Sobrevivir en tiempos sombríos

Sabíamos que la vida no era una aventura sencilla, ni mucho menos, pero últimamente tenemos una extraña sensación. Encadenamos un día tras otro con el vértigo de comprobar que todos los puntos cardinales que delimitaban el mundo han desaparecido, como si ese mínimo común denominador que hacían posible la vida, la decencia, el respeto, la tolerancia y nuestra preocupación hacia los demás se hubiera desintegrado, habiendo sido sustituidos por la violencia, la inmoralidad, el odio, la infamia y el deseo de atropellar, humillar y eliminar a los que son distintos.

Miremos donde miremos, la arrogancia, un desacomplejado autoritarismo y el odio parecen imponerse, arrinconándonos a todos aquellos que no queremos aceptar este lenguaje. Y es que avanzamos sobre una gigantesca descomposición global que, como si camináramos sobre el hielo, se resquebraja bajo nuestros pies, proyectando tiempos muy sombríos. El mundo y las miradas para interpretarlo están cambiando de manera vertiginosa, pasando a convivir con el riesgo y la barbarie, la violencia y la ruptura de normas básicas que, como sucede con el derecho internacional y la diplomacia, se han convertido en chatarra.

El problema es que en estos momentos, desde Estados Unidos se proyecta un gigantesco declive sobre el mundo, espejo de una potencia que avanza hacia un fascismo autoritario de carácter personal que está desmantelando las bases democráticas del país, empujándonos por una pendiente desconocida. Su constitución es anticuada; sus instituciones, débiles; sus partidos políticos, muy deficientes y el conjunto de su gobernanza, más que cuestionable, pero ha mantenido estructuras imperiales desde la Segunda Guerra Mundial que han situado al país como una gigantesca economía extractiva, respaldada por su poder militar, siendo capaz de atraer talento y succionar riqueza. Todo ello está saltando por los aires a una velocidad inusitada, asistiendo a su progresiva degradación hasta extremos inconcebibles.

Tras la debacle arancelaria que ha sumido el comercio mundial en el caos y está llevando a la economía estadounidense hacia un peligroso declive, ahora están acelerando la caza de inmigrantes por las calles, especialmente en los estados gobernados por demócratas, fijándose un mínimo de 3.000 expulsiones al día para poder deportar más de un millón de inmigrantes al año. Y para ello, funcionarios enmascarados del ICE (el Servicio de Inmigración) entran en juzgados, empresas, hospitales, iglesias, colegios y supermercados para detener a inmigrantes, muchos de ellos trabajadores con años de residencia y familia instalada, para meterlos en aviones y mandarlos a otros países, sin importar si dejan a niños solos desatendidos.

Las situaciones vividas están siendo tan crueles que en las calles y delante de las instituciones a las que llegan los funcionarios del ICE para “cazar inmigrantes” se han desencadenado grandes protestas, que en California han desembocado en el envío de efectivos de la Guardia Nacional y hasta de tropas del ejército con autorización para disparar sobre los manifestantes. La oposición del gobernador demócrata ante estas decisiones que vulneran sus competencias llevó la pugna a los tribunales que, una vez más, anularon las medidas de Trump. Desde la Casa Blanca se ha recurrido el fallo judicial, anunciando Trump que sus atribuciones como presidente de Estados Unidos están por encima de las decisiones de los tribunales.

Y es que nada detiene a Donald Trump para romper estructuras democráticas tan sagradas como la obediencia constitucional del ejército, tratando que pase a aceptar como única autoridad la presidencial. Y para ello, organiza primero un mitin cutre en Fort Brag, una de las mayores instalaciones militares de los Estados Unidos, para insultar a los gobernadores de los estados demócratas que se oponen a las redadas de inmigrantes y a las sanciones a las universidades, incluyendo un puesto de venta de gorras y cachivaches del presidente. Y para rematar la degradación sobre el que se autodenomina como ejército más poderosos del mundo, se organiza pocos días después y coincidiendo con el 79 cumpleaños de Trump un insólito desfile militar por las calles de Washington, para mayor gloria del homenajeado, con un coste de 45 millones de dólares, en el que se vieron a cientos de soldados desaliñados y desganados caminando de manera impropia en lo que parecía más un concierto de los Village People. Una parada militar deslucida por el uso partidista de un ejército que no desfilaba por las calles desde la Guerra del Golfo, en 1991, contestada por más de 2.000 manifestaciones de protesta por todo el país con el lema “No King”, demostrando el grado de fractura social al que se está llevando a la sociedad y la degradación autoritaria sobre la que avanza Estados Unidos.

Otro ejemplo más del desprecio democrático alcanzado es la reciente ley de gigantescas bajadas de impuestos a los multimillonarios que acaba de aprobar la Cámara de Representantes, denominada: “One Big, Beautiful Bill” (que podría traducirse como “Una ley grande y bonita de facturas”) para destacar la belleza de aumentar el déficit a costa de que los ricos dejen de pagar los pocos impuestos que ya aportan, aumentando aún más los problemas económicos del país y su colosal deuda.

Así que no se trata, únicamente, de sobrevivir en tiempos sombríos, sino de poder mirar el futuro con la esperanza que merece una vida, una sociedad y un planeta en los que creemos y a los que respetamos. Algo que los autoritarismos de todo pelaje no hacen.

Deja un comentario