La generación del elefante

Hubo un tiempo en España en el que el elefante era sinónimo de pobreza y austeridad, tomando cuerpo en una conocida marca de papel higiénico tan extendida en los hogares como áspero y rasposo eran sus hojas. Aunque durante muchos años fue un producto muy popular en los aseos de nuestras humildes viviendas, hoy en día nos preguntamos cómo pudimos utilizar algo que no se caracterizaba por sus cualidades de limpieza y comodidad, precisamente. Sin embargo, para varias generaciones del tardofranquismo que conocimos y utilizamos el elefante, era un elemento de prosperidad en una España que se encontraba a gran distancia de los países de nuestro entorno.

Afortunadamente, los tiempos del elefante pasaron y hoy nos aprovisionamos de sofisticados papeles higiénicos de doble capa satinados, con diferentes grados de suavidad y hasta perfumados.

Pero en los últimos años, otro elefante se ha hecho muy popular en todo el mundo de la mano de uno de los más importantes investigadores mundiales sobre desigualdad. Me refiero al llamado “elefante de Milanovic”, que nada tiene que ver con el paquidermo que se hizo popular en la España del franquismo desarrollista.

Branko Milanovic es un prestigioso economista serbio-estadounidense que hizo su tesis doctoral sobre desigualdad en Yugoslavia en la Universidad de Belgrado. Posteriormente, se trasladó a Estados Unidos, donde se formó en diferentes universidades y comenzó a trabajar para el Banco Mundial en temas de pobreza y desigualdad, hasta el punto que junto con Thomas Piketty, se ha convertido en uno de los mayores especialistas mundiales en estos asuntos. Tras dejar el Banco, escribió un libro en el año 2016 titulado “Desigualdad global: una nueva aproximación en la era de la globalización”, en el que recogía un importante estudio contenido en una gráfica, con forma de elefante, que ha sido bautizada como “el elefante de Milanovic”, siendo una referencia mundial en los estudios sobre desigualdad en universidades de todo el mundo.

El análisis, reflejado en un diagrama con forma de elefante, recoge la evolución de los ingresos de los hogares en el mundo desde el año 1988 hasta 2008, abarcando desde los más pobres y con menor renta hasta los más ricos. La importancia y repercusión del estudio realizado por Milanovic y proyectado en su famosa gráfica viene a exponer cómo ha avanzado la desigualdad global, entre países y dentro de las propias naciones, de la mano de las políticas económicas aplicadas en las décadas recientes.

¿Y por qué es importante lo que refleja esa famosa gráfica en forma de elefante? Porque viene a demostrar que las políticas económicas de inspiración neoliberal impulsadas en todo el mundo hasta el estallido de crisis global de 2008 aceleraron un proceso de transferencia de renta y riqueza a nivel global, erosionando la posición económica de las clases medias en muchos países occidentales, como España.

Del análisis de los datos se desprenden diferentes conclusiones de gran importancia. Por un lado, que la desigualdad global aumentó desde los años 80 impulsada por el proceso de globalización y el avance de las políticas económicas neoliberales. Y esto ocurrió porque el crecimiento económico global se concentró en las últimas décadas en China e India. El aumento de ingresos en el resto de países occidentales creció muy por debajo de lo que se vivió en India y particularmente en China, que partían de ingresos más bajos. De esta forma, desde el año 2000, la mayoría de los hogares en los países occidentales han visto sus ingresos estancarse o bajar en la medida en que las rentas del trabajo, los sueldos, caen o simplemente se mantienenestables.

Para entenderlo mejor, las clases medias han aumentado en todo el planeta a nivel global gracias a la enorme población que China e India han sumado, pero en el resto de países occidentales, la clase media-baja ha sido la gran perdedora, viendo disminuir sus rentas y, con ello, sufriendo un descenso en su nivel de vida. Esta es la causa del malestar creciente que se vive en las sociedades europeas, que se traduce en un aumento del descontento, un incremento de la precariedad laboral y unos mayores niveles de desigualdad económica y social. Todo ello ha sido, también, caldo de cultivopara populismos de todo tipo, al tiempo que ha impulsado migraciones de distinta naturaleza.

Por si fuera poco, en este retrato falta señalar que el 1% más rico de la población mundial ha visto aumentar sus ingresos por encima del 60%, lo que ha llevado a algo tan escandaloso como que únicamente ocho grandes fortunas acumulen en estos momentos tanta riqueza como el 50% de personas del planeta.

Pero a esas clases medias maltratadas durante las décadas analizadas por Milanovic, que vieron disminuir su nivel de vida, se añadió el daño sufrido durante los años de la Gran Recesión, de la que se estaban recuperando a duras penas cuando llegó la gigantesca crisis mundial causada por el coronavirus, con el inmenso destrozosocioeconómico que está llevando a todos los rincones.

Por ello, fortalecer la cohesión social y territorial es, no solo un imperativo ético, sino una exigencia para lograr que la convivencia se recomponga y la economía se recupere.

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