Mujeres en un mundo emocional distinto

La convivencia, las relaciones y la demografía atraviesan cambios importantes que afectan de lleno a la naturaleza de la sociedad y a su estructura. Se ha hablado mucho de las particularidades de las nuevas generaciones de adolescentes que viven en un estado de insatisfacción permanente, sumergidos en unas redes sociales de las que no se separan, que se hunden ante la más mínima dificultad al verse superados por unas frustraciones que no saben gestionar. También se está analizando el proceso de derechización en un buen número de chicos jóvenes, cada vez más opuestos a los cambios y avances sociales, contrarios a muchos de los progresos en materia de igualdad que se están implantando, llevando a muchos de ellos a apoyar fuerzas de extrema derecha. Sin embargo, se habla muy poco del movimiento telúrico que están protagonizando cada vez más mujeres que no se conforman con relaciones pobres o insatisfactorias, transformando a fondo la matemática de la convivencia en parejas heterosexuales.

El aumento de mujeres que deciden no estar en pareja y buscan otras formas gozosas de vivir de manera dichosa a través de nuevos tipos de relaciones está experimentando un notable aumento en nuestra sociedad, de la mano de procesos muy interesantes que nos pasan desapercibidos. Durante años, la presión social, la tradición y la cultura dominante trasladaban que a medida que se maduraba tenías que encontrar una pareja para hacer vida en común. Es algo que se escucha con frecuencia, cuando familiares preguntan a los hijos si ya tienen pareja, incluso desde pequeños. Pero con el tiempo, se ha producido una cierta descompensación vital en las parejas como consecuencia de los procesos diferenciales de maduración y evolución que han tenido hombres y mujeres debido a un mayor empoderamiento en estas, generando cambios significativos en las dinámicas de género y en el paradigma de las relaciones.

Mientras que se ha producido una importante evolución personal, vital y sentimental en las mujeres, los hombres atraviesan un cierto estancamiento, cuando no una pobreza emocional y personal, apareciendo como desorientados ante los cambios y las transformaciones que experimentan muchas mujeres que ni comprenden ni asumen, convirtiéndose en un lastre a la hora de poder establecer parejas con intensidades y geometrías variables. Así, frente a relaciones enriquecedoras deseadas por las mujeres, muchos hombres solo quieren relaciones cómodas.

De manera que el mercado relacional está cada vez más desequilibrado, con un número creciente de mujeres que no quieren renunciar a tener una vida plena, que no logran identificarse emocional ni intelectualmente con las relaciones que establecen, frente a un número menguante de hombres interesantes capaces de entender las necesidades de las mujeres, lo que genera un desajuste, no solo a la hora de establecer parejas del tipo que sea, sino de apostar por formas de vida en común y hasta por relaciones armónicas. Sería algo así como que cada vez más mujeres están decepcionadas al no encontrar en los hombres unas cualidades fascinantes al margen de masculinidades añejas, mientras que muchos hombres están desorientados al buscar a mujeres bajo patrones tradicionales, dándose una discordancia entre deseos y realidades de unas y otros.

La clave es que mientras muchas mujeres están haciendo un viaje interior muy intenso desde hace tiempo, reivindicando la construcción de su propia identidad a través de un proyecto personal y emocional decidido por ellas mismas, defendiendo con uñas y dientes su disfrute y su autonomía, un buen número de hombres permanecen estancados al reproducir patrones relacionales caducos que replican roles patriarcales decadentes, de los que muchas mujeres huyen como de la peste. En todo ello, la lucha por la igualdad y el feminismo tiene mucho que ver, al hacer ver a las mujeres que no tienen que renunciar a sus trayectorias vitales y personales a cambio de relaciones de sometimiento autodestructivas. Y esa distancia no hace más que agrandar, todavía más, la separación relacional de mujeres con hombres.

Si existe ese profundo desacople entre el mundo vital que quieren muchas mujeres con el que tienen numerosos hombres, es difícil avanzar sobre relaciones emocionales de complicidad, afectividad, cuidado mutuo y convivencia. Las mujeres ya no se conforman con relaciones insuficientes y limitadas, siendo cada vez más evolucionadas y exigentes, frente a un buen número de hombres desconcertados. De hecho, una frase repetida en boca de más y más mujeres de todos los tipos y edades es la de que “el mercado está fatal”.

Todo ello podría parecer contradictorio con el hecho de vivir en la era de las redes sociales y la enorme facilidad para establecer relaciones, si bien, es una facilidad aparente y un tanto engañosa. Las redes frivolizan los vínculos entre las personas, permitiendo contactos rápidos y encuentros fugaces, sin compromisos emocionales ni costes personales. Por decirlo de alguna manera, se favorecen las relaciones kleenex, de usar y tirar, con un gasto personal insignificante, lo que permite repetir muchas veces la experiencia mediante el establecimiento de relaciones nómadas. Al mismo tiempo, las aplicaciones digitales proporcionan una distancia tecnológica repleta de impostura, frialdad y apariencias que no facilita la sinceridad emocional y amorosa, salvo que sus protagonistas decidan hacerlo en planos de igualdad, algo que no es habitual porque exige de costes y compromisos.

En todo ello hay algo hermoso que muchos hombres no comprenden, como es el deseo de las mujeres por habitar un mundo emocional distinto y, con ello, de mejorar y enriquecer la vida.

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