congoja contenida durante meses ante tanta barbarie a la que llevamos años asistiendo sobre Siria y Oriente Medio. El Ayuntamiento de Alicante también se sumó con rapidez a la iniciativa y una incipiente Red Alicantina de Familias de Acogida de Refugiados (RAFAR) ha venido realizando un trabajo verdaderamente destacable, demostrando que nuestros gobernantes no están a la altura moral de una sociedad que es capaz de hacer realidad la palabra solidaridad cuando más se necesita. El Gobierno y el PP no podían seguir ajenos al drama haciendo declaraciones fuera de lugar cuando la marea de solidaridad ciudadana les pasaba por encima, y aunque fuera a regañadientes tuvieron que empezar a mover ficha, poniendo en marcha un dispositivo que hace meses tenían que haber movilizado. Pero no nos engañemos, la proximidad de las elecciones generales, junto a la presión que Europa y particularmente Alemania han ejercido, han influido también en este cambio de postura del PP hacia los refugiados sirios, aunque sin convicción y no desaprovechando la oportunidad para arrojar dudas entre la opinión pública de que entre estos refugiados acogidos vaya a haber “terroristas yihadistas”, como ha dicho tan pancho el inefable Ministro Fernández Díaz.

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Las goteras de Europa

TOPSHOTS A young migrant's hair becomes stuck while crawling under a barbed fence with her family at the Hungarian-Serbian border near Roszke, on August 27, 2015. As Europe struggles with its worst migrant crisis since World War II, Hungary has become, like Italy and Greece, a

TOPSHOTS
A young migrant’s hair becomes stuck while crawling under a barbed fence with her family at the Hungarian-Serbian border near Roszke, on August 27, 2015. As Europe struggles with its worst migrant crisis since World War II, Hungary has become, like Italy and Greece, a “frontline” state. So far this year, police say around 141,500 migrants have been intercepted crossing into Hungary, mostly from neighbouring Serbia. AFP PHOTO / ATTILA KISBENEDEK

Artíulo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 6 de septiembre de 2015. (Pinchar para ver enlace original)

Para nosotros son personas, familias que han vivido la atrocidad de una guerra y escapan de horrores que nos encogen el corazón, pero para este Gobierno son simples goteras. Y el mismo día en que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, comparaba a los refugiados sirios que de forma dramática llegan hasta Europa con las “goteras que hay que taponar en una casa”, el buque que Médicos Sin Fronteras tiene en el Mediterráneo rescataba a cerca de 700 náufragos de una muerte segura, mientras miles de refugiados seguían llegando a las costas italianas, griegas y turcas, o a las islas de Lesbos, Kos y Lampedusa tras arriesgar su vida en una travesía incierta.

Que un Ministro del Interior pronuncie una crueldad semejante es un paso más en la descomposición moral que Fernández Díaz ha demostrado hacia los inmigrantes, empeñado como está en despojarles de su condición de seres humanos para convertirlos en cosas molestas, peligrosas y carentes de cualquier derecho, incluso de su derecho a la vida. Pero no deja de sorprender el cinismo que supone en alguien que hace proselitismo de sus creencias ultracatólicas del Opus Dei, preocupado por la defensa de los embriones pero capaz de hablar de forma tan salvaje de cientos de miles de personas, familias, mujeres y niños cuyo único delito es tratar de escapar de la muerte de los bombardeos en Siria, de las ejecuciones bárbaras del Estado Islámico o de ser subastadas como animales en cualquier mercado.

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Otro abuso bancario sin regulación: el cobro de comisiones por donaciones a ONG ante catástrofes

Pintada Banqueros

Cuando se produce una nueva catástrofe humanitaria caigo en la cuenta de que se produce un nuevo incumplimiento del Gobierno en la eliminación de un abuso más de los bancos; en este caso, del abuso que supone el cobro de importantes comisiones que vienen aplicando a todos aquellos que en los últimos años han tratado de aportar su generosidad y colaboración hacia las víctimas de tantos desastres como se han venido produciendo, mediante aportaciones a ONG.

Desde la matanza de los Grandes Lagos en 1994, hasta ahora, siempre que se ha producido una tragedia humanitaria se ha pedido la solidaridad de la población a través de aportaciones económicas a las ONG. Así sucedió con motivo del Huracán Mitch en 1998, el tsunami del sudeste asiático en 2004 y el terremoto de Haití de 2010, entre otros. Algún día hablaremos de la filosofía, los mensajes, el empleo y la rendición de cuentas de todo ese dinero recaudado a lo largo de tantos años con motivo de tanto sufrimiento y destrucción. Pero lo que hoy nos ocupa es otro tema bien distinto, relacionado con los abusos que los bancos han venido cometiendo con estas transferencias humanitarias.

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El terremoto de Haití y la comprensión estructural de las catástrofes humanitarias

Terremoto de Haití

Se cumplen tres años del devastador terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010, pudiendo afirmarse que éste ha desaparecido de las agendas de los medios, gobiernos y agencias de desarrollo, hasta el punto que tras la conferencia de donantes de Nueva York del 31 de marzo de 2010 y las promesas que allí se anunciaron, la población afectada sigue viviendo en condiciones dramáticas, siendo muy escasos los compromisos de ayuda y reconstrucción que se han hecho realidad. Ante la retórica habitual exenta de propuestas prácticas y compromisos concretos, parece oportuno reflexionar sobre algunas de las claves estructurales de esta catástrofe desde una visión amplia, para tratar de comprender mejor estas y otras catástrofes humanitarias.

Catástrofes de clase

Tragedias como la de Haití no son nuevas. Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo de catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase.

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