La inmigración como prioridad

Con motivo del Nou d’Octubre, los diarios de esta Comunidad que forman parte del grupo editorial Prensa Ibérica, han dedicado un monográfico en el que han seleccionado cuatro temas fundamentales que van a marcar el futuro de la Comunitat Valenciana y sobre los que urge desplegar esfuerzos para avanzar en respuestas efectivas. Así, junto a la imprescindible revisión y correcta financiación autonómica, aparecen la crisis climática, la vivienda y la inmigración como piezas fundamentales del trabajo político y la articulación social.

Sobran razones para avalar la relevancia de cada una de estas cuatro prioridades, como han expuesto los diferentes especialistas que hemos participado en el monográfico. La elección de la inmigración es también muy pertinente, como señaló recientemente el propio president de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, coincidiendo, además, con un pleno extraordinario celebrado en el Congreso de los Diputados sobre estas cuestiones, aunque con un desafortunado resultado por razones ajenas al debate migratorio. Sin embargo, se va a necesitar aumentar, mejorar e intensificar el esfuerzo colectivo para dar respuesta a lo que supone todo un desafío social y político como el que plantean las migraciones contemporáneas, al que debemos sumarnos todos los actores que queramos trabajar para que la sociedad avance.

Necesitamos inmigrantes para hacer sostenible nuestro sistema y está más que demostrado que aportan más de lo que gastan, pero el rechazo al migrante crece cada vez más. ¿Cómo dar la vuelta a esto? La inmigración se ha convertido en el combustible electoral preferido por la extrema derecha, como estamos viendo, y por ello es muy importante actuar en varios sentidos. En primer lugar, desactivando las falsedades y mentiras que sistemáticamente se difunden con una pedagogía migratoria distinta, a nivel social, institucional y político. Llama la atención la escasa narrativa institucional que se hace sobre cuestiones que anularían muchas de las falsedades que se difunden, mientras que, por el contrario, no dejan de esparcirse mentiras y barbaridades por responsables políticos que ofenden el sentido común. Por otro lado, es importante eliminar al máximo los espacios de marginación social, institucional, laboral y residencial relacionados con los inmigrantes. La exitosa incorporación y normalización llevada a cabo en materia educativa, sanitaria y social debería extenderse a otros campos, especialmente en barrios y ciudades, que han sufrido el abandono de muchos ayuntamientos desde el inicio de la Gran Recesión. Y, por último, eliminar el caos deliberado que a todos los niveles, en la UE, en los Estados, comunidades autónomas y también Ayuntamientos existe en esta materia y con los inmigrantes.

Es cierto que los tiempos que corren no son los mejores para ello, pero si comprendemos que muchos de los problemas que tenemos entre manos (cambio climático, inestabilidad política, luchas geoestratégicas, maldesarrollo) afectan de manera directa a las migraciones, al tiempo que los sistemas laborales y demográficos en nuestros países occidentales atraviesan importantes desajustes que demandan inmigrantes, nos daríamos cuenta de la importancia de trabajar de una manera colaborativa en lugar de alimentar ruido, odio y mentiras que dañan al conjunto de la sociedad y a su futuro.

El rechazo despiadado de la extrema derecha y la derecha extrema hacia la inmigración y los inmigrantes está situando en primer plano cuestiones interesadas que desvirtúan un conocimiento preciso, generando percepciones erróneas y alarma social. En España, en el año 2000, había poco más de 846.000 extranjeros residentes y ahora tenemos casi siete millones, y en estos casi veinticinco años, a pesar de los problemas y las dificultades, nuestro país y su sociedad han protagonizado procesos de incorporación social, laboral, económica, residencial y ciudadana de más de seis millones de personas de manera razonablemente satisfactoria que nos han ayudado a avanzar a todos. Pocos estados pueden decir lo mismo.

De manera que es imposible concebir un país como el nuestro sin inmigrantes, sin una sociedad plural y diversa, como algunos predican de manera tan falsa como disparatada. Hablemos de los éxitos, de las aportaciones, de los esfuerzos, de la contribución, del papel tan importante y fundamental que estos inmigrantes desempeñan. Porque todas estas personas denostadas son las mismas que cultivan y recogen nuestros alimentos, que cuidan a nuestros familiares queridos, que atienden nuestras casas y a nuestros hijos, que reparten y distribuyen productos, que completan la falta de médicos en algunas especialidades, que trabajan en obras, en la construcción, en la hostelería o en los servicios, por ejemplo. Pero seguimos sin comprender las migraciones, alimentando bulos y falsedades.

Un ejemplo lo vemos en las migraciones africanas que siempre han formado parte de su historia como estrategia de supervivencia, al ser una respuesta a las situaciones históricas de violencia o miseria que vive ese continente y que el cambio climático está agravando. África es el epicentro de violencias e injusticias que se mantienen en carne viva desde la época colonial, y que ahora aumentan por una sucesión de crisis económicas, sociales, políticas y ambientales recurrentes, de la que muy pocos países escapan. Las migraciones africanas hacia Europa son como un bumerán que nos devuelven buena parte del maltrato histórico hacia ese continente que todavía mantenemos, y que nuestro caos migratorio ha agravado.

Seguimos sin entender qué es África y la necesidad de revisar y cambiar buena parte de las políticas que Europa mantiene allí, alimentando muchas de esas migraciones que recibimos. Mucho trabajo por delante nos queda.

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