Mujeres, ciudades y perros

Nuestras ciudades cambian, evolucionan y se transforman lentamente de la mano de las personas que las habitan, aunque con frecuencia pase desapercibido o no reciba la importancia que merece. Se habla mucho de los procesos de planificación urbana, de los planes generales, de las intervenciones arquitectónicas, mientras que de manera silenciosa se están produciendo lentas transformaciones en nuestras calles y barrios de una enorme profundidad que, en muchos casos, ni políticos, arquitectos o urbanistas son capaces de anticipar.

            En estos momentos, importantes cambios en los usos y las funciones de nuestras ciudades están siendo impulsados por las principales mascotas que conviven con nosotros, los perros. A su vez, cada vez más mujeres han decidido tenerlos como valiosa compañía, hasta el punto de alterar los usos y funciones en algunos de sus espacios, impulsando ciudades más humanas, con mayores interacciones relacionales y de convivencia.

            Nuestras ciudades, lugares por excelencia que concentran a las personas, son a su vez espacios donde crece la incomunicación, la soledad y el aislamiento, convirtiéndose en un problema psicosocial de primer orden. No es casual, por tanto, el aumento de mascotas. Según datos oficiales de la Red Española de Identificación de Animales de Compañía, en España existirían alrededor de 13 millones de mascotas, de las cuales el 93% son perros, el animal por excelencia que ha conquistado nuestro corazón desde hace miles de años. Bien es cierto que como estas cifras se refieren a animales registrados oficialmente, los datos reales son muy superiores, sin dejar de crecer.

            Para tener buena idea de la importancia del fenómeno, basta con tener en cuenta que, a la luz de estos números, en España habría más animales de compañía que menores de 15 años, algo que se comprueba fácilmente en muchos parques viendo las numerosas personas que pasean a sus perros, frente al escaso número de niños y niñas que juegan con sus padres y madres.

            De manera que son cada vez más las personas que deciden vivir con una mascota, fundamentalmente con un perro, el animal que por sus procesos evolutivos más cerca ha llegado a la racionalidad y las emociones humanas, viviendo en nuestras casas como un componente más de la familia. Y entre las personas que deciden tener un perro sobresalen, por un lado, las personas mayores, a la vista de la enorme compañía que aportan, y mujeres cada vez más jóvenes, muchas de las cuales viven solas, encontrando en los perros un mundo de afectos, sentimientos, emociones y lealtades de un enorme valor. No es casual que cada vez más mujeres, especialmente jóvenes, decidan vivir con una mascota, particularmente perros, en la medida en que estos animales proporcionan un cariño ilimitado y permanente de gran importancia en su universo emocional, al tiempo que se crea una interacción de cuidaos y lealtades mutuas que les proporciona una gran satisfacción, con mayor motivo cuando muchas de ellas han decidido vivir solas.

            De esta forma, los perros pasan a ocupar un lugar importante en la vida de muchas personas, necesitando continuos cuidados y atenciones, tanto dentro como fuera de las viviendas. Para ello han surgido un buen número de servicios, algunos de ellos novedosos, que atienden a estas mascotas, como clínicas veterinarias, peluquerías, tiendas de suministros especializados, centros de adiestramiento, hoteles caninos, paseadores y hasta cafeterías que permiten lavar a los perros mientras tomas un café, negocios muchos de ellos regentados por mujeres. A su vez, aparecen otros establecimientos que se adaptan para acoger a estas mascotas, como sucede con hoteles, alojamientos rurales, comercios, grandes almacenes e incluso locales de ocio. Hasta el punto de empezar a surgir ciudades “dog friendly” que destacan por su alto nivel de acogida a perros, al igual que negocios que incorporan este sello especializado.

            Pero en la medida en que esos millones de mascotas conviven con nosotros y comparten nuestra vida, tienen también una presencia creciente en nuestras ciudades, en sus calles, parques y lugares de paseo, haciendo ejercicio, jugando, relacionándose con otras personas y animales. Naturalmente que también los ayuntamientos han ido creando espacios específicos para que los animales puedan hacer sus necesidades, y aunque cada vez más personas las recogen y limpian, queda todavía un camino por recorrer para evitar suciedad y malos olores. Además, en las ciudades se han creado parques caninos donde los perros interaccionan con otros animales y sus dueños se relacionan, ocupándose cada vez más solares abandonados para que los perros del barrio puedan espacirse, convirtiéndose así en lugar de encuentro vecinal. A ello tenemos que añadir cada vez más playas caninas con servicios especializados para los perretes o árboles del recuerdo como el que de manera espontánea se creó en Alicante, y que el Ayuntamiento eliminó para sustituirlo por otro de hierro (sin haber repuesto hasta la fecha los cientos de lazos arrancados que muchos pusimos en recuerdo de nuestras mascotas fallecidas).

            En definitiva, en nuestras ciudades aparecen nuevos espacios y usos para compartir con los perros, facilitando el paseo, el juego y la relación a muchas personas que han decidido compartir su vida y su mundo emocional con ellos, especialmente mujeres. Posiblemente sea, también, un avance hacia ciudades con valores más humanos.

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