Portugal, adelantando por la izquierda

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Durante la celebración esta semana de la XXIX Cumbre Ibérica en Vila-real, el presidente Mariano Rajoy pronunció un discurso ante el mandatario portugués, el socialista Antonio Costa, en el que afirmaba que España se situaba a la cabeza de los países del Euro, presumiendo sin miramientos de resultados económicos, olvidando por completo que se lo decía a uno de los países que en estos momentos recibe elogios y felicitaciones unánimes por sus logros económicos y sociales, hasta el punto de haberse convertido en la sorpresa de Europa. Es lo que tiene, señor Rajoy, vivir desde hace años de espaldas a la realidad repitiendo frases vacías.

Algo así como si el seleccionador de fútbol francés presumiera ante el combinado luso de ser uno de los mejores equipos europeos, olvidando que Portugal se impuso a Francia (1-0) el pasado mes de julio, ganando su primera Eurocopa. Y no es solo eso. La reciente victoria de Portugal en Eurovisión sorprendió no tanto por el galardón obtenido, sino por haberlo hecho con una canción melódica en portugués, francamente hermosa, reivindicando sin miedo la belleza de su cultura. Además, desde enero de este año un portugués, el expresidente socialista António Guterres es el nuevo secretario general de Naciones Unidas, elegido hasta diciembre de 2021 por aclamación de su Asamblea General. Y es que parece que a Portugal últimamente todo le sale bien.

Por si todo ello fuera poco, la Comisión Europea, en sus temidas “Recomendaciones Específicas por País” correspondientes al año 2016 y difundidas el pasado 22 de mayo, no ahorra elogios a los brillantes resultados económicos conseguidos en pocos meses por el tripartito de izquierdas que gobierna Portugal, liderado por el Partido Socialista y apoyado por el Bloco de Esquerda (el Podemos luso) y el correoso Partido Comunista Portugués. Hasta el punto que Bruselas ha sacado a Portugal de los países sometidos a vigilancia, con una felicitación pública del comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, cerrando así el procedimiento por déficit excesivo abierto contra este país hace nueve años y que todavía se mantiene contra España.
​Las razones que expone el Ejecutivo comunitario para mostrar tanta satisfacción hacia la situación portuguesa son de distinta naturaleza, al referirse a la notable mejora en la reducción del déficit público y los buenos indicadores macroeconómicos, con una considerable recuperación en la situación social y el empleo, junto a un decidido compromiso en la lucha contra la corrupción que este tripartito de izquierdas lidera, ajeno por completo a cualquier escándalo. Justamente lo contrario de lo que la misma Comisión Europea critica a España en sus Recomendaciones. Y todo ello conseguido por un país que en el año 2011 tuvo que recibir un rescate de 78.000 millones de euros de la UE y del FMI, que a su vez obligó a realizar un durísimo ajuste, y con uno de los pocos gobiernos de coalición de izquierdas en Europa presidido por los socialistas, que desde que llegó anunció que cumpliría con los compromisos europeos pero emprendiendo un cambio radical de las políticas de austeridad que se habían aplicado hasta entonces con desastrosos resultados económicos y sociales.

Portugal está demostrando de manera incuestionable que en Europa es posible un gobierno de coalición de izquierdas que lleve a cabo políticas que abandonen el austericidio promovido por Bruselas desde hace una década, políticas capaces de sacar al país de la recesión y hacer avanzar sensiblemente su economía, mejorando las condiciones de vida de los sectores más castigados por la crisis y de los propios trabajadores. Y hacerlo sin sombra alguna de corrupción, aumentando la transparencia, apoyándose en el diálogo social y consiguiendo un destacable aumento en la confianza de consumidores y empresarios lusos.

Para ello, el gobierno de izquierdas portugués ha adoptado medidas como la subida del salario mínimo y un compromiso de aumentarlo un 25% en cuatro años, la reducción de la jornada laboral a funcionarios hasta las 35 horas y la recuperación del poder adquisitivo perdido durante la crisis, convirtiendo contratos temporales en indefinidos, aumentando las pensiones, con un ambicioso programa de empleo juvenil, así como un plan de lucha contra la pobreza energética que es la envidia de toda Europa, entre otras decisiones. Y el resultado, en el cerca de año y medio de gobierno presidido por el socialista Antonio Costa, no ha podido ser más deslumbrante. Portugal ha rebajado su déficit público por debajo del 2%, el nivel más reducido de toda la etapa democrática, con una tasa de paro inferior al 10%, la menor en 8 años, y la mayor caída del desempleo en el pasado trimestre registrada en los últimos 28 años.

Claro que Portugal tiene también problemas, como su elevado nivel de deuda pública, un sector bancario dañado, la baja tasa de ahorro y el retroceso demográfico, combinado con una fuerte emigración juvenil, entre otros. Pero que un gobierno de coalición de izquierdas trabaje desde la confianza y el respeto, demostrando que es posible mejorar la economía y el empleo en países tan dañados por la crisis, aplicando políticas que rompan con la espiral de recortes, austeridad y desempleo, debería hacer pensar a toda la izquierda, en España y en toda Europa.

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