Comprender la pobreza que vivimos

Hace pocos días se conocieron las últimas cifras sobre pobreza y exclusión social en España, difundidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a través de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), para el año 2021. Tratar de conocer los perfiles y la profundidad de la pobreza sobre nuestra sociedad no es una tarea sencilla, utilizándose para ello indicadores, series estadísticas y metodologías de distinta naturaleza, todas ellas con limitaciones y riesgos. Para valorar mejor los datos que se acaban de conocer, bueno es que tengamos en cuenta algunas precisiones técnicas iniciales que, si bien son de importancia para los investigadores que trabajamos con estas estadísticas, son particularmente importantes en este momento.

La Encuesta de Condiciones de Vida tiene la ventaja de ser una estadística armonizada que se realiza simultáneamente y con los mismos criterios en todos los países de la Unión Europea desde el año 2004, facilitando información sobre la renta, así como del nivel y composición de la pobreza y la exclusión social en todos los estados miembros, permitiendo la comparación a nivel regional y entre países de la UE.

Es importante destacar dos aspectos importantes que determinan el sentido de la información que se acaba de publicar y su interpretación. En primer lugar, a raíz de la pandemia se cambió la manera de recoger los datos de la muestra extraordinariamente amplia, que para toda España está formada por entrevistas a 52.000 personas. Antes de la pandemia, la ECV se realizaba exclusivamente mediante entrevistas personales, pero desde 2020 se han incorporado métodos multicanal, mediante entrevistas personales (ahora solo el 7%), entrevistas telefónicas (53%) y por Internet (40% restante). Se vigila que este cambio no afecte a la calidad de los datos obtenidos.

Pero el segundo y más importante cambio afecta a la composición de un indicador clave de esta encuesta, fundamental para conocer el impacto de la pobreza en nuestra sociedad. Nos referimos a la tasa Arope (Alto riesgo de pobreza y exclusión social), indicador europeo armonizado que mide la pobreza de forma multidimensional, a través de variables que estudian las condiciones de vida y a las carencias materiales y sociales de las personas. Aunque son conceptos técnicos de una cierta complejidad, lo importante es saber que en los datos que el INE acaba de presentar para el año 2021 se han modificado en esta tasa Arope dos de los tres indicadores que la definen y sobre la que se calcula, referidos a la incorporación del concepto de carencia social junto a carencia material severa, añadiendo nuevos conceptos de carencia social y material y precisando mejor la definición de Baja Intensidad en el Empleo en relación a personas en edad laboral que han trabajado menos del 20% del total de su potencial durante el año de referencia.

Estos cambios se han introducido de acuerdo con los nuevos objetivos establecidos en la Estrategia Europa 2030, de manera que los datos de 2021 sobre tasas de pobreza presentan diferencias sobre los años anteriores. Hasta el punto de que en las cifras ofrecidas para 2021 se muestran las referidas a los nuevos indicadores y con los anteriores.

Llegados aquí, podrán preguntarse que para qué sirven todas estas explicaciones de carácter técnico. Pues bien, obedecen a dos razones importantes para tener en cuenta, especialmente ante las urgencias a la hora de valorar datos. En primer lugar, la necesidad de estudiarlos con calma y sin precipitaciones para comprenderlos adecuadamente y, a su vez, conocer en detalle aspectos metodológicos que determinan su sentido, especialmente en estadísticas tan importantes como complejas, como sucede con la Encuesta de Condiciones de Vida que facilita datos básicos sobre pobreza en nuestra sociedad.

Una primera lectura de los datos conocidos sobre las condiciones de vida en España para el año 2021 nos ofrece algunas conclusiones interesantes. Así, en el conjunto de España, la tasa Arope de población en riesgo de pobreza o exclusión social habría pasado del 27% de 2020 al 27,8% en 2021 (con los indicadores nuevos). Este crecimiento se ha debido al aumento en dos de sus tres componentes: la tasa de personas con baja intensidad en el empleo (que pasó del 10,0% en 2020 al 11,6% en 2021) y la población en riesgo de pobreza (que pasó del 21% al 21,7%). Los datos evidencian que las personas subempleadas en España por efecto de la pandemia han seguido creciendo, al tiempo que el impacto de la crisis generada por la Covid-19 en los hogares ha sido muy elevada en sus inicios, ya que los datos de renta de esta encuesta son de 2020.

Sin embargo, hay un dato bueno, como es el descenso de las personas residentes en hogares con carencia material y social severa, que se ha reducido ligeramente en dos décimas, hasta el 8,3% en 2021. A diferencia de lo ocurrido en crisis anteriores, las medidas sociales de choque desplegadas para paliar los efectos económicos de la pandemia sobre los sectores más vulnerables han funcionado, algo que se demuestra también por el crecimiento de los ingresos medios por persona en el escenario de profunda crisis como el que hemos atravesado.

Sin embargo, todo está cambiando muy rápidamente en un escenario novedoso, cambiante y repleto de incertidumbres que está abriendo sobre los sectores más pobres numerosas brechas a lo largo de este año.

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