ONG en crisis y crisis en las ONG: un fin de ciclo en el oenegeísmo en España

Recortes

Decir que las ONG en España atraviesan un momento crítico puede parecer una obviedad. En un país que se desangra por sus cuatro costados, lo llamativo sería lo contrario. Sin embargo, no paramos de leer y escuchar en los medios de comunicación afirmaciones que señalan justamente lo contrario: que “vivimos una emergencia de las ONG”, o que “asistimos a un auge y mayor protagonismo de las ONG”, cuando en realidad estamos asistiendo a procesos diametralmente opuestos que están llevando a un desmantelamiento acelerado y deliberado de las ONG en nuestra sociedad.

Las ONG han sido un fenómeno de la sociedad global y un exponente más de las profundas transformaciones que se han producido en los Estados, en la gobernanza y en el conjunto de la sociedad, impulsando cambios económicos y sociales de un gran calado. Ahora bien, las numerosas funciones que han venido cumpliendo no son tan idealistas y espontáneas como podría parecer, sino que conectan también con intereses del capitalismo global, de gobiernos e instituciones. De esta forma, se han producido importantes reajustes en las funciones y competencias de los Estados y de la sociedad civil, donde las ONG ocupan un lugar destacado, en la medida en que muchas de estas organizaciones no gubernamentales se han convertido en proveedoras de servicios baratos especializados para las administraciones públicas. Con ello, estas organizaciones han estado sometidas a enormes fragilidades económicas junto a crecientes exigencias burocráticas por parte de las instituciones financiadoras, que han vinculado la continuidad de sus intervenciones en no pocas ocasiones más, a las apetencias personales e ideológicas de responsables institucionales, que al rigor, la capacidad y la independencia de las propias ONG.

Ahora bien, la enorme profusión de ONG, dedicadas a los mismos fines que han venido compitiendo por obtener los escasos recursos públicos existentes, ha facilitado su progresiva fragmentación, al tiempo que ha troceado cada vez más las demandas de los sujetos a los que se han dirigido para captar mayores volúmenes de recursos. Con ello, buena parte de las ONG optaron más por una estrategia de captar y gestionar cada vez más recursos, en lugar de ensanchar su base social, ofrecer cauces nuevos de participación e intervención efectiva y aumentar su capacidad crítica frente a las instituciones y la sociedad misma. La consecuencia de todo ello ha sido que buena parte de las ONG en España han avanzado sobre bases organizativas muy débiles, mientras alimentaban una elevada dependencia económica de las instituciones públicas, sacrificando a cambio muchos de sus cimientos ideológicos esenciales para tratar de adaptarse a las exigencias instrumentales de las instituciones que les financiaban. Podemos decir que, a medida que las ONG se han extendido, han aparecido intervenciones cada vez más indiscriminadas, tanto desde el punto de vista operacional como desde la semántica ideológica que han aplicado, llegando en ocasiones a generar una doble dinámica, de despolitización de la esfera privada (anulando con ello su potencial de contestación) para privatizar la esfera pública (transfiriendo competencias y recursos de los Estados -y con ello del conjunto de la sociedad- al capital privado). Solo así puede entenderse que hayan aparecido casos de corrupción tan profundos protagonizados incluso por algún responsable político, como el “caso Blasco” en la Comunidad Valenciana, que son la epítome de un modelo de corrupción capilar que ha llegado a pervertir hasta extremos insospechados todo el caudal y la energía social e institucional que las ONG han acumulado durante años en nuestra sociedad, llegando a triturar los valores más nobles con los que estas organizaciones desempeñan su labor, para crear una maquinaria muy poderosa de captación, blanqueo y apropiación de dinero de las ONG de desarrollo.

Una crisis como coartada para desmantelar el tejido de ONG

Y en medio de este escenario tan complejo, cuando las ONG vivían un cierto proceso de desgaste metabólico, aparece una gigantesca crisis sistémica que pone en cuestión aspectos esenciales en la función de los Estados y en la financiación de servicios públicos, junto a una progresiva reducción de competencias y presupuestos básicos. Ciertamente no hay un solo sector que haya quedado fuera del efecto devastador de la hipercrisis global, pero en España, el impacto que está teniendo sobre el sector de las Organizaciones No Gubernamentales es, sencilla y llanamente, devastador, hasta el punto que podemos afirmar que asistimos a un auténtico fin de ciclo, algo que muchas organizaciones no son capaces de comprender, creyendo que los problemas se reducen a una simple cuestión económica delimitada por el impago de las administraciones y el recorte de subvenciones. Pero esto no es así.

Sin duda, las deudas y los recortes han llevado a numerosas ONG a situaciones extremadamente críticas, pero tan complicadas como las que viven otros sectores, empresas, proveedores y autónomos. El problema es cuando muchas de ellas han generado un modelo organizativo basado esencialmente en la dependencia, en la subvención pura y dura, en la sumisión económica y programática. Se puede decir que el desplome de la financiación ha dificultado todo, pero no es menos cierto que muchas organizaciones se habían convertido en simples gestorías de proyectos y subvenciones indiscriminados en no pocas ocasiones, olvidando con ello la presencia social, la participación, la capacidad crítica y la independencia, ignorando de esta forma esa frescura y capacidad de lucha que la sociedad considera que encarnan las ONG.

De esta forma, la ofensiva neoconservadora está utilizando la crisis como coartada para proceder a un profundo desmantelamiento del tejido de ONG y asociaciones en España, por la vía de anular convocatorias de subvenciones y partidas presupuestarias para servicios esenciales que habían sido transferidos a ONG para su gestión, alargando al máximo los pagos contraídos muy por encima de otros sectores, e incluso llegando a eliminar pagos asumidos y concedidos legalmente. Pero además, desde las administraciones públicas se están suprimiendo espacios de participación social que habían sido construidos en las últimas décadas, de forma que las ONG, en cada uno de sus ámbitos, no están siendo tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones que afectan a sus sectores de especialización, mientras que desde el Gobierno se han mantenido y mantienen frecuentes reuniones con grupos empresariales, bancarios o incluso productivos (como sucede, por ejemplo, con los fabricantes de coches, con las empresas sanitarias, eléctricas o con los propietarios de Eurovegas, por poner algunos ejemplos). Y por si todo ello fuera poco, numerosas instituciones han reorientado sus acuerdos, convenios, programas de financiación y ayudas de forma creciente hacia ONG que atienden a los damnificados por las políticas neoliberales, primando las organizaciones de pobres y de caridad, silenciosas, sumisas, acríticas.

Todo ello está llevando a una rápida destrucción de numerosas ONG agobiadas por las deudas y los impagos, a las que se les ha negado cualquier espacio de intervención y reconocimiento público, o en el mejor de los casos, que han tenido que promover despidos y ERE para mantener estructuras organizativas simbólicas y al borde del cierre.

La necesidad de una profunda revisión en el sector

Frente a ello, las instituciones priman cada vez más las organizaciones de pobres como roperos, bancos de alimentos, comedores, albergues, eliminando espacios de participación e intervención a otras ONG en sectores sociales especializados. Parece que lo importante es alimentar y mantener con vida a las víctimas de tanto disparate político y económico, sin preguntarnos las causas de tanta pobreza, sufrimiento y exclusión; como si los médicos solo pudieran reducir los síntomas de las enfermedades sin preguntarse por sus causas. Ante lo que vivimos, no basta con alimentar a los pobres, hay que evitar que los pobres sigan creciendo en toda España y tengan, como único horizonte, la caridad, algo que numerosas ONG ni comprenden ni quieren tampoco escuchar. Es por ello cada vez más urgente que nos preguntemos por las causas de tanta pobreza y sufrimiento para evitar que ésta siga creciendo, en la medida en que la compasión, por sí sola, no arregla nada mientras no se cambien las políticas, decisiones y prioridades, algo que deben entender también las ONG. Y cuanto antes lo comprendan, antes podrán situarse en este escenario novedoso, cambiante y en transformación en el que hemos entrado.

Así las cosas, se plantea la exigencia de una profunda revisión en el sector de las ONG, que lleve a que el modelo de organizaciones entendidas únicamente como proveedores de servicios baratos a las administraciones públicas dé paso a una nueva generación de ONG, mucho más comprometidas, mucho más militantes, mucho más politizadas, dotadas de un corpus crítico y analítico de mayor calado. El rearme ideológico de las ONG es una condición necesaria para articular respuestas efectivas a los cambios que se están generando y a sus efectos, así como para reforzar su legitimidad social. Al mismo tiempo, las ONG deben alterar sus prioridades, pasando del paradigma de la competición estatal a la construcción de un nuevo orden global, entendiendo que no puede haber ONG sanas en sociedades enfermas, dado que éstas forman parte de las mismas sociedades.

Pero son las ONG las que tienen que recorrer este camino, definiendo, identificando y estructurando ese mínimo común denominador compartido por todas ellas, junto a los mecanismos efectivos para su defensa. El sector necesita de una profunda reflexión para entender que, posiblemente, tenga un papel mucho más crucial en el rumbo futuro de una sociedad en cambio, contribuyendo a generar una nueva agenda política que refuerce el papel de los Estados como garantes de la convivencia y de valores colectivos esenciales representados por el bien común.

© Carlos Gómez Gil

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