Explorando razones de las victorias del PP en la Comunidad Valenciana

Desde hace tiempo, son muchos los que se preguntan las razones y causas por las que el Partido Popular ha venido obteniendo, e incluso avanzando, en sus victorias electorales en la Comunidad Valenciana, a pesar de una corrupción incuestionable entre sus dirigentes, una gestión negligente y un progresivo desmantelamiento de servicios públicos esenciales.

Siendo un tema sumamente complejo y amplio, quiero explorar algunas de esas razones nada sencillas de comprender, dando respuesta a algunas preguntas que suelo escuchar con frecuencia.

¿Qué tres factores explicarían la hegemonía conservadora en la Comunidad Valenciana en los últimos 20 años?

En mi opinión, estos factores habrían sido, en primer lugar, el éxito del PP como partido capaz de aglutinar a toda la derecha ideológica, económica, cultural y social en una maquinaria política muy eficaz que ha utilizado las instituciones públicas a su servicio con un discurso victimista y de enfrentamiento extremadamente clientelar, pervirtiendo el sistema democrático. En segundo lugar, el progresivo desmoronamiento del PSPV como alternativa política creíble y articulada, manteniendo una creciente pérdida de crédito, de presencia social y careciendo de un relato ideológico coherente con las profundas transformaciones que se han venido generando en la sociedad valenciana. Y por último, los cambios económicos y sociales de un extraordinario calado que se han producido sobre la sociedad valenciana junto a las políticas que se han llevado a cabo, habiendo generado un metabolismo social cada vez más enfermo, cada vez más despolitizado, cada vez más precario y anestesiado en el que la izquierda no ha hecho los deberes de explicar el presente y repensar el futuro.

¿En qué medida los resultados electorales del PP se corresponden con la adscripción ideológica del País Valenciano?

Los cambios sociales y sociológicos que se han producido de la mano de procesos globalizadores de gran calado no fueron valorados suficientemente por partidos políticos que se mantienen como máquinas anquilosadas, arcaicas y clientelares, de espaldas a las dinámicas sociales emergentes. Todo ello influyó, sin duda, en la Comunidad Valenciana facilitando la llegada de los Populares, iniciando éstos una forma de gobernar extremadamente clientelar, que ha sido capaz de penetrar capilarmente en una red de organizaciones netamente valencianas, ligadas a la fiesta, la música, la Semana Santa, las organizaciones vecinales que han sido creadas, alimentadas y financiadas desde los gobiernos municipales del PP a lo largo y ancho de la región, y a las que se han sumado otras nuevas vinculadas a grupos espurios de ONG que no son tales. El PP ha desplegado un modelo económico vinculado a la espectacularidad de masas y la idea de que los procesos urbanizadores masivos repercutían a la larga en el conjunto de la sociedad, bien por la posibilidad de rentabilizar a corto plazo terrenos y bienes, o bien por trabajar al servicio de una economía profundamente especulativa y depredadora del territorio y sus recursos, aunque fuera de forma precaria, inestable y temporal, como se ha visto. Su modelo de patrimonialización institucional ha ido de la mano de un proceso de influencia social utilizando para ello recursos y medios de comunicación, vendiendo un paraíso inexistente que el PSPV-PSOE no solo no ha desmontado, sino que en algunos casos también ha alimentado. La sociedad valenciana vota mayoritariamente a la marca que consideran más solvente para sus intereses, el PP, ya que no existe otra que le haga sombra, y considera que si en el fondo el PSPV va a llevar a cabo una política parecida, prefiere apoyar el original.

¿Cómo se ha articulado la disidencia política y social frente a estas mayorías absolutas del PP en el territorio valenciano?

Cada vez es más difícil mantener actitudes de crítica razonada, que el PP han tratado de anular por todos los medios y en todos los ámbitos. A base de utilizar, comprar y pervertir los movimientos y organizaciones sociales muchos de ellos han acabado por desdibujar sus contornos, siendo cada vez más difícil mantener activo el valor de la crítica ciudadana como factor de mejora y superación, como hacen estos movimientos. La izquierda se ha refugiado en muchos de estos sectores, abandonando los espacios políticos, al creer que una actividad social cualificada era suficiente para mantener presencia pública, mientras estos grupos han tendido a fragmentarse en un universo de plataformas, movimientos y asociaciones que han rechazado el ejercicio de la política y han sido incapaces de articularse, sin generar energía política ni unir esfuerzos. En la izquierda hacemos unos documentos magníficos pero somos un desastre a la hora de unir fuerzas y canalizar energías conjuntas; creo que es precisamente una de las grandes lecciones pendientes si queremos tener importancia política algún día y voluntad de generar transformación. Es cierto que una sociedad sin conflicto está condenada a la decadencia, pero para que ese conflicto sea motor de progreso y cambio debe ser comprendido y resuelto adecuadamente, algo que la izquierda debe también comprender.

La corrupción, el agudizamiento de la crisis en la Comunidad Valenciana y su progresivo colapso económico, financiero e institucional, ¿pueden generar una penalización del PP en las próximas elecciones?

Desde que el PP se hizo con el Gobierno autonómico comenzó a desarrollar una política muy eficaz de victimismo y enfrentamiento con el Gobierno central, responsabilizando a los demás de todos nuestros males y problemas, mientras que por el contrario, capitalizamos como propio todo aquello que podía ser vendido electoralmente. La fórmula ha funcionado a la perfección, mientras el PSPV-PSOE ha sido incapaz, no ya de desarrollar una contraofensiva, sino siquiera de tener una mínima presencia social y ciudadana, que con el paso del tiempo se ha ido diluyendo como un azucarillo, dedicándose por el contrario a guerras y enfrentamientos internos relacionados con las luchas de poder, sin que se tradujera en capacidad para generar alternativas, explicaciones y respuestas a los problemas crecientes de los valencianos, especialmente en los ámbitos urbanos y metropolitanos. A su vez, el PSPV ha sido una máquina de quemar candidatos y líderes, expulsando de sus alrededores todo aquello que no fuera de la estricta lealtad partidaria con el aparato de turno y de las familias que controlaban en ese momento el partido. Así las cosas, desde hace años, el PSPV ha creído que con el tiempo le llegaría el poder por generación espontánea de la misma forma que las manzanas caen del árbol, con mayor medida cuando han estallado los últimos escándalos de corrupción, pensando que la simple explotación de estos casos, junto a una evidente mala gestión del PP en aspectos esenciales para la ciudadanía como la educación, la aplicación de la ley de dependencia, la sanidad y el elevado déficit, generaría una marea de malestar social que se traduciría automáticamente en voto para los socialistas. Pero estos no han sido capaces de transformar todo ese malestar social existente en energía para un cambio político a través del voto, y lo que es peor, siguen sin comprender los motivos de ello. Sin embargo, el avance judicial de los numerosos casos de corrupción que atenazan al PP valenciano, la corrosión institucional y el colapso económico y financiero generalizado que está repercutiendo como un tsunami sobre todo el tejido social y empresarial empiezan a calar en una sociedad cansada, harta y hastiada de gobiernos tan corruptos como ineficaces.

¿Cómo explicar la escasa penalización electoral que ha tenido, hasta la fecha, la corrupción sobre los gobiernos del PP valenciano?

Es cierto que el escaso precio electoral de la corrupción política tiene en esta comunidad un ejemplo paradigmático, si bien, las explicaciones no son sencillas. La corrupción ha generado un indudable descrédito de la política y un progresivo distanciamiento social hacia los políticos, aunque nuestro sistema electoral de listas cerradas y el propio código penal impiden la exigencia de responsabilidades claras e inmediatas. Está constatado que el electorado de derechas vota de forma mucho más fiel que el electorado de izquierdas, que por el contrario es más exigente. La marca PP no recoge solo un voto ideológico de apoyo a este partido, sino sobre todo de rechazo al PSOE, a Zapatero y a todo lo que representan, es decir, vota más en contra de lo que teme que a favor de lo que espera. Y por si fuera poco, el PP ha conseguido en el País Valencià explotar hasta la nausea un populismo posmoderno que ha secuestrado la democracia misma a través de una simbología cutre, reclamaciones infundadas, falsedades groseras, espectáculos de masas, votos clientelares, actuaciones caciquiles, un catolicismo rancio, el abuso cobre Canal 9 y otras muchas corruptelas. Frente a ello, la marca PSPV-PSOE no ha parado de perder credibilidad, defendiendo en numerosos temas sustantivos posiciones similares a las del PP, de forma que no solo se desdibujaba como alternativa política de progreso sino que reforzaba al PP como partido al que trataba de imitar. Unos y otros se han embarcado con frecuencia en el “todos somos iguales” y el “y tú más”, algo que ha sido demoledor para la izquierda en su conjunto pero que ha afianzado cada vez más al PP. Mientras el Partido Popular intenta que no vayan a votar los que le detestan, el PSOE trata que le voten aquellos que le desprecian, aunque sea tapándose la nariz, de forma que en todo este escenario tan complejo, la corrupción acaba diluyéndose porque la alternativa no es solvente. Pero creo que a los Populares, más tarde o temprano le acabará pasando factura su apoyo a políticos implicados en casos de corrupción y la utilización compulsiva la mentira.

¿Tiene relación el nivel de corrupción tan amplio que se vive en la Comunidad Valenciana con el proceso de expansión y depredación urbanística tan intenso que ha vivido?

En mi opinión, el nivel de tolerancia con la corrupción evidencia un grado de deterioro moral también en el conjunto de la sociedad valenciana. Esta sociedad ha venido destacando por sus altos niveles de economía sumergida, de fraudes empresariales, la alta presencia de clubs de prostitución, de consumo de drogas, de empresas clandestinas y abusos sobre inmigrantes, al tiempo que somos la comunidad con mayores tasas de abandono escolar y de fracaso educativo. Frente a todo ello, desde los poderes políticos e institucionales no se ha venido trabajando en un rearme moral, en dar más valor a la cultura, a la educación, al esfuerzo, a unos comportamientos éticos escrupulosos, sino todo lo contrario. Muchos de sus dirigentes están procesados o implicados en casos de corrupción; tenemos administraciones que gastan millones y millones de euros en espectáculos de masas vulgares, en televisiones públicas convertidas en un monumento a la chabacanería, dando prioridad política, económica y mediática al fútbol vinculado con la riqueza, victoria y poderío económico macarra así como con negocios urbanísticos especulativos. Este es el magma en el que el urbanismo depredador ha sido un elemento más de una sociedad cada vez más deteriorada moral y políticamente, alimentando una erosión política y social cada vez mayor. Los empresarios corruptos tienen nombre y apellidos, viven entre nosotros y en muchos casos son presentados como héroes por sus fiestas, por su nivel de vida, por su osadía y su grado de infiltración en las instituciones, apareciendo como ejemplos de éxito y de triunfo a imitar. Creo que la sociedad valenciana vive un derrumbe moral que ha permitido la expansión de una corrupción generalizada que va más allá del ladrillo y de los casos conocidos, siendo responsabilidad directa pero no exclusiva del PP. La utilización inmoral de la CAM y su posterior voladura controlada, me parece un buen ejemplo de lo que digo.

© Carlos Gómez Gil

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Un pensamiento en “Explorando razones de las victorias del PP en la Comunidad Valenciana

  1. Es una buena reflexión para empezar, pero creo que también habría que hablar de la responsabilidad de los partidos pequeños, de las redes clientelares, de una sociedad enferma, de la falta de cultura y de educación en amplios sectores de la sociedad valenciana, del iluminismo de algunos ególatras que van dando tumbos de partido en partido y de plafaorma en plataforma para ver lo que pillan, y sobre todo, de los motivos y causas de una sociedad pasiva, desarmana e inerte.

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