Un país fracasado

Una mirada a los cambios políticos y sociales de los años de crisis y barbarie

Un país fracasado

Reconozcamos que España es un país fracasado. Y cuanto antes lo hagamos, antes podremos avanzar en su recuperación. El organismo se mantiene con vida, pero a costa del suministro masivo de una medicación con fuertes efectos secundarios que está generando un riesgo de fallo multiorgánico. Y todo ello se debe a la responsabilidad de unas élites fallidas, extractivas o no, que va mucho más allá de las políticas. También las élites económicas, y las culturales, y las académicas, y las empresariales… Tantos años de franquismo y una transición mal resuelta nos han dejado legados devastadores y a muchos de sus herederos al frente de instituciones clave, mientras seguimos mirando para otro lado, como esperando no ser los próximos en caer bajo la apisonadora neoliberal del PP.

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Marca España, el Marqués de Valtierra y el exministro socialista Moratinos

MARCA ESPAÑA

Marca España es uno de esos inventos bochornosos y peregrinos de este Gobierno, creado desde la creencia de que se puede fabricar una marca publicitaria sobre España al margen de la política involucionista, antidemocrática y casposa que este Gobierno del PP promueve. Empeñados como están en fabricar mentiras y disparates continuos, el Partido Popular cree que somos un simple producto publicitario sobre el que aplicar sencillas técnicas de marketing para engañar como tontos al resto de países, que quedarán obnubilados por simples cifras y eslóganes, mientras económica, social y democráticamente el país permanece instalado en una regresión que nos conecta con el franquismo y la sociedad se desangra por el desempleo, la pobreza y la exclusión, dejando a numerosas personas en la cuneta.  En medio del relato continuo de falsedades en el que está empeñado el Gobierno, afirmar sin empacho como se recoge en su Web que Marca España “es fruto del consenso, cuando ha sido incapaz de construir uno solo de ellos a lo largo de una legislatura autoritaria y carente de diálogo alguno, es una más de las muchas mentiras con las que nos obsequian a diario.

Sin embargo, la verdadera Marca España es la que trazan las decisiones diarias del Gobierno del PP actuando desde la soberbia y el autoritarismo, rechazando la modernidad, despreciando exigencias éticas y morales esenciales, recortando la ciencia y la educación, negando derechos democráticos, eliminando servicios sociales básicos y poniendo todo el aparato institucional, económico y político al servicio de sus intereses y de sus amigos. Esta es la verdadera Marca España en estos momentos tan negros de la mano del Gobierno más rechazado por los ciudadanos en la historia de la democracia.

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Contra la perversión de los apadrinamientos

apadrina

En determinadas épocas del año, como las Navidades, aparecen con fuerza anuncios, reclamos y propaganda variopinta pidiendo nuestro dinero para apadrinar niños. Efectivamente, el apadrinamiento es utilizado por ONG de todo pelaje desde hace años como un instrumento fundamental en la captación de fondos, habiéndose consolidado como una controvertida herramienta de marketing publicitario, bendecida por esas escuelas de negocios neoliberales que venden a ONG y a otros muchos incautos cómo agrandar la cuenta de ingresos a costa de estrechar su dignidad y su ética.  De hecho, en España, los mayores escándalos protagonizados por ONG han estado vinculados a organizaciones que han hecho del apadrinamiento su monocultivo, demostrando así hasta qué punto éstos se habían convertido en una fabulosa fuente de ingresos con la que poder inyectar cuantiosos recursos a actividades y negocios mercantiles ajenos por completo al mundo de la solidaridad.

Desde que las ONG vivieron su época de auge, en la década de los 80, comenzaron a surgir cada vez más organizaciones espurias alejadas de los valores y principios básicos que las organizaciones no gubernamentales construyeron con esfuerzo. Estas otras organizaciones oportunistas pronto se apropiaron de los valores propios del oenegeísmo para convertirse en máquinas de captar recursos mediante instrumentos publicitarios y campañas cada vez más tecnificadas. La solidaridad, la cooperación y la pobreza se convertían así en la excusa perfecta para construir campañas de publicidad muy sofisticadas que apelaban a los sentimientos más nobles y primarios de las personas con el fin de recaudar dinero mediante instrumentos como los apadrinamientos, algo que se bendecía desde eso que se ha dado en llamar con indisimulada desvergüenza “marketing con causa”, uno de esos conceptos tecnocráticos que parecen justificar cualquier inmoralidad en el mundo de la solidaridad.

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