Coronaciudades

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Hemos comenzado eso que se ha dado en llamar la nueva normalidad, otro de esos términos polémicos que, en definitiva, nos avisa de que en adelante tendremos que saber coexistir con el covid-19. La emergencia sanitaria va a dar paso al nuevo mundo que deja la presencia del patógeno entre nosotros, con el que tendremos que aprender a convivir, al menos durante algún tiempo, tras la dura experiencia del confinamiento.

Todos los planos de nuestra vida van a verse afectados, de manera que vamos a experimentar transformaciones de mayor o menor intensidad que van a cambiar nuestra forma de vivir, de trabajar y de relacionarnos. No me refiero, únicamente, a los aspectos materiales, como el trabajo, el consumo o nuestros desplazamientos, sino a otros más relacionales, como el valor de la compañía, la importancia de la cercanía con los otros, el placer de las cosas pequeñas como pasear, disfrutar de los parques y plazas que tenemos cerca de casa, sentarnos a tomar un café o una cerveza tranquilamente mientras conversamos o leemos, apreciar más la proximidad y todo lo que tenemos. Y todo ello lo podemos hacer en nuestros barrios y ciudades.

El confinamiento ha puesto en valor lo más cercano, aquello que nos permite vivira una escala más humana y que da a nuestra vida mayor intensidad. En modo alguno se trata de renunciar a otras muchas posibilidades que el mundo ofrece, sino de avanzar en lo que se denomina como glocal, un término que hace referencia a la importancia que tiene la vida más próxima que realizamos en el espacio local, sin renunciar a todo lo que nos aporta la dimensión global con la que estamos interconectados. Tenemos que dar más importancia a las cuestiones básicas de nuestra vida, y una parte importante de elladiscurre a nuestro alrededor.

Nuestras ciudades van a cambiar en varias direcciones. El uso que tendremosque hacer de ellas debe ser más seguro para prevenir, en la medida de las posibilidades, nuevos contagios. No se trata, únicamente, de mantener distancias de seguridad y medidas de higiene que se van a convertir en habituales, sino de facilitar que todo ello se pueda realizar sin renunciar a vivir, convivir y disfrutar en ellas. Muchos de esos cambios ya estaban en marcha, obligados por el cambio climático, la necesidad de avanzar hacia una mayor sostenibilidad y el cumplimiento de los acuerdos derivados de la Agenda 2030. Posiblemente, la pandemia de covid-19 acelere muchos de ellos, además de impulsar otros enfoques que permitan avanzar hacia urbes más humanas, más ecológicas y más sanas.

De repente, nos hemos dado cuenta de que las aceras estrechas parecen amenazantes cuando nos cruzamos con otra persona y numerosos ayuntamientos han dado más espacios a los peatones para pasear con tranquilidad. Muchos han vuelto a recuperar la bicicleta como un medio sano de desplazamiento e ideal para las distancias cortas. Las terrazas, tan importantes en nuestras ciudades mediterráneas, tendrán que estar mucho más esponjadas para evitar aglomeraciones. También el comercio tiene que facilitar unas medidas de seguridad desconocidas hasta ahora, sin olvidar unas redes de transporte que deben de redimensionarse para evitar focos de infección. En adelante, todo ello deberá tenerse en cuenta en los procesos de planificación urbana.

En algunos foros avanza la idea de repensar las ciudades con interesantes propuestas, como la que impulsa la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, denominadaciudades de los 15 minutos, basada en una investigación realizada por la Universidad de la Sorbona. En ella, se analizaban las transformaciones necesarias en el mundo urbano, tomando en consideración la relación entre el espacio y el tiempo útil de las personas. La originalidad de la propuesta es que da un salto, pasando de la planificación urbana habitual a la planificación de la vida urbana, proponiendo la generación depequeñas ciudades policéntricas, interconectadas en trayectos cortos de hasta quince minutos, con una alta calidad de vida, mucho más humanas y solidarias, donde sepuedan llevar a cabo las funciones sociales urbanas esenciales.

Se trata de avanzar hacia un nuevo modelo de vida urbana que rompa la segmentación espacial y social, fuente de malestares y tensiones, dando valor a la proximidad. Para ello, se trabaja en otorgar más importancia a los peatones, limitando el acceso a los vehículos de motor y favoreciendo los desplazamientos en bicicleta. Además de crear mas calles peatonales, se implantarían otras con tráfico reducido en las que hay más presencia de plantas y árboles, abriendo calles para niños alrededor de todos los colegios, con áreas de juego. También se propone dar valor cívico a las escuelas públicas como espacio lúdico para el barrio, creando espacios artísticos móviles y abriendo nuevas salas de estudio y encuentro intergeneracional. En todo ello ocupanun lugar muy importante los comercios de barrio, facilitando su labor y acercándolos a los vecinos mediante servicios nuevos, además de formar a la policía municipal en la mediación vecinal, entre otras muchas propuestas que ya se están implantando en algunas capitales.

En definitiva, el covid-19 nos da una magnífica oportunidad para repensar nuestras ciudades y dar más valor en ellas a la vida de las personas.

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