En memoria de Arcadi Oliveres

Reconozco que me recorre una extraña sensación al tratar de homenajear la figura de una persona recientemente fallecida y no invadirme un sentimiento de pena o de tristeza. Pero es algo lógico al tratarse de alguien como Arcadi Oliveres, cuya muerte se produjo hace pocos días con la misma coherencia, incluso me atrevería a decir que con la misma belleza con la que recorrió la vida desde el compromiso activo frente a las injusticias, las pobrezas y las violencias.

Hablar de Arcadi (todos lo llamábamos siempre por su nombre) es hacerlo de una de las personas más queridas y respetadas entre movimientos sociales y ONG, cristianos de base y grupos eclesiales, activistas y militantes de causas diversas, como atestigua el hecho de que sus charlas y conferencias contaban, siempre, con un lleno absoluto de personas con orígenes, perfiles y edades muy diversas. Pero es que el gran Arcadi tenía la capacidad de llegar a todos los públicos con sus análisis claros, directos y comprometidos, habiéndose ganado un respeto y una admiración de años de compromiso público con algunas de las causas más importantes que han estado encima de la mesa en las últimas décadas, dando razones, argumentos y humanidad a estas reivindicaciones.

Pocas personas se han recorrido España de punta a punta con tanta disponibilidad y amabilidad como lo ha hecho Arcadi durante años, hablando con claridad de asuntos que muy pocos profesores universitarios se atrevían a mencionar, acompañado de su sonrisa apacible, su andar lento y su barba blanca que le imprimía una especial ternura. Mucho antes de que se conocieran los casos de corrupción vinculados a la familia real, Arcadi cuestionaba públicamente una monarquía rodeada de irregularidades. Cuando pocos se atrevían a explicar algunas de las prácticas de las grandes empresas transnacionales, Arcadi analizaba con nombres y apellidos la impunidad de muchas de sus actuaciones. Sin dejar nunca de denunciar el gasto militar inútil, de pedir pan y derechos para los pobres, de reclamar un reparto justo de la riqueza y los recursos, siempre reivindicando una no violencia que fue seña de identidad a lo largo de toda su vida. Y lo hacía, además, desmenuzando las cifras con una facilidad pasmosa, ofreciendo infinidad de ejemplos cotidianos y divertidas anécdotas que daban mayor humanidad a lo que explicaba.

Profesor de Economía Aplicada en la Universitat Autònoma de Barcelona desde 1980, vinculó siempre su trabajo académico con el compromiso activo con diferentes causas sociales como el pacifismo, la cooperación al desarrollo, el 0,7%, la abolición de la deuda externa, la justicia global, los desmanes del capitalismo, la lucha a favor de los inmigrantes sin papeles, la objeción de conciencia contra el servicio militar obligatorio, el altermundialismo y los propios movimientos sociales en los que asumió bien pronto importantes responsabilidades. Presidente de Justícia i Pau, de la Federació Catalana de ONG per la Pau, de Cristians pel Socialisme, de ATTAC, de Finançamen Étic i Solidari y de la Fundació Universitat Internacional de la Pau, nunca eludió su compromiso con el mundo social, a diferencia de la política, a la que siempre rechazó vincularse. Abiertamente republicano y decididamente independentista, tenía claro que la independencia de Cataluña solo era válida si contribuía a mejorar la vida de las personas, hasta el punto de llegar a afirmar que, según en manos de quienes estuviera una Cataluña independiente, quizás era mejor no tener la independencia.

Tuve la fortuna de coincidir con Arcadi en varias jornadas en las que nos habían invitado a ambos a intervenir. Recuerdo vivamente una de ellas, en julio de 2002 en Tenerife, invitados por la Coordinadora de ONGD de la isla. Acudíamos de manera desinteresada. Al coger el vuelo de vuelta se olvidaron de nosotros en el hotel y estuvimos a punto de perder el avión, pero Arcadi, cansado, se lo tomó con una tranquilidad admirable. Posteriormente le invité en varias ocasiones a intervenir en la Sede de la Universidad en la ciudad, aceptando rápidamente mi petición, a pesar de que había sufrido un infarto reciente y estaba pendiente de la salud de un hijo que fallecería poco tiempo después. Siempre me llamó la atención comprobar cómo Arcadi conseguía enamorar a los asistentes a sus charlas, contagiándoles de una extraña energía que hacía pensar que, aunque fueran difíciles las causas, solo estaban perdidas si dejábamos de pelear por ellas. Nuestros paseos y charlas por Alicante hablando de nuestras luchas y preocupaciones, eran un enorme regalo de alguien que derrochaba sabiduría desde la humildad.

Conocer a Arcadi y haber compartido conferencias, reflexiones y luchas ha sido algo tan valioso que permanece en nosotros de por vida. Un enorme regalo al que se añade la enorme bondad y generosidad que derrochaba, esa amabilidad tan elegante con la que siempre nos trataba. Pocas personas han mantenido tanta honestidad personal e intelectual y de pocas personas hemos aprendido tanto durante tantos años.

Cuando en enero conoció que le quedaban pocos meses de vida, decidió regresar a su casa para morir tranquilamente, con los suyos y con el cariño de miles de personas que de distintas maneras le hemos trasladado nuestro profundo reconocimiento. Sabía, como buen cristiano, que la esperanza que predicó era una semilla que fertilizó en muchos corazones.

2 pensamientos en “En memoria de Arcadi Oliveres

  1. Hola Carlos, has conseguido emocionarme con este enorme rercuerdo a Arcadi. Suscribo tus palabras una a una. Gracias por este entrañable homenaje. Abrazos.

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