La bestia que devora al PP

Hay que reconocer el esfuerzo del Partido Popular por sumarse, de manera tan singular, a los actos de conmemoración del centenario del nacimiento del director de cine Luis García Berlanga, montando una de las películas más delirantes que se hayan visto nunca en la política de España. Su famosa La escopeta nacional se quedó en un juego de niños en comparación con el proceso de autodestrucción creativa emprendido por los diferentes clanes y familias del PP, que no han reparado en esfuerzos para demostrarnos lo mucho que les importan los sillones y sueldos, en medio de una gigantesca pandemia.

Algunos políticos populares, incluso, han descubierto ahora que lo más importante son sus ciudades y territorios, mientras no paran de soltar lastre para alejarse de esos dirigentes, a los que adulaban y alababan hasta hace poco como si fueran santos canonizados, pero de los que ahora reniegan como si de la peste se tratara. No es casual que, en las redes sociales, una de las palabras de moda en estos días haya sido Judas, junto a otras como traición, perfidia, deslealtad, ingratitud, intriga, apuñalamiento o complot.

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La extrema derecha gobernando en el Ayuntamiento de Alicante

Mientras Pablo Casado afirmaba con impostada solemnidad que, ante un posible pacto con Vox, nunca sacrificaría los principios del Partido Popular, a lo largo de esta semana, desde el equipo de gobierno municipal de Alicante, presidido por el alcalde popular, Luis Barcala, se han pasado muchos de esos aparentes principios por los mismísimos arcos de la Casa Consistorial, escribiendo una de las páginas más oscuras de la historia democrática de la ciudad.

El alcalde Barcala pasará a la historia como el responsable de meter la ideología ultraderechista en el Gobierno municipal de Alicante por la puerta de atrás, asumiendo y normalizando algunas de sus exigencias más salvajes contra la convivencia que con tanto esfuerzo hemos construido. Criminalizar, estigmatizar y marginar a los pobres y vulnerables, a las personas LGTBI, a los inmigrantes y mujeres prostituidas, negar la violencia de género o la necesidad de avanzar hacia la igualdad entre mujeres y hombres, cuestionando a organismos internacionales o las políticas de solidaridad es lo que Luis Barcala, sus concejales del Partido Popular y ese grupo de oportunistas en descomposición llamado Ciudadanos han hecho en Alicante. Y lo hacen tras asumir la exigencia de la ultraderecha de Vox de aprobación de una indecente ordenanza contra la mendicidad, contra los pobres, al tiempo que sacan adelante un presupuesto municipal que da carta de naturaleza a muchas de las exigencia más reaccionarias de la ultraderecha sobre áreas sociales de la ciudad.

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Tendencias migratorias

A medida que las migraciones se han convertido en uno de los factores de enfrentamiento político, utilizado con demasiada frecuencia para generar división en la sociedad, son numerosas las instituciones, centros de investigación y académicos que dedican importantes esfuerzos a comprender mejor las causas, consecuencias e impactos de uno de los componentes fundamentales de la humanidad a lo largo de su historia.

Cuando todos los países trabajan para avanzar hacia una necesaria recuperación económica y social que permita superar las diferentes y profundas crisis que la pandemia ha arrojado sobre nuestras vidas, existe una importante preocupación por conocer cuáles van a ser los cambios que se han producido sobre los movimientos migratorios globales y restaurar la circulación de personas y trabajadores, fundamentales para un correcto funcionamiento de nuestras economías y sociedades. De hecho, comienzan a surgir voces que alertan en toda Europa sobre la necesidad urgente de contar con trabajadores extranjeros en países y sectores clave, en la medida en que el declive demográfico y los reajustes en la población laboral impedirán un normal funcionamiento de la economía de no contarse con estas personas.

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Carta abierta al alcalde de Alicante, Luis Barcala

Estimado alcalde de Alicante, me dirijo a usted respetuosamente, aprovechando la oportunidad que me da este medio, con el que colaboro todas las semanas. Quiero compartir mi escrito con nuestros lectores, convencido de que muchos de ellos participan de las preocupaciones que le traslado. Le aseguro que esta carta se la escribo en mi condición de profesor universitario e investigador en temas de pobreza y desarrollo desde hace décadas, estudioso sobre el impacto de estos problemas, que lleva tiempo investigando a fondo los efectos de la pandemia sobre la pobreza en la sociedad. Y por supuesto, también como vecino comprometido con nuestra ciudad.

Como bien sabe, el impacto de la gigantesca crisis multidimensional desencadenada por la pandemia de SARS-CoV-2 desde que sus primeros efectos fueron detectados, a principios de 2020, ha causado un “shock” sin precedentes en el conjunto de nuestra sociedad, con un notable ensanchamiento de la pobreza y la exclusión. Todos los informes y datos disponibles hasta la fecha coinciden, unánimemente, en destacar el aumento del número de hogares en riesgo de pobreza, muchos de los cuales han pasado a estar en condiciones de pobreza extrema. Un buen número de personas y familias han visto, de manera abrupta, desaparecer sus ingresos esenciales procedentes de las rentas del trabajo de las que dependían, generándose situaciones de necesidad sobrevenida y de carencias materiales básicas que ha habido que atender con urgencia.

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No podemos seguir maltratando a nuestros mayores

No hace muchos años, los directores de las entidades bancarias colmaban de regalos a muchos de sus clientes, engatusando a las personas mayores que domiciliaban sus pensiones y mantenían sus ahorros con obsequios como vajillas, cuberterías, cacerolas y todo tipo de variopintos objetos. Eran tiempos en los que las sucursales parecían bazares, mostrando en su interior productos pintorescos para agasajar a la clientela, a la que los empleados de las entidades llamaban por sus nombres, conociendo a cada uno de los familiares como si formaran parte de ella.

Los mayores iban al banco con la tranquilidad de quien iba al bar de la esquina, hasta el punto de que en cuanto entraban, empleados y directivos salían a saludarles, poniendo al día sus cartillas y cuentas antes, incluso, de darles los buenos días, entregándoles a continuación algún pequeño obsequio. Todos hemos tenido en nuestras casas infinidad de objetos de propaganda de los bancos y cajas, en muchos casos de dudosa utilidad, pero que se conservan en los cajones con el cuidado con el que se guardan los pequeños recuerdos familiares.

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Reivindicando las políticas sociales durante la pandemia

Desde que el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciara la declaración oficial de pandemia de Covid-19, todos los países han tenido que hacer frente a una situación novedosa a medida que avanzaban los efectos de una gigantesca crisis sanitaria, desconocida en extensión e intensidad. De inmediato se desencadenó una profunda disrupción laboral, con la desaparición de ingresos esenciales de un día para otro en millones de personas, generándose situaciones de pobreza y necesidad sobrevenidas que dañaron a cientos de miles de hogares en toda España.

Junto a la pérdida de vidas humanas, el enorme sufrimiento causado en la población y la preocupación generalizada que se registraba en el conjunto de la sociedad, de manera inmediata se vivieron los efectos de las duras medidas adoptadas por las autoridades desde el plano económico y laboral para hacer frente a las diferentes olas de contagios vividas, generándose un aumento de las situaciones de privación material, caída de rentas, aumento de la pobreza y carencia de ingresos básicos en un número considerable de hogares. Si bien el impacto afectó a amplios segmentos de población, se plantearon condiciones de especial severidad sobre las personas más vulnerables, apareciendo situaciones particularmente graves sobre colectivos y personas con mayor riesgo social y de exclusión.

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Política de maleducados

Las lamentables declaraciones realizadas por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, sobre la escritora Almudena Grandes, en relación con su nombramiento como hija predilecta de Madrid, los términos despectivos que utilizó para referirse a una persona recientemente fallecida, junto al cuestionamiento del indudable prestigio y proyección de esta novelista han generado tanto rechazo como enfado.

Todo un alcalde de la capital de España, portavoz nacional del Partido Popular y uno de los máximos dirigentes de una derecha que defiende dejar en paz a los muertos, con la tumba todavía caliente de la escritora, explica de manera desvergonzada que la aceptación de la propuesta realizada por tres concejales de izquierdas para dar a esta escritora ese reconocimiento era, simple y llanamente, una treta para poder tener aprobados unos presupuestos que sus socios de Vox no apoyaban, porque, en opinión de este dirigente del PP, esta gran escritora no es merecedora de este reconocimiento. No le bastaba con dejar constancia de su falta de respeto institucional al no expresar unas condolencias como alcalde de todos los madrileños, ni siquiera un simple y frío mensaje en esas redes sociales que llenan de felicitaciones a los suyos y reproches a los que no son los suyos, ni tampoco les importó no asistir al funeral ni al entierro de una literata tan querida como valorada. Por si fuera poco, se atrevió a poner en duda que una madrileña de Chamberí que a lo largo de toda su vida ha reivindicado Madrid por los cuatro costados, fuera merecedora de este reconocimiento, denominándola con especial desprecio como “personaje”.

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Dormir al raso

Es cierto que estamos ante unas navidades atípicas, en las que todo cambia por días y nuestros cimientos parecen moverse como si estuvieran agitados por un terremoto. Pero a pesar de ello, hay elementos, emociones y valores que no cambian, formando parte del paisaje con el que envolvemos estas fiestas tan hogareñas, tan dadas a los buenos sentimientos y a las hermosas palabras.

                    Por eso, resulta llamativo que por estas fechas de frío y aislamiento, nos hayamos olvidado de los que duermen en las calles, de todas esas sombras envueltas en mantas y ropajes, recostados sobre cartones que encontramos en nuestras ciudades. Por el día acomodados como pueden en los bancos de plazas y parques, y por la noche buscando el refugio a la entrada de otros bancos, junto a los cajeros automáticos que escupen un dinero que ellos nunca tendrán.

Con los transeúntes que pueblan nuestras calles ocurre un fenómeno sorprendente. Aunque son personas que no pasan desapercibidas, con rostros llamativos curtidos por el sufrimiento, envueltos en ropajes muy precarios y con frecuencia en mal estado, rodeados siempre de enseres que dibujan el mapa del dolor en el que viven, intentamos no mirarlos a la cara para tratar de evitar tomar conciencia de su dolorosa existencia. Hasta el punto de que, a base de ignorarles, se han convertido en parte del paisaje urbano, un elemento más, desvencijado, eso sí, pero que ya pertenece a nuestras calles, como esos bancos rotos, esos baches o esas papeleras destrozadas, que con el tiempo ni consiguen atraer nuestra atención.

Pero tanta indiferencia como mostramos hacia quienes se han despeñado por el agujero de la vida para acabar durmiendo a la intemperie como pueden, no impide que sigan estando ahí, aunque las instituciones que tienen que evitar que haya personas durmiendo de manera inhumana actúen con indiferencia, cuando no con un manifiesto desprecio hacia tanta desdicha.

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Perdón en lugar de felicitaciones

Circula estos días un chiste de esos que, además de sacarnos una sonrisa, sirve para explicar la realidad: “Mamá, ¿por qué hay tantos antivacunas? Porque sus mamás les vacunaron cuando eran pequeños, hijo, si no habría muchos menos”.

La verdad es que no estábamos preparados, unas navidades más, para otra nueva ola, la enésima, con su ritual de contagios, ingresos, temores, restricciones, cierres, limitaciones, declaraciones intempestivas, hospitales repletos, partes diarios de infecciones y defunciones, locuras enfermizas de los antivacunas junto a las delirantes teorías de la conspiración. Y todo ello, aderezado por quienes, con una sonrisa de hiena, un día exigen más y más dinero para la misma sanidad pública que no paran de desmantelar, mientras no renuevan los contratos de sus profesionales sanitarios y privatizan todo lo que se les pone por delante.

Si algo nos está demostrando esta pandemia es que nunca podemos confiarnos porque no hay nada seguro ni definitivo. Podríamos hablar de la pandemia de Sísifo: una y otra vez subiendo con esfuerzo la piedra hasta la cumbre y cuando creemos que por fin nos hemos librado de ella, la vemos rodar, impulsada por una cuadrilla variada de personas enloquecidas y oportunistas. Y es que una y otra vez, cuando ya pensamos que hemos avanzado en su derrota, volvemos a la casilla de salida, pero cada vez más fatigados, con menos fuerzas, sin acabar de ver el final a esta pesadilla que solo sirve para dar combustible a los antivacunas, a los terraplanistas, a los defensores de las teorías de la conspiración, a los pescadores en río revuelto que buscan cualquier resquicio para generar odio, para crear alarma y sembrar el enfrentamiento.

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Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en crisis

Transcurrida una tercera parte del período de vigencia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y bajo el impacto mundial de la pandemia de Covid-19, surgen numerosas voces críticas sobre la marcha y viabilidad de esta Agenda 2030, que aumentan al conocerse sus problemas metodológicos y de medición. Sin embargo, no dejan de escucharse discursos, de contemplarse anuncios o verse campañas en las que se siguen trasladando mensajes vacíos y alejados de la complejidad y desafíos a los que se enfrenta un acuerdo mundial de esta naturaleza.

Hasta la fecha, ha habido más propaganda que progresos, especialmente en el terreno político, donde se están produciendo de hecho significativos retrocesos. Es cierto que en torno a esta Agenda 2030 se ha desplegado un interesante proceso de investigación científica internacional que está sirviendo para profundizar en los limites y contradicciones de un proceso global tan complejo, pero importantes decisiones adoptadas por gobernantes en países muy relevantes han puesto patas arriba elementos sustantivos que imposibilitan su avance en áreas clave.

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