Peor que a los animales

Son numerosas las críticas que podemos poner sobre la mesa, pero con todo lo que estamos viviendo pocas dudas existen de que Europa es, hoy en día, el mejor de los mundos posibles, un territorio en el que mayor libertad y respeto podemos encontrar cuando estos y otros muchos valores están siendo reducidos a cenizas a una velocidad acelerada en muchos países por todos esos bárbaros que defienden sin rubor los intereses de los poderosos.

Ese artefacto tan complejo llamado Unión Europea ha avanzado tanto sobre los derechos de las personas que desde hace tiempo se ha decidido a proteger, también, los derechos de los animales como en ningún otro lugar del planeta. La defensa de los animales representa una nueva conciencia social que refuerza nuestros valores morales y el cuidado por un planeta común que tenemos la obligación de respetar y proteger, como especie racional más evolucionada que somos. Los animales son seres sensibles que sienten dolor y tienen la capacidad de experimentar emociones, por lo que merecen que se les eviten daños y sufrimientos crueles.

Y en esa línea, desde la UE se ha construido el conjunto de normas y acuerdos más sofisticados del mundo a favor del bienestar animal que recogen cinco principios fundamentales contenidos en el convenio europeo de protección hacia los animales y las explotaciones ganaderas: libertad de hambre y de sed; libres de molestias; libres de dolor, heridas y enfermedades; libertad de expresar un comportamiento normal y libertad de miedo y angustia. Hasta un comisario europeo de Salud y Bienestar Animal tenemos los europeos, el húngaro Olivér Várhelyi, comprometido con que avancemos en contar con elevados estándares en el mejor trato hacia los animales.

Artículos, tratados, estrategias, plataformas, directivas, normas y disposiciones crean un marco legal y técnico muy extenso hacia el bienestar animal del que todos debemos sentirnos orgullosos porque, además de avanzar en una mejor ética social, contribuye a un respeto sobre los ecosistemas y los ciclos naturales de las especies animales. Hasta el punto de aprobar normas para que, por ejemplo, las gallinas dispongan de un espacio básico, una alimentación adecuada y hasta de cortinillas para que las ponedoras tengan una cierta “intimidad”. O para que las granjas de cerdos mejoren las condiciones de vida de estos animales y se garantice que puedan entretenerse. Incluso se regula que las granjas lecheras den una adecuada alimentación a las vacas, con un alojamiento apropiado, garantizando su buen estado sanitario y que disfruten de un comportamiento satisfactorio como especie.

Sin embargo, la Unión Europea y el resto de los países occidentales mantienen a un pueblo entero, a millones de personas, mujeres, niños y hombres, bebés, jóvenes y mayores, sin considerarlos siquiera como animales. Son los palestinos, que están siendo asesinados de la manera más bárbara, cruel y salvaje que podamos imaginar por los israelíes, como estamos asistiendo en Gaza o Cisjordania. De manera que mientras reconocemos que los animales puedan sufrir dolor, experimentar emociones y no soporten un trato cruel, aceptamos que los palestinos sean tratados mucho peor que cualquier animal sobre el que desplegamos nuestra protección.

Es verdad que es una situación que viene desde hace tiempo, habiendo preparado el terreno para asistir, en tiempo real y sin inmutarnos (o mejor dicho, tratando de mirar para otro lado), al mayor genocidio contemporáneo, una auténtica vergüenza para la humanidad. Para ello, desde Israel se ha trabajado en la deshumanización de la población palestina, sometida desde hace tiempo a las condiciones más duras que ningún otro pueblo soporta hoy en día en el mundo, peor que muchos de esos animales que cuidamos en las granjas europeas. De manera que mientras que no permitimos maltratar a los perros, un avance que nos hace mejor como sociedad, dejamos que se asesinen a miles y miles de personas de las formas más crueles y salvajes, lo que nos devuelve a los peores tiempos. Mientras no toleramos que se quemen vivos a los gatos, dejamos que el ejército israelí lance bombas incendiarias sobre tiendas de campaña en las que se alojan familias enteras para incinerarlas vivas. Mientras no dejaríamos que se disparara o bombardeara sobre caballos, vacas o gallinas, permitimos que uno de los ejércitos más poderosos y sanguinarios lo haga sobre los gazatíes por el simple hecho de ser palestinos. Y mientras impedimos y actuamos, con absoluta razón, contra la tortura animal, el abandono o su falta de alimentos, dejamos que un gobierno genocida que disfruta con la muerte anuncie que corta el agua y los alimentos básicos a millones de personas que malviven entre los escombros de la destrucción al borde de la muerte, cuando no los bombardea.

Tanto mirar para otro lado desde hace años con las barbaridades cometidas por Israel sobre la población palestina que Europa está tolerando lo intolerable, habiendo perdido por el camino cualquier atisbo de autoridad moral y de dignidad política.

Es algo que algunos palestinos vienen pidiendo como pueden desde hace tiempo, que los países europeos les traten como animales para de esta forma recibir toda la protección que mantenemos sobre muchos de ellos y desplegar la simpatía que les mostramos. Quién sabe si entonces, como sociedad, mostraremos compasión hacia la población palestina, al menos como la que mantenemos hacia los animales. No son menos.

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