Refugiados: propuestas tras el fracaso

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A dieciséis días de que finalice el plazo que Europa se dio para dar respuesta a la mal llamada crisis de los refugiados, que alcanzó su máxima intensidad hace dos años y que desembocó en el solemne acuerdo del Consejo Europeo sobre Migración suscrito en septiembre de 2015 por todos los presidentes de países europeos, para acoger la exigua cifra de 160.000 personas en dos años, en régimen de reubicación y reasentamiento, podemos ya hablar de deliberado incumplimiento de este compromiso. Y con ello, un descalabro que ha certificado la indolencia sobre refugiados y migrantes forzosos como consecuencia del incumplimiento de las obligaciones jurídicas derivadas del derecho internacional en materia de asilo y refugio. Y al Gobierno español le corresponde una parte de ese incumplimiento, en la medida en que de los 17.337 asignados, únicamente ha acogido a un 11% de ellos, 1.887 refugiados en los dos años en los que el acuerdo ha estado en vigor.

Más allá de insistir en el significado de este grave fracaso político que contribuye a debilitar la credibilidad del proyecto europeo ante sus ciudadanos y ante el mundo en unos momentos particularmente críticos, dañando los principios y valores fundamentales que alimentaron la creación de la Unión Europea y erosionando las obligaciones jurídicas y éticas de Europa en materia de solidaridad y derecho internacional, es importante que tratemos de reflexionar para reforzar nuestra capacidad de respuesta ante tragedias humanitarias como las que seguimos viviendo y sin duda se repetirán.

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Europa y la tragedia migratoria que no cesa

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A medida que los meses avanzan y la parálisis en la Comisión Europea aumenta, las cumbres que se celebran sobre inmigración irregular y refugiados solo sirven para certificar la descomposición política y moral que atraviesan sus dirigentes, empeñados en incumplir y vulnerar todos los acuerdos adoptados con anterioridad, que son sustituidos por otros nuevos que ya han demostrado sobradamente su fracaso. Así, las conclusiones que la Comisión hizo públicas tras su reunión del 2 de marzo demuestran que los dirigentes europeos han decidido hacer concesiones a un nacionalismo xenófobo, aturdidos por la llegada de un Donald Trump que no oculta sus deseos de fracturar y debilitar a la UE y sometidos a la negociación del Brexit con Reino Unido. Solo esta decidida voluntad por incumplir todos los acuerdos firmados con anterioridad por los gobernantes europeos en materia migratoria y de asilo, junto a ese nuevo rumbo que están adoptando, en sintonía con el populismo xenófobo más rancio, puede explicar la situación de parálisis y fracaso deliberado en la gestión de la política migratoria y de refugio.

Tras cuatro años de cruenta guerra en Siria, asistiendo con pasividad al éxodo de millones de refugiados, la Comisión Europea que hasta entonces había visto con pasividad esta tragedia, se inventa en mayo de 2015 lo que llama la “Agenda Europea de Migración”, que presenta como respuesta y solución a las migraciones en Europa y a las necesidades de protección de los refugiados que llegan. En esta Agenda, que se presentó por los gobernantes europeos como la respuesta política y humanitaria más eficaz, se establecía el compromiso de Europa de “ofrecer una respuesta rápida para salvar vidas humanas” de los refugiados que llegaban por mar hasta Europa, mediante una “bienvenida manifestación de solidaridad que se mantendrá mientras persista la presión migratoria”.

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De crisis de refugiados a crisis europea

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La cumbre de alto nivel celebrada esta semana en Naciones Unidas sobre refugiados e inmigrantes ha servido de bien poco, repitiendo esa retórica hueca y esas frases vacías que se manosean una y otra vez hasta acabar por perder el alma y el sentido. Que hay que regular las migraciones y respetar a los refugiados estableciendo canales legales que respeten el derecho internacional; que las migraciones han sido siempre positivas desde el punto de vista social, cultural, económico y laboral, apoyando el desarrollo tanto en los países que los reciben como en los países de origen que se benefician de las remesas que mejoran el bienestar de sus familiares; que hay que garantizar migraciones seguras, ordenadas, regulares y responsables. Todo esto es algo sabido y estudiado, que se repitió prácticamente con las mismas palabras en la cumbre celebrada el año anterior también en Naciones Unidas y en otros muchos foros, cumbres y reuniones internacionales.

Mientras gobiernos y líderes mundiales pronuncian una y otra vez las mismas frases vacías de contenido, miles de inmigrantes y refugiados mueren ahogados en el Mediterráneo y en el mar de Andamán, o fallecen abandonados en manos de grupos criminales o por el hambre en el corredor centroamericano, el Sahel o el Cuerno de África. Otros muchos, con mejor suerte, se hacinan en campos de refugiados en países como Grecia, viviendo en condiciones que nos recuerdan a los campos de concentración. No es de extrañar que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, haya dicho esta misma semana que “el mundo es un lugar horrible en manos de gobiernos que cometen atrocidades”.

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Les llaman refugiados

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Las palabras sirven para comunicar, expresar, transmitir. Pero también se utilizan para dibujar sentimientos, arrojar desprecios e indiferencias, demostrar que somos humanos o carecemos de alma. A fuerza de utilizar determinadas palabras, acabamos por desgastarlas o por dañar por completo la belleza de su significado. Todo ello lo encontramos en la palabra refugiado, tan de moda en los últimos meses.

Naciones Unidas celebra el próximo 20 de junio el Día Mundial del Refugiado, con el que intenta llamar la atención sobre la dramática situación de millones de personas en todo el planeta que se ven forzadas a abandonar sus hogares y sus países para poder obtener protección y poner a salvo sus vidas y la de sus familias, buscando refugio en otros estados. Cada minuto, ocho personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror, teniendo que elegir con frecuencia entre el horror que viven y la posibilidad de morir, embarcándose en un trágico éxodo, sometidos a todo tipo de abusos y condiciones extremas, perdiendo sus derechos y su condición humana para ser tratados con frecuencia como presos, confinados en recintos parecidos a campos de concentración contemporáneos. Podríamos pensar que los refugiados han obtenido refugio y protección, tal y como indica su nombre, mientras que por el contrario, en la mayoría de las ocasiones, el refugiado es lo más parecido a un paria contemporáneo que lucha por sobrevivir y a quien se le niega hasta su categoría de persona.

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De refugiados y atuneros

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El deliberado abandono que la UE hace sobre la situación de los refugiados en su territorio y el sistemático incumplimiento de acuerdos, convenios y tratados internacionales han acelerado el proceso de descomposición del proyecto europeo que en la actualidad vivimos. Actuar de forma tan negligente ante un problema humanitario de tal envergadura ha convertido una crisis de refugiados en una crisis del proyecto político de la UE, entendido como un espacio común de libertad, solidaridad, justicia y respeto a los derechos humanos. Todo ello es lo que está saltando por los aires frente a la visión egoísta e irresponsable de los gobiernos e instituciones europeas.

Artículo publicado en el diario Informacion de Alicante, el domingo 28 de febrero de 2016 (Pinchar aquí para ver enlace original)

​Si el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, explicaba en su discurso sobre el estado de la UE del pasado año que la crisis de asilo y refugio era la prioridad más urgente y trascendental que tenía Europa, tenemos que concluir que estamos ante uno de los mayores fracasos deliberados desde que ésta existe. Basta decir que a estas alturas, de los exiguos 160.000 refugiados que los países europeos se comprometieron a reubicar solemnemente el pasado mes de septiembre, únicamente se han realojado a 272 de ellos, es decir, el 0,1%.

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Cañizares y el trigo

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Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 18 de octubre de 2015 (Pinchar para ver enlace original)

Puede parecer paradójico que todo un cardenal monte un aquelarre posmoderno en los salones de un magnífico hotel y ante algunos de los mayores corruptos del PP valenciano, pero en realidad es todo un síntoma de la decadencia de algunos sectores de la jerarquía católica en España, junto a su pérdida de perspectiva social y de peso moral. Solo así puede calificarse el lamentable espectáculo que dio el cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares en el Fórum Europa Tribuna Mediterránea ante la plana mayor del PP y del Opus valenciano, contando con la reaparición estelar de imputados por corrupción tan notables como Juan Cotino y Francisco Camps. No es de extrañar así que tratara de relativizar el impacto de la corrupción valenciana entre tan selecto público, llegando a afirmar sin pestañear que “la verdadera corrupción es el aborto”. A estas alturas de la descomposición moral que vivimos y del saqueo que hemos sufrido tenemos claro que también son corruptos aquellos que los amparan, encubren y apoyan, por lo que el cardenal se ha colocado sin dudarlo entre los suyos, los mismos a los que viene respaldando con toda su alma desde hace años.

Ya por 1992, cuando era obispo de Ávila, Cañizares recorría sin descanso los conventos de su Diócesis pidiendo a las monjas de clausura que fueran a votar a su gran amigo del PP Ángel Acebes, primero como alcalde de Ávila y luego como diputado al Congreso. Y es que la familia tira mucho porque luego, a la hora de dar y regalar, no hay nada como la generosidad de esa misma familia. La misma que hizo posible que regaran de dinero, lujos y dispendios la visita del Papa a Valencia en julio de 2006 gracias a los buenos haceres de Camps y Cotino, quienes no dudaron en gastar millones de euros en esa visita, mientras negaban ayudas a dependientes, becas de comedor a niños, al tiempo que quitaban dinero de la sanidad y la educación. Y el cardenal Cañizares siempre estuvo en deuda con tan buenos cristianos que convirtieron el paso de Benedicto XVI por Valencia en una especie de Disneylandia, sin importar que ese católico ejemplar que es Cotino o dirigentes de la extinta RTVV, como el acusado por agresiones sexuales y exdirectivo del ente, Vicente Sanz junto a otras personas, fueran imputadas después en la pieza 4 del caso Gürtel por delitos relacionados con esta visita papal.

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Crisis migratoria en Europa: entre la desidia y la barbarie

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Artículo publicado en el diario Información de Alicante, el domingo 5 de julio de 2015. (Pinchar para acceder a enlace original)

Europa vive en su frontera Sur y en aguas del Mediterráneo una crisis humanitaria sin precedentes, protagonizada por cientos de miles de personas llegadas de las costas libias que huyen de las guerras, la muerte y la crueldad que atraviesan numerosos países africanos y de Oriente Medio. Con periodicidad, asistimos a tragedias de naufragios o barcos a la deriva con miles de personas al borde de la muerte, sin que la UE sea capaz de articular una adecuada respuesta humanitaria e institucional. Posiblemente todo ello sea el reflejo de una descomposición moral y un declive político que está poniendo en riesgo el propio proyecto europeo como espacio de solidaridad, seguridad y respeto a los derechos humanos.

Como muy bien explica Tony Judt en su magnífica obra Postguerra, la Europa que surgió tras la Segunda Guerra Mundial no solo trataba de crear un mercado único, sino que intentaba establecer unas bases estables que impidieran nuevos conflictos en el futuro y permitieran el avance de valores como la solidaridad, el respeto a los derechos humanos y la libertad. Sin embargo, algunos de los principios esenciales sobre los que ha avanzado Europa desde la aprobación del Tratado de Roma, en 1957, están saltando por los aires. Así sucede con la crisis humanitaria que se está viviendo en la frontera Sur de Europa y en todo el Mediterráneo, al erosionar peligrosamente los cimientos europeos sobre la base de abandonar a su suerte a las decenas de miles de refugiados que llegan hasta las costas europeas y desatender la necesidad de apoyo y solidaridad hacia aquellos países que reciben esta marea humana, como Italia y Grecia.

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