
A medida que esta legislatura enfangada se acerca a las próximas elecciones, la derecha extrema situada en el cuadro de mandos del PP, con el pilotaje de Vox, está avanzando en su estrategia de acoso y derribo al Gobierno presidido por Pedro Sánchez, tensionando al máximo a las instituciones y alimentando un deterioro en la convivencia política y social palpable. Hay que reconocer que el mayor éxito del PP en esta legislatura es el odio y el resentimiento que han desparramado un día tras otro.
La estrategia diseñada contra Pedro Sánchez y su mandato desde el minuto uno, a la que se han sumado con entusiasmo fuerzas neogolpistas, posdemocráticas y tardofranquistas de todo pelaje de aquí y de otros lugares que forman parte de la internacional reaccionaria, pasa por realizar bombardeos de saturación mediante ataques continuados y una sobrecarga de mensajes sistemáticos en los que se insiste en la maldad del presidente Sánchez (al que se le llegó a denominar públicamente como “perro”), sin dudar en recurrir a todo tipo de insultos y descalificaciones (ahí están los divertidos adjetivos de “hijo de fruta” que salieron de la presidenta Ayuso y que han sido coreados con entusiasmo por el PP en numerosos actos públicos), junto a una deshumanización sistemática del presidente del Gobierno, de sus familiares directos y de su entorno (recordemos que una jueza absolvió a una agitadora que afirmó en medios de comunicación que Begoña Gómez era en realidad “Begoño”, vinculándola además con el tráfico de drogas en Marruecos, al considerar que aun no siendo cierto, no era constitutivo de delito).
Todas estas barbaridades están siendo jaleadas un día tras otro desde el PP a través de agitadores, pseudomedios y redes sociales, incluyendo un ejército de falsos bots, junto al inestimable apoyo de un universo de organizaciones parafascistas de todo tipo, jueces golpistas e incluso organizaciones cercanas a las fuerzas de seguridad. Les propongo un simple ejercicio para verificar el nivel de barbarie que hemos alcanzado y al que nos ha llevado la estrategia salvaje de la derecha. Vayan a una red social como X (antigua Twitter) y busquen fácilmente la cantidad de mensajes públicos que amenazan de muerte y con el asesinato a Pedro Sánchez y a sus familiares de las maneras más salvajes y bárbaras que se pueda pensar.
Y aquí no pasa nada, sin que juez o policía alguno decida aplicar las leyes para evitar esta escalada de barbarie que se está instalando en la política como consecuencia de la estrategia de aniquilación que está llevando a cabo la derecha extrema en España, en la que hasta el presidente de Vox llegó a decir tan pancho desde la tribuna del Congreso que habría que colgar de los pies al presidente del Gobierno.
Naturalmente que el PSOE y el propio Pedro Sánchez tienen una enorme responsabilidad en que de nuevo la corrupción vuelva a estar en el foco mediante casos y personas que nunca debieron haber tenido responsabilidad política alguna, pero en cuestiones de corrupción hay que reconocer que el PP gana por goleada. Y por si fuera poco, en el PP lejos de asumir responsabilidad alguna no dejan de amparar, justificar y apoyar decididamente casos que incluso han costado muchas vidas y generado un enorme sufrimiento.
Y si no que se lo digan a Carlos Mazón y su dorado aforamiento con inmunidad parlamentaria incluida: oficina junto al puerto, chófer, asesor y sueldo a cargo. O la infamia que supone ver, una vez más, cómo se repite el mismo escenario de apoyo y cierre de filas por parte de los máximos dirigentes populares hacia el alcalde de Móstoles, imputado por acoso sexual y laboral a una antigua concejala suya, replicando el escandaloso caso de Nevenka Fernández en Ponferrada hace veintiséis años. Por no hablar de las decenas de casos de corrupción que anidan en juzgados y tribunales de toda España contra dirigentes del PP en sumarios que afectan a algunos de sus máximos responsables, a paso de tortuga, eso sí. De manera que por unos y por otros, seguimos sin superar la dañina corrupción, mientras la ética pública está por los suelos.
Ahora bien, el ansia insaciable que tiene la derecha por alcanzar el Consejo de Ministros, aunque sea por la puerta de atrás, junto a su estrategia de tierra quemada con todo lo que hace un Gobierno que para ellos es el diablo sobre la Tierra, casan muy mal con su negativa a presentar una moción de censura contra el ejecutivo de Pedro Sánchez para explicar con claridad en qué consiste su alternativa política, algo a lo que los ciudadanos tienen derecho. Y ello porque el PP, en su maridaje con la extrema derecha de Vox que le marca el paso, ha sido incapaz de construir un proyecto político alternativo como tal, sustituyéndolo por una obsesión sistemática contra Pedro Sánchez y su entorno para demonizar lo que ellos denominan como “sanchismo”.
También es cierto que prefieren no hablar mucho porque cada vez que anuncian alguna medida las convierten en puñaladas contra la ciudadanía, incluso contra la convivencia democrática. Entregados a las políticas más reaccionarias que jamás se han visto en España, haciendo seguidismo posdemocrático de la ultraderecha mundial y alimentando odios, racismos y descalificaciones continuadas, la derecha parece hechizada por el autoritarismo.