Demasiada arrogancia

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Andan estos días los dirigentes de Podemos preguntándose qué ha ocurrido en las pasadas elecciones generales para no sacar los resultados que esperaban y que anunciaban unánimemente todos los sondeos electorales previos. Y para ello, han decidido encargar una encuesta con el propósito de saber por qué las encuestas han fracasado, algo que en sí mismo evidencia el grado de desconcierto en el que está sumida la cúpula de esta organización. Es lo que pasa cuando la borrachera de poder nubla la vista, pensando antes de las elecciones que ya eres uno de los ganadores con derecho a presidir gobiernos y repartir cargos.

Confundir la política con la estadística y la demoscopia, como están demostrando algunos dirigentes de esta formación, demuestra bien a las claras las limitaciones de un proyecto político cada vez más centralizado en un reducido grupo de líderes que han tratado de sustituir en demasiadas ocasiones la acción política por el oportunismo deliberado, al margen de unas bases y de unos círculos a los que solo acuden para refrendar sus decisiones o pedir la aclamación de sus líderes.

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Cartografía postelectoral

Cartografía electoral

No. No son “el fruto de una sociedad enferma”, como ha dicho esta semana el obispo de San Sebastián. Los resultados de las elecciones generales del pasado domingo son la demostración de que estamos ante una sociedad cada vez más compleja que ha sufrido con dureza los efectos de las severas políticas de ajuste y que vive con perplejidad una crisis sistémica que afecta a la credibilidad de numerosas instituciones, partidos y dirigentes. Como bien señaló el historiador Jacob Burckhardt, “la modernidad es la era de las simplificaciones salvajes” y, lejos de dejarnos llevar por los males y peligros que algunos anuncian, deberíamos tratar de comprender la naturaleza de los procesos que han generado esa distribución de votos, su efecto sobre los diferentes partidos y la recomposición del mapa político que genera. Es decir, intentar hacer una cartografía postelectoral que nos ayude a manejarnos en los territorios de la nueva política en la que nos adentramos.

Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 27 de diciembre de 2015 (Pinchar aquí para ver enlace original)

A medida que la crisis, sus efectos y las políticas de austeridad salvaje se impusieron en España, la sociedad ha vivido un progresivo divorcio con los dos grandes partidos políticos que han estado en el cuadro de mandos del Gobierno central desde la Transición. Ahora bien, tanto el PP como el PSOE han protagonizado un uso patrimonial del enorme poder que han venido acaparando históricamente, dañando al sistema político pero también a numerosas instituciones, al tiempo que se alejaban cada vez más de una sociedad que sufría una situación de emergencia social que el PSOE ha tardado en reconocer y que el PP nunca ha querido aceptar. Si a todo ello añadimos el enorme daño económico, moral e institucional que ha provocado una corrupción imparable que de manera capilar ha infiltrado instituciones, partidos y territorios, envileciendo la política hasta extremos insospechados, se entenderá fácilmente la pérdida de apoyos que ambos partidos vienen sufriendo desde que comenzó la crisis, allá por 2008.

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Una interpretación de la nueva geometría política derivada de los resultados de las elecciones europeas

Podemos

La rapidez no es buena consejera para los análisis sosegados, pero la complejidad de los resultados que las elecciones europeas del 25M nos han proporcionado exige también de interpretaciones a los cambios que en la geometría política de España estos comicios han originado. Digamos, en primer lugar, que a un nivel europeo tenemos que interpretar estos resultados como un rechazo a las políticas austericidas aplicadas por la Troika. Mientras las sociedades se desangran, se están produciendo cambios políticos de distinta naturaleza que son una respuesta a la involución que las doctrinas neoliberales están llevando a cabo sobre las sociedades europeas.

El fracaso de los sondeos preelectorales

Empecemos subrayando un fenómeno llamativo y al mismo tiempo sorprendente, como es el estrepitoso fracaso en los sondeos electorales realizados tanto por el CIS como por otras grandes empresas demoscópicas. No hay justificación posible al hecho de que en ninguna de las encuestas publicadas apareciera siquiera la posibilidad de que Podemos consiguiera cinco diputados en el Parlamento Europeo, constituyendo uno de los mayores errores en la historia de los sondeos electorales. Y en defensa de la profesionalidad de esta disciplina, si bien se pueden alegar algunos problemas metodológicos, tenemos que mencionar dos factores determinantes. El primero de ellos, como se ha venido señalando, es una intencionada corrección en los sondeos, muestras y datos por parte del CIS por un uso partidista e interesado de sus encuestas. Pero también es cierto que las proyecciones de voto se suelen hacer sobre series históricas que cambian radicalmente cuando hay cambios de tendencia que no se tienen en cuenta, como ha ocurrido en estas elecciones. Curiosamente, Metroscopia también realizó hace pocos meses un “ajuste metodológico” que le llevó a inflar estimaciones a favor de los dos grandes partidos, el PP y el PSOE.

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Explorando razones de las victorias del PP en la Comunidad Valenciana

Desde hace tiempo, son muchos los que se preguntan las razones y causas por las que el Partido Popular ha venido obteniendo, e incluso avanzando, en sus victorias electorales en la Comunidad Valenciana, a pesar de una corrupción incuestionable entre sus dirigentes, una gestión negligente y un progresivo desmantelamiento de servicios públicos esenciales.

Siendo un tema sumamente complejo y amplio, quiero explorar algunas de esas razones nada sencillas de comprender, dando respuesta a algunas preguntas que suelo escuchar con frecuencia.

¿Qué tres factores explicarían la hegemonía conservadora en la Comunidad Valenciana en los últimos 20 años?

En mi opinión, estos factores habrían sido, en primer lugar, el éxito del PP como partido capaz de aglutinar a toda la derecha ideológica, económica, cultural y social en una maquinaria política muy eficaz que ha utilizado las instituciones públicas a su servicio con un discurso victimista y de enfrentamiento extremadamente clientelar, pervirtiendo el sistema democrático. En segundo lugar, el progresivo desmoronamiento del PSPV como alternativa política creíble y articulada, manteniendo una creciente pérdida de crédito, de presencia social y careciendo de un relato ideológico coherente con las profundas transformaciones que se han venido generando en la sociedad valenciana. Y por último, los cambios económicos y sociales de un extraordinario calado que se han producido sobre la sociedad valenciana junto a las políticas que se han llevado a cabo, habiendo generado un metabolismo social cada vez más enfermo, cada vez más despolitizado, cada vez más precario y anestesiado en el que la izquierda no ha hecho los deberes de explicar el presente y repensar el futuro.

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