
Los datos y el relato que la extrema derecha pregona machaconamente con entusiasmo en España, defendiendo como ejemplos de su ansiada gestión a gobiernos autoritarios y bárbaros como los de Trump en Estados Unidos o Miley en Argentina, tienen altas dosis de maldad al ocultar las barbaridades que estos gobernantes impulsan y que estos líderes hispanos apoyan sin miramientos.
Son tantas las ocasiones en que la extrema derecha de Vox y la derecha extrema del PP acusan a Pedro Sánchez y a su ejecutivo de tantos disparates que sus adjetivos han acabado por vaciarse de significado. Porque si quieren encontrar ejemplos de gobiernos a los que poder dirigir sus dardos envenenados repletos de maldad solo tienen que mirar a sus amigos del gobierno estadounidense de Donald Trump donde encontrarán muchas de las acusaciones que hacen a este ejecutivo y a sus socios.
Como muestra, la polémica por la aceptación personal por parte de Trump de un lujoso avión presidencial Boeing 747-8I, valorado en más de 400 millones de dólares, regalado por la familia real qatarí, que retrata a la perfección la inmoralidad reinante en la Casa Blanca. La Constitución de Estados Unidos recoge de manera taxativa en el artículo I, sección 9, cláusula 8 que “ninguna persona que ocupe un cargo remunerado o de confianza podrá recibir, sin el consentimiento del Congreso, ningún regalo, emolumento o título de ninguna clase de ningún rey, príncipe o estado extranjero”. No hay interpretación posible a una prohibición tan clara como estricta. Pero ante la oferta de este lujoso regalo, Trump se ha inventado la opción de que se entregue a su fundación, aunque lo vaya a disfrutar él mismo como presidente de Estados Unidos. Hasta el punto de que en su reciente visita a Oriente Medio ha hecho una parada en Qatar para agradecer personalmente a su emir, Tamim bin Hamad Al Thani, el regalito y, de paso, visitar con glotona satisfacción el fastuoso avión, anunciando las reformas multimillonarias para convertirlo como avión presidencial en Air Force One. Y ya de paso, aprovechando que se visitaba a sus espléndidos anfitriones qataríes, la familia Trump avanza la construcción de un lujoso resort turístico en este emirato a cargo de sus empresas, mientras a cambio, la misma familia Trump, tan emprendedora ella, recibe compras multimillonarias de sus criptomonedas por parte de poderosos miembros de la familia del emir y de otros jeques del Golfo Pérsico a los que han visitado. Claro que la familia Trump al completo, encabezados por el propio presidente, ya ha organizado cenas en la Casa Blanca con compradores de criptomonedas para promocionar las que ellos mismos han creado, así que nada distinto a lo habitual. Es lo que tiene esa libertad que defiende la extrema derecha.
Esta enorme polémica, que ha dado la medida de la profunda corrupción que envuelve a Donald Trump, ha coincidido con otras muchas barbaridades emprendidas por el presidente que están conmocionando a su país, sumido en una deriva autoritaria aterradora que conecta con momentos terribles de la historia reciente. Así, desde la Casa Blanca se anuncia el deseo de eliminar un derecho tan sagrado como es el habeas corpus a los inmigrantes, justificándolo con que ya lo hizo el Congreso durante la guerra de Secesión, en el siglo XIX y que el país vive un estado de guerra por la invasión de inmigrantes. La simple propuesta de suspender un derecho tan fundamental que garantiza que toda persona detenida pueda ser llevada ante un juez para que decida sobre la legalidad de una detención, queriendo eliminarlo a las bravas, con la simple firma de uno de esos absurdos decretos presidenciales que suscribe Trump ante los medios de comunicación, nos habla del nivel de fascismo instalado en la Casa Blanca y el grado de maldad que se maneja. Defender hacerlo contra un grupo de personas, los inmigrantes, a los que el gobierno de Trump considera enemigos a eliminar por todos los medios posibles, incluyendo detenerlos por encapuchados en la calle y mandarlos sin juicio ni audiencia alguna a esas aterradoras cárceles de El Salvador convertidas en vertederos humanos, coloca al gobierno de Estados Unidos, tan admirado y elogiado por personas como Abascal y Ayuso, como una peligrosa dictadura autoritaria.
Y es que solo un gobierno autocrático y tirano como el que dirige Donald Trump puede nombrar fiscales a amigos personales procedentes de medios de comunicación afines. Esto es lo que está haciendo para asegurarse la defensa y salvaguardia de sus intereses ante los tribunales, siendo su última designación como fiscal del distrito de Nueva York la de Jeanine Pirro, anterior presentadora en la cadena ultraderechista Fox y habitual propagadora de “fake news”, contabilizándose ya una veintena de estos nombramientos tan surrealistas. Es como si aquí, en España, Ayuso nombrara fiscal a Eduardo Inda, en agradecimiento a los servicios prestados, aunque nunca se sabe.
Podemos seguir llenando páginas y páginas de auténticas barbaridades promovidas en estos pocos meses de mandato por Donald Trump que dinamitan por completo la democracia y la ley. Lo llamativo es que esta sea la guía y el norte elogiado y defendido por la derecha extrema en España. Que empiecen por explicar cómo aplicarán estas medidas tan aplaudidas, en lugar de inundar de insultos a un gobierno tan alejado de todas estas barbaridades que desde Vox y el PP defienden entusiasmados.