El activismo ciudadano en momentos de transformación: diagnósticos y desafíos para Alicante

En el marco de las actividades promovidas desde el “Aula de la ciudad de Alicante”, coordinada por los profesores Jorge Olcina y José Ramón Navarro Vera en la Sede Universitaria, el 26 de febrero tiene lugar una mesa redonda en la que se analiza la situación del movimiento ciudadano en la capital, debatiéndose sus desafíos más relevantes en momentos particularmente complejos como los que atravesamos. En ella, participo desarrollando un análisis con una fuerte base sociológica y de compromiso, combinando el análisis histórico y la crítica política e institucional, con propuestas transformadoras que tengan en cuenta los desafíos ante los procesos de transformación que atravesamos y que también vive nuestra ciudad.

Junto a las intervenciones y debates de este día, expongo un análisis sobre un eje fundamental en la vida de la ciudad, como es la participación y el activismo ciudadano en Alicante, a través de un diagnóstico y una identificación de desafíos.

Una breve mirada histórica para saber de dónde venimos

Hay que comenzar destacando la deuda que tenemos con ese movimiento ciudadano embrionario que surgió en momentos sociales y políticos muy difíciles en Alicante, fundamental para construir y mejorar una ciudad que era fruto del abandono salvaje y la especulación más brutal, donde faltaba de todo. Las primeras asociaciones vecinales nacieron al calor de la utopía, luchando por un futuro mediante lógicas de solidaridad, encuentro, reivindicación y trabajo conjunto en contextos muy ásperos y hostiles en el tardofranquismo e inicios de la transición.

Entre las organizaciones pioneras destacan Virgen del Remedio, que inicia su andadura a finales de los sesenta y Divina Pastora, legalizada en 1975, que siguen teniendo un papel muy activo, trabajando como escuelas de pedagogía política, democrática y social acelerada. En estas entidades se aprendía algo desconocido hasta entonces como era el activismo ciudadano junto al impulso de las redes de solidaridad. La construcción de un sentimiento novedoso de comunidad y la lucha ciudadana consiguieron diferentes equipamientos y servicios básicos, junto al rechazo a propuestas municipales dañinas para el conjunto de los vecinos.

La llegada del PP a la alcaldía, en 1995, de la mano de Luis Díaz Alperi, representó una importante involución para el movimiento asociativo vecinal en dos sentidos: con el inicio de un proceso de control clientelar de muchas entidades vecinales que se mantiene, junto a una dinámica de rechazo, obstaculización y hasta persecución contra aquellas organizaciones que plantaron cara y se opusieron a proyectos que habrían sido muy dañinos para la ciudad, como la construcción del palacio de congresos en el Benacantil o el plan Rabasa.

La corta etapa del tripartito, de 2015 a 2018, fue incapaz de invertir estas dinámicas e impulsar una renovación del activismo ciudadano, salvo acciones muy puntuales, alimentando a algunas organizaciones sin implantación, con una fragmentación interesada sobre algunos colectivos.

El mandato de Luis Barcala al frente de la ciudad, que se inicia en 2018, tras el triunfo de la investidura que contó con la abstención clave de la tránsfuga de Podemos y sus posteriores pactos con la ultraderecha, ha convertido Alicante en laboratorio del autoritarismo, blanqueando a Vox e impulsando su ideario ultraderechista y dogmático, con una profunda involución sobre el movimiento vecinal y la participación ciudadana.

De esta manera, Barcala y sus concejales del PP en este mandato y en el anterior vienen trabajando de manera activa para desmantelar, rechazar y despreciar todo atisbo de participación ciudadana, anulando órganos básicos establecidos legalmente, sin dejar de rechazar y menospreciar públicamente las peticiones, propuestas y aportaciones relevantes que surgen desde sectores vecinales y sociales. Hasta el punto de actuar con un autoritarismo radicalmente opuesto a la participación.

No es exagerado afirmar, por ello, que Alicante atraviesa el mayor retroceso en su participación ciudadana desde la restauración de los ayuntamientos democráticos, con una visión autoritaria del poder municipal que anula deliberadamente los cauces de diálogo legalmente establecidos, casando muy mal con una participación ciudadana capaz de construir consensos y aunar esfuerzos imprescindibles para hacer avanzar la ciudad. Porque la participación local exige de reconocimiento y respeto a través de un clima de diálogo y colaboración continuado, mediante procesos francos y transparentes. Todo lo contrario de lo que se impulsa desde el Ayuntamiento de Alicante en estos momentos.

Diagnóstico de la situación y ecosistema del activismo ciudadano en Alicante

Si tuviéramos que hacer un diagnóstico apresurado sobre el ecosistema ciudadano en Alicante, hay que reconocer su valioso papel en su lucha frente a propuestas históricas que hubieran afectado negativamente a la ciudad, junto a otras muchas en marcha actualmente. También hay que destacar iniciativas que no consiguieron sus objetivos, así como el surgimiento de movimientos ciudadanos nuevos que intentan defender Alicante de amenazas recientes, sin olvidar algunas asociaciones vecinales convertidas en propagandistas del gobierno municipal del PP.

Ahora bien, el activismo ciudadano en Alicante presenta un tejido deshilachado, con una notable debilidad, fragmentación y atomización, sin experiencias alternativas existentes en otras ciudades, como la gestión vecinal de centros sociocomunitarios o viviendas colectivas en gestión de uso sobre suelo público, por ejemplo. Al mismo tiempo, existe desde hace tiempo una mala convivencia entre el espacio político y el ciudadano, presentando una notable debilidad para articular visiones estratégicas y globales sobre la ciudad y su futuro.

Importancia democrática y social de la participación ciudadana

La participación es un instrumento fundamental para construir ciudadanía activa, consciente y crítica, implicada en el desarrollo de la ciudad y en sus transformaciones sobre la base de los derechos y las responsabilidades compartidas, capaz de conciliar intereses contrapuestos. Además, mejora los sentimientos de identidad urbana, impulsando procesos de cooperación que enriquecen la convivencia.

Todo ello ha sido estudiado desde hace tiempo por la sociología, estableciendo una estrecha relación entre el fortalecimiento democrático de las sociedades con los niveles más altos de implicación del movimiento asociativo, algo particularmente importante en nuestros municipios. Es así como la erosión de la participación ciudadana que se viene impulsando desde el Ayuntamiento también está dañando la salud de la democracia municipal.

Grandes transformaciones en el escenario político para la acción colectiva

Ahora bien, el nuevo escenario político que impulsa la derecha reaccionaria global, que también gobierna Alicante, está impulsando cambios en la acción colectiva sobre tres ejes fundamentales, de los que tenemos que ser conscientes. El primero de ellos se refiere al capital, que no solo concentra poder económico, sino que quiere decidir las agendas políticas, generando enormes fracturas entre el territorio en el que se adoptan las decisiones y el que habitan las personas. Para el capital, las ciudades son un lugar en el que extraer los máximos beneficios, recursos, dinero, contratas, privatizaciones, y lo hacen sin límite si los poderes públicos no priorizan el interés general, algo que no hace la derecha posdemocrática, como vemos.

El segundo afecta a los gobiernos de derecha, que están debilitando (o anulando) elementos básicos de redistribución, reducción de la desigualdad, justicia social y participación ciudadana, erosionando con ello los espacios comunes para defender, en cambio, los intereses privados del capital, a distintos niveles y escalas. Todo ello contribuye a desmovilizar a la ciudadanía, llevándonos a una democracia sin ciudadanos.

Por último, estaría el avance de las nuevas tecnologías, las redes sociales y la IA que imponen una visión cada vez más simplificada de la política y la sociedad basada en la polarización algorítmica, la espectacularidad y la viralidad, sustituyendo así el análisis crítico y el debate racional. Las redes sociales neutralizan el conocimiento e impacto de programas y actuaciones, como demostró el PP en las pasadas elecciones municipales al no presentar siquiera un programa municipal a los ciudadanos, ganando a pesar de ello las elecciones.

El resultado es una ciudadanía cada vez más desconectada y desapegada de la política municipal y de los grandes problemas de la ciudad en la que vive, disolviéndose los vínculos comunitarios al avanzar esa progresiva privatización de la vida que impulsan la derecha y el capital. Todo ello toma cuerpo en Alicante, gobernada desde 2018 por un alcalde del PP que mantiene acuerdos de gobierno con la extrema derecha de Vox, impulsando políticas reaccionarias, neoliberales y autoritarias convertidas en seña de identidad en una ciudad en caída libre. Como consecuencia, se vive un proceso de degradación social, urbana y moral, amparándose chiringuitos dogmáticos, disfuncionales e inoperativos.

Impacto de estas transformaciones políticas en Alicante

Todo ello es visible en el acelerado deterioro y desidia en sus barrios, con un abandono en la ejecución de programas esenciales sobre sectores y colectivos desfavorecidos que lleva a devolver importantes cantidades de dinero por intervenciones no ejecutadas, con un profundo desbarajuste municipal, como estamos viendo en el escándalo sobre la primera promoción de viviendas públicas promovidas por el Ayuntamiento en veinte años y que se han convertido en símbolo de corrupción y la injusticia. Sin olvidar tres aspectos clave en Alicante como son el impacto destructivo de la turistificación descontrolada, el abandono sobre los desafíos ecosociales y la transición ecológica así como el avance hacia una ciudad cada vez más desigual y polarizada.

Propuestas estratégicas para el activismo del activismo ciudadano en Alicante

Así las cosas, es importante preguntarnos por las tareas que como ciudadanos tenemos pendientes, en medio de este escenario político tan novedoso y atravesando una ruptura de los mecanismos democráticos de participación social. Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes también de un retroceso del asociacionismo, desincentivado por profundos cambios urbanos y demográficos, y obstaculizado desde los poderes municipales, dificultando tener un horizonte cívico compartido.

Para impulsar y renovar el tejido ciudadano tan deshilachado que tenemos en Alicante, se podría trabajar desde cuatro grandes ejes básicos, enriquecidos con las aportaciones, la experiencia y las vivencias de los diferentes colectivos.

El primero de ellos pasaría por cambiar el paradigma en la acción para superar particularismos y conjugar las protestas con las propuestas, diferenciando las tareas urgentes de la necesaria elaboración de visiones estratégicas sobre desafíos futuros de carácter sistémico. Para ello hay que reivindicar la ciudad como un patrimonio ciudadano, en lugar de utilizarla como simple mercancía o lugar de negocios destinada a consumidores. El segundo pasaría por un fortalecimiento de la estructura social en el movimiento ciudadano, generando alianzas amplias y promoviendo la codecisión en las políticas municipales. En tercer lugar, estaría la renovación en las formas de lucha, con protestas creativas y positivas que recuperen la utopía y profundicen en la convivencia. Y, por último, impulsar transformaciones que sitúen como responsables políticos municipales a personas cercanas, dialogantes, respetuosas, que recuperen todos los espacios de participación vecinal y respeten al movimiento ciudadano.

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