La semilla del 0,7%

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Se cumplen diecinueve años del arranque de las grandes movilizaciones que a favor del 0,7% del PNB de ayuda para el Tercer Mundo tuvieron lugar en toda España y que significaron el arranque del movimiento 0,7%. Casi dos décadas es tiempo suficiente para realizar un pequeño análisis de lo que significó esta emblemática campaña para el conjunto de la sociedad, precisamente en unos momentos en que el Gobierno del PP está procediendo a un profundo desguace de la política de ayuda al desarrollo y ha llevado la cooperación internacional a su mínimo histórico.

En el mes de abril de 1994 los rebeldes Tutsis del FPR entraron en Kigali, desencadenando uno de los más terribles genocidios conocidos en el siglo XX. Entre 800.000 y 1.000.000 de personas fueron asesinadas de forma premeditada, en una acción planificada durante meses por fanáticos Hutus, con la complicidad de varios Gobiernos occidentales. Todo ello originó una catástrofe humanitaria provocada por millones de personas que huían de forma desesperada para escapar de una muerte segura. La dimensión de la tragedia y especialmente la rapidez con que se desarrolló, contaron con la pasividad de la comunidad internacional y de instituciones multilaterales, que demostraron el escaso valor que otorgaban a la vida humana en algunas partes del planeta. Pero en esta ocasión, los medios de comunicación retransmitieron por vez primera y en tiempo real, informaciones que detallaban la dimensión del gigantesco drama que se estaba viviendo. Ante nuestros ojos aparecían cientos de miles de personas cuyo único propósito a lo largo de toda su vida era sobrevivir, algo que significó un auténtico aldabonazo en muchas conciencias, llevando a numerosos ciudadanos de bien a preguntarse por las causas de tanto horror y la manera de paliar tanto sufrimiento humano. Se empezaba a producir un cambio trascendental en la opinión pública española, que empezaba a mostrarse a favor de la ayuda a los países pobres y la cooperación internacional.

Un país de espaldas a la cooperación internacional

Por aquel entonces, un pequeño grupo de personas vinculado a algunas organizaciones humanitarias venía impulsando actividades en las que reclamaban el cumplimiento de la Resolución 2626 (XXV) de Naciones Unidas sobre la estrategia del segundo decenio para el desarrollo del año 1970, de destinar el 0,7% del PNB de los países ricos para la ayuda para el desarrollo del Tercer Mundo. Así, en noviembre de 1993, cinco personas iniciaron una huelga de hambre para reclamar al Gobierno el 0,7%, consiguiendo que en diciembre responsables gubernamentales del PSOE se reunieran con ellos, afirmando que “se identificaban con los objetivos defendidos por los huelguistas”, comprometiéndose a presupuestar el 0,4% para el año 1994. Al mismo tiempo, diferentes ONG, asociaciones y personas decidieron constituir una Plataforma de apoyo al 0,7%, en lo que significó su arranque formal ante la sociedad española.

Sin embargo, España acababa de entrar en el club de países donantes de ayuda al desarrollo, el CAD de la OCDE, manteniéndose muy alejada de estas cuestiones que solo empezaban a generar debates en ámbitos cercanos a algunas organizaciones sociales y un reducido número de estudiosos que tratábamos por entonces de adentrarnos en este campo, hasta el punto que muy pocas personas conocían el origen y el verdadero significado del 0,7%. Pero los sucesos que se desencadenaron en la región de los Grandes Lagos en el año 1994 sirvieron de catalizador en una doble dirección: permitiendo por un lado que las campañas minoritarias que hasta entonces se habían realizado a favor del 0,7% tomaran una nueva pujanza y se generalizaran en numerosas ciudades y municipios, y al mismo tiempo, que se pudieran plantear en sectores sociales y políticos amplios cuestiones relacionadas con las políticas de ayuda y cooperación internacional, generándose un debate sobre el papel de España como país donante y la efectividad de su desconocida política de ayuda al desarrollo.

El papel de las acampadas y movilizaciones

Así las cosas, a lo largo de 1994 se extendió por España un sentimiento difuso de solidaridad a raíz del gigantesco drama desencadenado en Ruanda y la región de los Grandes Lagos que tomó como bandera una reivindicación hasta entonces minoritaria, como era el 0,7%. Por vez primera en nuestra historia, tenían lugar movilizaciones y actos masivos en los que se reclamaba un mayor esfuerzo económico del Estado con los países pobres. De esta forma, la campaña a favor del 0,7% era capaz de proyectar en España de forma pionera una cuestión solidaria de alcance mundial más allá del horizonte electoral, realizando propuestas que muchos políticos de entonces consideraban tabú. Manifestaciones y encierros, huelgas de hambre y acampadas se sucedieron a lo largo y ancho de España, teniendo lugar todo tipo de actividades en las que se analizaba, enseñaba y comentaban temas que hasta entonces habían estado fuera de los debates ciudadanos. Algunos recorrimos muchas de esas acampadas intentando explicar la complejidad de estas políticas y la necesidad de mejorar nuestras acciones de solidaridad internacional.

La fuerza de la marca 07%

Todo lo que carecía el 0,7% en su construcción ideológica lo tenía de formidable movilizador social y generador de simpatías, construyendo en muy poco tiempo un imaginario social verdaderamente sorprendente. Así, pocos sabían de lo que se trataba, pero la mayoría estaba a favor; ni las personas implicadas en las movilizaciones conocían a fondo la naturaleza de la política española de cooperación y ayuda o las implicaciones económicas y sociales de sus reivindicaciones, pero la unanimidad era absoluta en cuanto a la necesidad de alcanzar esa mítica cifra del 0,7% de la que todo el mundo hablaba. El extraordinario potencial del movimiento llevó a que ningún ámbito quisiera quedarse fuera del mismo: las universidades empezaron en muchos casos a abordar de forma pionera estos temas; los medios de comunicación iniciaban la inserción de noticias y artículos de opinión hasta entonces ausentes; alcaldes y gobiernos autonómicos multiplicaban sus mociones de apoyo, y todos los partidos políticos iniciaron una insensata carrera por erigirse en los mayores defensores de este movimiento y de sus reivindicaciones, utilizando de forma torticera la campaña y a sus líderes para hacer declaraciones demagógicas y firmar compromisos imposibles.

Las movilizaciones desencadenaron un auténtico aluvión de ofertas y compromisos políticos por parte de todos los partidos, siendo numerosos los dirigentes que firmaban manifiestos, acudían a las acampadas o se hacían fotografías de apoyo con los huelguistas de hambre. Desde el Gobierno socialista de entonces los responsables en materia de cooperación trataron de desactivar un movimiento que suponía toda una contestación a la escuálida e ineficiente política de cooperación y ayuda que ellos mismos venían realizando, procediendo a firmar todo tipo de acuerdos con responsables de la Plataforma 0,7% y de ONG a sabiendas de su imposible cumplimiento. Así, el PSOE firmó llegar al 0,5% en el 1995, para alcanzar el 0,7% en el 1997, lo que llevó a desactivar gran parte de las movilizaciones y levantar las acampadas, empujando a algunas ONG a difundir informaciones elogiosas sobre este acuerdo y el rumbo que alcanzaría desde entonces la ayuda española.

Acuerdos, compromisos y pactos engañosos

Sin embargo, en el año 1996 todos los datos confirmaron lo que muy pocos nos atrevimos a señalar, en la medida en que el Gobierno no solo incumplió sus acuerdos para incrementar la AOD, sino que por paradójico que pudiera parecer, protagonizó un importante retroceso en el volumen de recursos empleados. Pero ello no parecía afectar a los responsables políticos, que continuaban haciendo declaraciones ampulosas sobre el crecimiento experimentado por la Ayuda al Desarrollo en España, a la vez que multiplicaban mociones y acuerdos en el Parlamento donde se comprometían a dedicar porcentajes y recursos imposibles. Por si fuera poco, la inminencia de las elecciones en ese año y una nueva huelga de hambre protagonizada por dos activistas en una roulotte instalada frente a la sede del PP madrileño, llevaron a que dos de sus dirigentes, Loyola del Palacio y Rafael Hernando, junto a uno de los huelguistas de hambre y un dirigente de una gran ONG, firmaran un nuevo “Compromiso por la solidaridad”, repitiendo nuevamente acuerdos y promesas que en muy poco tiempo se incumplieron con las decisiones adoptadas por el PP al entrar en el Gobierno en 1996.

Encontremos pocos ejemplos en la sociedad española donde haya habido tantas declaraciones engañosas, tantos acuerdos incumplidos, tal número de mociones y proposiciones parlamentarias aprobadas a propuesta de partidos de uno y otro signo sobre una misma materia que han sido sistemáticamente despreciados por parte de diferentes responsables políticos, como a lo largo de todos estos años se ha venido produciendo en torno al 0,7%. Todavía algunos nos preguntamos, ¿cómo se ha podido edificar un engaño político tan grande, como ha sido el compromiso asumido primero por el PSOE y luego por el PP de destinar el 0,7% del PNB para AOD, existiendo tal grado de apoyo y simpatía de la sociedad española?

Principales bazas y debilidades del 0,7%

La campaña del 0,7% demostró la complejidad de los movimientos sociales en las sociedades contemporáneas, la facilidad con la que éstos pueden ser fagocitados por los poderes políticos y económicos, así como la ausencia de escrúpulos sobre la que algunos responsables políticos edifican su futuro. Pero lo que en un momento dado fueron algunas de las principales bazas de este movimiento se convirtieron también en sus puntos más débiles. La extraordinaria difusión de la campaña en todo el Estado, la pluralidad de expresiones y actos, la espontaneidad con que fue construyéndose el movimiento el 0,7% y la enorme simpatía que cosechó, especialmente entre sectores jóvenes y dinámicos de la sociedad, no impidió que la Plataforma de Madrid tratara de jugar con ventaja su situación de centralidad y contacto con los poderes públicos estatales. Además, desde el movimiento de Madrid se dificultaron cauces de organización horizontales, manteniendo una visión naïf de los problemas de la cooperación y la ayuda al desarrollo muy alejados de la realidad, dificultando que se generaran estrategias para difundir mensajes y estudios de rigor, impidiendo así que se produjera una manipulación de las reivindicaciones y movilizaciones de esta campaña. Por decirlo de forma muy gráfica, el 0,7% sucumbió bien pronto debido a la dificultad para gestionar el extraordinario éxito que cosechó y a la manipulación deliberada que del movimiento se hizo. No era posible firmar año tras año acuerdos imposibles de cumplir (con solo revisar por encima los Presupuestos Generales del Estado y las grandes cifras de la cooperación) con quienes avanzaban en sentido opuesto a estas peticiones, minando su credibilidad y contribuyendo con ello a difundir un discurso de incumplimiento sistemático sobre estas políticas.

Pero no fueron solo los partidos políticos los que trataron de aprovecharse de la fuerza de este movimiento, sino que también el poder económico comprendió bien pronto los beneficios que podía recoger aprovechándose de sus valores y de su potencial legitimador. Y así, tabacalera utilizó para la promoción de su marca Fortuna los valores del 0,7%, aderezándolo con una polémica campaña de subvenciones a proyectos, a los que concurrieron algunas ONG que evidenciaron su falta de escrúpulos para captar recursos, iniciando un debate que contribuyó a erosionar a la CONGDE, al dar por válido en algunas ONG la máxima de Maquiavelo de que el fin justifica los medios.

El mayor movimiento de solidaridad en España

Ahora bien, hay otros muchos ángulos que también tienen que ser tenidos en cuenta para valorar en su justa medida lo que ha sido el mayor movimiento de solidaridad internacional generado en la sociedad española. Así, la movilización por el 0,7% ha sido capaz de alimentar nuevos movimientos sociales relacionados con estas cuestiones, algunos de ellos de una gran madurez, que han puesto en práctica algunas de las lecciones que aprendieron. Los grupos  contra la deuda externa que se articularon en torno a la RECADE y que culminaron en la campaña “Deuda externa, deuda eterna”; los movimientos en contra del BM y del FMI, o las organizaciones altermundialistas surgidas en los últimos años ante su preocupación por el avance del proceso de globalización, son ejemplos de lo que decimos. Tampoco se puede ignorar que esta movilización permitió que se democratizara un debate social en torno a los problemas del hambre, el subdesarrollo y las políticas de solidaridad internacional. Buena prueba de ello es que en la segunda mitad de los 90 se publicaron algunos de los mejores libros y estudios sobre solidaridad, ayuda y cooperación internacional en España. Incluso las acampadas del 15M emulaban, en muchos lugares, las acampadas del 0,7% del año 1994.

Una sensación agridulce

Pero posiblemente, el mayor logro de esta campaña no pueda interpretarse en clave estatal, sino por el contrario, a nivel local y autonómico. El avance que vivieron en España las políticas de cooperación descentralizada que se llevaron a cabo en ayuntamientos, diputaciones, cabildos y comunidades autónomas fue, sin ninguna duda, el gran logro de esta Campaña, y uno de los mayores avances experimentados por la cooperación española en la pasada década hasta la llegada de la crisis. Y ello se materializó gracias a las movilizaciones del año 1994 y a las numerosas personas y organizaciones que participaron en sus movilizaciones. Un buen ejemplo fue el Concejal de Solidaridad del Ayuntamiento de Córdoba, David Luque, ya fallecido, que salió de las movilizaciones del 0,7% y trabajó posteriormente desde el Ayuntamiento para llevar a cabo los sueños de estas movilizaciones en su propia ciudad. También las universidades crearon programas, cursos y posgrados, otorgando a estas materias una importancia docente e investigadora hasta entonces inexistente. Las ONG deben ser citadas al mismo tiempo como entidades que se han beneficiado de esta campaña, al ver aumentar antes de la crisis sus recursos disponibles y gozar de una mayor relevancia social e institucional.

El Gobierno del PP protagoniza la voladura del 0,7%

Sin embargo, a pesar de la campaña del 0,7%, la ayuda española nunca consiguió, ni de lejos, aproximarse a esta cifra, alcanzando su máximo histórico en el año 2009, con el 0,46% dedicado por el entonces Gobierno de Zapatero, si bien, muchos de los males endémicos de la política de cooperación se mantienen o incluso han aumentado, tras su voladura controlada que está llevando a cabo el Partido Popular con la excusa de la crisis.

Hoy día, los profundos recortes sobre la cooperación española que viene promoviendo el Gobierno de derechas de Mariano Rajoy la han conducido a una situación de desmantelamiento efectivo al reducirla a la mínima expresión, protagonizando uno de los mayores retrocesos en la historia de la cooperación mundial, al situar nuestra cooperación al desarrollo en niveles de los años 80, con un escaso 0,1%. Todo ello subraya bien a las claras el papel que el PP da a las políticas de solidaridad mundial, la cooperación internacional y la lucha contra la pobreza, arrojados como estamos a las fuerzas del mercado y a los intereses de los poderosos.

A pesar de que España se encuentra muy lejos del 0,7%, la semilla que miles de mujeres y hombres han plantado en los últimos diecinueve años de movilizaciones, luchas y trabajos a favor de este símbolo, hace que su fruto sea mucho más necesario de lo que parece.

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Un pensamiento en “La semilla del 0,7%

  1. Carlos,

    Indudablemente la movilización del 0,7% tuvo grandes virtudes, sobre todo porque otorgó legitimidad a un modelo de cooperación – el de las ONGD españolas, muy peculiar en el entorno europeo – que basa su legitimitidad en la búsqueda de apoyo social – y de base social – a sus reivindicaciones. Legitimidad que con el tiempo ha ido siendo sustituida por discursos que glosan únicamente los resultados – tantos pobres menos, tantos niños apadrinados, tantas escuelas construídas.
    Lo que no quita para reconocer que hoy en día y en el contexto en el que estamos la ‘obsesión’ con reclamar el 0,7% está produciendo un divorcio creciente – a sumar a otros anteriores – con la opinión pública, porque me temo que transmite cada vez más la idea de que defienden intereses corporativistas.
    Eso por no citar algunos efectos perniciosos en cuanto a las políticas de cooperación, como este caso británico: http://www.lrb.co.uk/blog/2013/01/28/ben-rawlence/where-does-dfids-money-go/.
    Por decirlo en cuatro palabras, y a riesgo de simplificar y generalizar, me temo que las ONGD españolas recibieron el legado del 0,7% y no han sabido – o, quizá, han sabido demasiado bien – cómo gestionarlo.

    Iván.

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