Chantaje marroquí desde la debilidad

Desde hace años, la monarquía sátrapa alauita viene chantajeando, desafiando y utilizando todo tipo de amenazas contra España como instrumento de presión política. Lo han sufrido todos los gobiernos, de uno y otro color, de muy distintas maneras.

Ha ejercido esa presión facilitando la salida de inmigrantes desde sus costas, suspendiendo los acuerdos de pesca, bloqueando las fronteras de Ceuta y Melilla, exigiendo material militar, tomando el islote Perejil, reclamando dinero a cambio de que sus gendarmes vigilen las fronteras, haciendo la vista gorda con las narcolanchas,  anexionándose unilateralmente aguas de nuestra jurisdicción, enviando a la real fuerza aérea de Marruecos a adentrarse en nuestro espacio aéreo, torpedeando la cooperación española en el Sahara, negándose a cumplir los acuerdos migratorios firmados, exigiendo un trato preferencial para sus productos, facilitando la actuación de grupos yihadistas o pidiendo que sus agentes secretos puedan actuar con impunidad en nuestro territorio.

Distintos presidentes acabaron siempre aceptando sus chantajes, haciendo de Marruecos uno de nuestros socios menos fiables y más impredecibles. Sucedió con Zapatero, que en el año 2008 regaló a Marruecos bombas y armamento por el precio simbólico de un euro, mientras miraba para otro lado ante las graves violaciones marroquíes a los derechos humanos en el Sahara, o con Rajoy, que en el año 2015 negoció ante la UE un tratamiento privilegiado para los productos agrícolas marroquíes, afirmando que este país era un “ejemplo democrático” a seguir en África. Todos los gobiernos en España han acabado pasando por el aro, en un momento u otro, ante los desplantes marroquíes, con el agravante de que los reyes de ambos países han presumido históricamente de una privilegiada relación de hermandad que nunca sirvió más que para pagar viajes y dispendios monárquicos.

Ahora, en un momento particularmente delicado, Marruecos nos ha lanzado su último órdago, planteando un chantaje inusitado que ha superado todos los límites, utilizando la desesperación de miles de sus ciudadanos, muchos de ellos menores, recogidos incluso de las calles de las ciudades en autobuses para llevarlos a la frontera con España y empujarles al mar, poniendo en riesgo su vida, para que invadan la ciudad de Ceuta, generando una crisis migratoria y humanitaria nunca vista.

No estamos hablando de inmigrantes forzados a desplazarse, sino de una monarquía autoritaria, corrupta y despótica que utiliza la miseria de su pueblo como instrumento deliberado de presión política, con la participación de su policía y su ejército, intentando con ello crear una situación crítica en otro país, en este caso en España y en la propia UE, para echar abajo la legalidad internacional en su beneficio.

Marruecos ha querido dar una patada a España pretendiendo, al mismo tiempo, que la UE reciba el golpe, en un momento de particular debilidad interna, avanzando en una crisis estructural progresiva, perdiendo credibilidad y respeto ante la comunidad internacional, mostrándose como un régimen autoritario que desprecia a su pueblo y al derecho internacional, manteniendo una política sistemática de provocación y desafíos permanentes en sus relaciones internacionales y con sus vecinos.

Es cierto que el Majzen (el rey y su oligarquía gobernante) ha repetido que el desencadenante de la crisis con España ha sido la atención hospitalaria humanitaria al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, de 71 años, enfermo grave de cáncer y con coronavirus, pero ni mucho menos es la razón fundamental del gigantesco disparate promovido por Mohamed VI contra España en Ceuta.

Comencemos señalando los graves problemas económicos y sociales de Marruecos, en el grupo de cola en el Índice de Desarrollo Humano, ocupando el puesto 121, muy por detrás de sus vecinos, Túnez, que ocupa el 95 y Argelia, el 91. Eso lleva a que miles de niños y jóvenes pasen los días en las calles, sin nada que hacer, mientras su gobierno está embarcado en un fabuloso programa de compra de armamento ultramoderno.

Al mismo tiempo, se espera una próxima sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que, a petición del Frente Polisario, puede anular los acuerdos de asociación y pesca suscritos en 2019 entre la Comisión Europea y el gobierno marroquí. Este fallo, que seguiría la decisión de otros tribunales internacionales, sería un duro golpe contra la voluntad de anexión de Marruecos del Sahara occidental. De hecho, Alemania también atraviesa una crisis diplomática con el país marroquí tras haber comunicado que, lejos de reconocer la anexión unilateral del territorio saharaui por Marruecos, como hizo Donald Trump pocos días antes de abandonar la Casa Blanca, quiere un referéndum que respete las resoluciones y acuerdos de las Naciones Unidas, algo que tampoco aceptan los marroquíes.

Además, el cambio en la administración norteamericana ha generado temores a que el nuevo gobierno de Joe Biden revierta las decisiones de anexión unilateral del Sahara reconocida por Trump a cambio del reconocimiento por Marruecos de Israel, que ahora bombardea a los palestinos, población árabe que cuenta con las simpatías de muchos marroquíes. Hasta el punto, que se han vivido manifestaciones en apoyo a los palestinos que el Majzen ha querido ocultar, al igual que las graves revueltas en el Rif.

Estas razones, y algunas más, han llevado al régimen de Mohamed VI a emprender este grave desafío contra España y la UE que daña, todavía más, un gobierno marroquí desacreditado, corrupto y dictatorial. Otra cosa es nuestra diplomacia, manifiestamente mejorable.

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