Revisando el Trabajo Social

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Sobrecogidos todavía por el presunto asesinato de dos niños de muy corta edad a manos de sus propios progenitores en Godella (Valencia), se han escuchado voces que, en caliente y careciendo de la necesaria información, han tratado de culpar a los trabajadores sociales por no haber intervenido antes para evitar la tragedia. En un país tan aficionado a los juicios populares, lejos de aprender para reforzar los mecanismos y dispositivos públicos necesarios para evitar que se repitan situaciones similares, preferimos llenar nuestras particulares hogueras de víctimas para tranquilizar las conciencias.

Sin embargo, y aunque no podemos conocer en detalle los perfiles de un caso que mantiene la obligada confidencialidad de la intervención realizada por los diferentes profesionales, ha trascendido la información de que la abuela de los niños había comunicado a los servicios sociales su preocupación por el bienestar de éstos, así como por la propia situación de inestabilidad mental su hija, quien al parecer, sufría un serio trastorno que requería una intervención y seguimiento médico adecuado del que carecía. Lo cierto es que los dos niños fallecieron de manera violenta, certificando un fallo en la protección hacia esos menores que exige revisar los procedimientos utilizados para evitar que en el futuro, algo similar vuelva a repetirse.

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La maldición de Alicante

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A estas alturas, resulta difícil comprender los motivos por los que seguimos, una y otra vez, erosionando las capacidades y potencialidades de Alicante, una ciudad y una provincia con unas condiciones magníficas que, desde hace demasiado tiempo, no paramos de maltratar. Sin aprender del pasado, como si viviéramos en un continuo día de la marmota, vemos una y otra vez decisiones y errores que se han repetido con anterioridad, de los que nadie parece ser responsable pero que todos lamentamos después. En Alicante, nadie parece asumir las decisiones dañinas, pero todos tenemos que afrontar las consecuencias futuras.

La última barbaridad que se está perpetrando en esta ciudad, en tiempo real y a los ojos de todos, es el adefesio que se está levantando, a quemarropa, en la plaza del Puerto, donde están construyendo una nueva oficina de turismo bajo la dirección de la Agencia Valenciana de Turismo de la Generalitat Valenciana, por un importe cercano a 700.000 euros. Bien es cierto que el proyecto, conocido y aprobado también por el Ayuntamiento de Alicante, se cederá posteriormente durante cuatro años al consistorio, quien se encargará de la gestión, mantenimiento y dotación de personal a lo largo de ese tiempo.

Cualquiera que vea la estructura de hierro de varias plantas que estos días se ha levantado en el lugar que ocupaba anteriormente un tiovivo que fue retirado, se dará cuenta del daño y la agresión urbana que supone. El artefacto se atraviesa delante de uno de los edificios más espléndidos que tiene la ciudad, la Casa Carbonell, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y una de las imágenes que nuestros visitantes captan en sus fotografías, en el inicio de la Explana que nace bajo sus pies, al tiempo que se interpone ante el verdadero icono de la ciudad, como es el Castillo de Santa Bárbara, que también tiene la declaración de BIC, cuya visión ahora se interrumpe desde algunos lugares del Puerto al tener este nuevo mamotreto por delante. Vayan a verlo y comprueben, de primera mano, el daño al paisaje visual de la zona, como bien están empezando a denunciar en las redes sociales diferentes vecinos.

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