Más y mejor pedagogía sobre las migraciones

Inmigrantes vendimiando en Socuéllamos, Ciudad Real

Si hay un reto de futuro crucial que tienen entre manos los países occidentales son las migraciones, unos desplazamientos humanos que se han producido a lo largo de la historia y que han sido fundamentales para el avance y el desarrollo de sociedades y economías. No es casual que entre los países más dinámicos, prósperos y con mayores niveles de riqueza se encuentren aquellos que cuentan con una mayor proporción de población extranjera. Poco se ha destacado el papel de la movilidad humana en la reducción de la pobreza en el mundo y la redistribución global de oportunidades.

En el caso de España, son tantos los estudios e investigaciones que demuestran empíricamente cómo el progreso experimentado está estrechamente vinculado a la llegada e incorporación económica, social y laboral de sus 8,7 millones de ciudadanos extranjeros, el 17,8% de la población total del país, que avergüenza escuchar tantas declaraciones incendiarias de políticos que no paran de arrojar contra ellos basura, criminalizándolos y deshumanizándolos. Así, se suceden afirmaciones tan disparatadas como irresponsables, que llegan a reclamar desde llevar a la Armada a países africanos para bombardear las costas desde donde salen pateras, a realizar deportaciones imposibles que la ley no permite de cientos de miles de inmigrantes, mientras incluso se llega a negar que haya que socorrerles y salvarles la vida.

Con el paso de los años, la inmigración se ha convertido en munición de grueso calibre que alimenta batallas, enfrentamientos y campañas de desinformación, protagonizadas por la extrema derecha y a las que se están sumando otras fuerzas de derecha y gobiernos en diferentes países del mundo. El resultado es que los inmigrantes se han convertido en cómodos chivos expiatorios a los que culpar de buena parte de nuestros problemas, al tiempo que se alimentan percepciones y bulos que contribuyen a alejarnos de un mejor conocimiento de unas causas y procesos migratorios extraordinariamente complejos, aumentando un sentimiento antiinmigración que extiende la criminalización y la xenofobia gratuitamente entre la sociedad. Por ejemplo, ¿sabe Feijóo que las personas en situación irregular actualmente en España son menos de un tercio de las que había en 2015 con M. Rajoy?

Cualquier responsable político que quiera gobernar un país como España debería comprender que va a tener que gestionar unas migraciones complejas que forman parte de nuestro presente y de las que dependerá nuestro futuro, es así de claro y de sencillo. Por ello, quienes no dejan de confundir, mentir, dividir o, sencillamente, envenenar a una sociedad que ha sido siempre solidaria como la de España, utilizando perversamente la inmigración para dañar la convivencia, están demostrando también que no son merecedores de ninguna responsabilidad pública. Y sin embargo, siguen surgiendo nuevas fuerzas nacionalpopulistas que compiten en xenofobia con la ultraderecha de Vox, arrastrando también al Partido Popular y a Junts a ese espacio. En todos ellos hay una coincidencia: alimentar bulos xenófobos carentes de rigor.

Tanto esfuerzo puesto en atacar y desvirtuar a la inmigración va dando sus frutos en sectores de población que viven en un mundo irreal repleto de inmigrantes que van a okupar sus casas, de negros que han venido para violar a sus hijas y de menores tan peligrosos como Osama Bin Laden en sus “mejores” tiempos y no es una exageración. Una investigación reciente publicada por la Fundación vasca Iseak, realizado por tres investigadores y financiado por la Diputación Foral de Bizkaia, señala cómo la población autóctona carece de información precisa sobre los inmigrantes, considerando que son más (un 28%) de los que realmente hay (el 17%), que están más desempleados (un 40%) de los que son (el 16%) y que reciben muchas más ayudas (un 50%) de quienes realmente las obtienen (el 11%). Una de las conclusiones de esta investigación es que dedicar tiempo y esfuerzo en informar a la ciudadanía con datos verídicos sobre la realidad de la población inmigrante, no sólo corrige las percepciones erróneas que se difunden y extienden entre muchas personas, sino que también contribuye a conocer mejor las políticas y procesos sobre los que no dejamos de escuchar barbaridades, ayudando a una mejor incorporación de estas personas.

En esta línea, otra investigación del Banco de España realizada por tres investigadores de su Departamento de Estudios concluye que la tasa de actividad de los inmigrantes en España, situada en el 78%, es de las más elevadas de la UE, superior en más de cuatro puntos a la de los nacidos aquí, contribuyendo así decisivamente al crecimiento del empleo. Este análisis destaca cómo el nivel educativo medio de los extranjeros llegados a España es de los más altos, por encima de países como Alemania e Italia.

Pero además de datos, hay que construir políticas distintas con otra narrativa. Por ello es tan importante emplear más esfuerzo y convicción en explicar la realidad de una movilidad humana globalizada y de unas personas inmigrantes que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido.

Las migraciones, tan complejas en sus causas como difíciles en sus respuestas, van a continuar formando parte de las sociedades contemporáneas y seguirán siendo un reto gestionarlas adecuadamente. El desafío es avanzar dando respuesta a los problemas estratégicos que se presentan, por colosales que sean, no crearlos o aumentarlos como algunos hacen, a base de sembrar miedo, alimentar odio y extender el veneno de la xenofobia.

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