Emergencia alimentaria. Grecia, Portugal, España.

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La Red RIOS (Red de Investigación y Observatorio para la Solidaridad), de la que formo parte, acaba de publicar en la editorial Icaria de Barcelona el libro “Emergencia alimentaria. Grecia, Portugal y España“, una investigación dirigida por el sociólogo José Ramón González Parada de la que dimos un avance en este Blog (Insolvencia alimentaria, pobreza y políticas de ajuste en el Sur de Europa: el caso de España). El estudio es de la máxima vigencia y originalidad, al analizar como con la crisis sistémica el hambre ha reaparecido con fuerza en Europa, rompiendo moldes de pensamiento y obligando a improvisar acciones, a menudo sin una comprensión clara de sus implicaciones. Para ello, se analiza el impacto de la emergencia alimentara en tres países clave del Sur de Europa en los que las políticas austericidas de la Troika y de sus respectivos gobiernos están generando más víctimas. Junto a las cifras de pobreza y hambre, se analizan las relaciones entre los sistemas de abastecimiento y reparto de comida, y el modelo de producción de alimentos basado en ela dependencia de multinacionales agroalimentarias, en la conversión de la alimentación en negocio especulativo y en la supeditación sin condiciones a la Política Agraria Comunitaria (PAC).

Pero tan alarmante como el avance de la pobreza es el auge de la miseria moral de la que hacen gala sus dirigentes políticos y económicos. En ausencia de una política económica, orientada a la vida de las personas de carne y hueso, son las organizaciones filantrópicas y las redes de solidaridad las que asumen la distribución de alimentos, pero en la defensa del derecho a la alimentación y en la estrategia de soberanía alimentaria arranca la diferencia entre el asistencialismo filantrópico y la justicia social.

La importancia de la alimentación

Pocas cosas hay en la vida tan importantes como la alimentación. Es algo que los humanos hemos aprendido desde hace miles de años, de forma que nuestro desarrollo y evolución han ido de la mano para asegurar que disponemos de comida suficiente para nosotros y los nuestros allí donde nos encontremos. De esta forma, la evolución de la humanidad lo ha sido también en el avance de la alimentación para dar respuesta a la necesidad de comer que todas las personas tenemos, es algo que nos ha igualado por encima de épocas, clases y países. Sin embargo, a pesar de los formidables avances en la producción de alimentos, el hambre ha estado presente siempre en la historia de la humanidad, hasta el punto que llegamos a cuantificar hoy día con pasmosa normalidad el número de personas que pasan hambre en el mundo, como cuando hablamos de poseedores de teléfonos móviles o de tarjetas de crédito, llegándolo a medir en cientos de millones de personas, como un tributo imprescindible en nuestro desarrollo.

Hemos acabado por convivir con el hambre como un residuo inevitable de nuestro bienestar, un subproducto más de los caprichos del mercado, al tiempo que incluimos los alimentos en las dinámicas especulativas del capitalismo de casino cuyos resultados devastadores estamos viviendo con toda su crudeza. La persistencia y el crecimiento del hambre en el mundo es un factor palpable e inequívoco de pobreza extrema, pero también es el resultado deliberado de decisiones y cálculos humanos, en lugar de ser una maldición divina sobre la que tenemos que resignarnos, como con frecuencia se nos presenta. El mundo tiene una sobreabundancia de alimentos que están sometidos a un control monopolístico cada vez mayor por un reducido número de multinacionales, al tiempo que es un factor de acumulación, especulación y riqueza, en línea con las prácticas de un capitalismo global codicioso y sin normas, cuyas actuaciones le llevan incluso a matar de hambre a millones de personas en todo el mundo, mediante un modelo agroalimentario depredador convertido en puro negocio. ¿Cómo entender un diabólico axioma mediante el cual, a mayores beneficios en las multinacionales de la alimentación, mayor número de hambrientos y de crisis alimentarias?

El hambre como consecuencia de las políticas neoliberales

Para demostrar que el hambre está estrechamente ligada con las prácticas depredadoras del capitalismo salvaje, sirva como evidencia empírica cómo a medida que la crisis sistémica que vivimos ha ido avanzando con especial dureza sobre los países sobreendeudados del Sur de Europa, la insolvencia alimentaria ha alcanzado cifras nunca vistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y con ello, el efecto más visible de la crisis es el hambre, en forma de comedores sociales, bancos de alimentos, albergues, bolsas de recogida de comida, rebuscadores en contenedores y delitos famélicos. Las colas ante los comedores sociales en países europeos, especialmente del Sur sometidos a duros planes de ajuste emanados por la Troika, son el mejor indicador de la grave situación económica y social que atravesamos, recordándonos estampas del crack del 29 y del final de la Segunda Gran Guerra. Antes, las hambrunas venían dadas por catástrofes y guerras, ahora son las crisis económicas y financieras las que determinan el número de personas hambrientas, haciendo que este fenómeno que parecía algo limitado a los países empobrecidos y de etapas históricas pasadas cobre la máxima vigencia.

Anteponer los beneficios económicos y financieros de empresas y bancos a las necesidades de alimentación de la población es una de las barbaridades contemporáneas que se nos muestran con normalidad, como un mal necesario para que la sociedad funcione, algo en línea con lo que Hannah Arendt denominó “banalidad del mal”. Todo ello, además, incrementado por el hecho de someter los procesos y cadenas agroalimentarias de las necesidades humanas, instaladas como están en los modelos estructurales impuestos por la OMC, el BM y el FMI que alimentan un libre comercio tramposo. 

Una investigación llevada a cabo por la Red RIOS

En el campo de sus intervenciones y en línea con los trabajos profesionales y académicos de componentes de RIOS, esta Red de Investigadores ha venido trabajando sobre cuestiones relacionadas con la soberanía alimentaria, desde perspectivas, enfoques y ópticas muy heterogéneas. Pero pronto vimos que no se podían limitar estos análisis exclusivamente a los países del Sur, ni mucho menos, sino que con el avance de la crisis, cada vez era más necesario extender estudios e investigaciones sobre cuestiones relacionadas con el hambre, la producción y distribución de alimentos, las industrias agroalimentarias, la insolvencia alimentaria y las necesidades de comida a países donde estas cuestiones estaban en el primer plano de la actualidad y de una realidad visible en las calles. Es por ello por lo que desde RIOS, y bajo la dirección del sociólogo José Ramón González Parada junto a otros investigadores, se emprendió un trabajo sobre pobreza, hambre, soberanía e insolvencia alimentaria en países del Sur de Europa sometidos a fuertes programas de ajuste económico, entre los que destacan Grecia, Portugal y España.

En medio de una sociedad posmoderna, consumista y en permanente movimiento, RIOS, mediante este trabajo, pretende conocer, analizar, explorar e identificar, procesos, causas y consecuencias, buscando paradigmas alternativos que van mucho más allá de las simples satisfacciones de las necesidades alimentarias. No estamos, por tanto, ante un trabajo aséptico, neutro, higiénico, ni mucho menos, sino que es un estudio comprometido, crítico, rabiosamente alternativo sin perder un ápice de rigor analítico y científico, compatible plenamente con la divulgación y la toma de posiciones. Por ello mismo, este trabajo es el resultado de una evolución consecuente en los trabajos que RIOS y sus componentes llevan a cabo.

Somos una organización pequeña en los medios, pero grande en nuestros propósitos en la medida en que pretendemos que lo que hagamos tenga un sello de rigor, de compromiso y originalidad. De ahí se deriva una particular satisfacción al definirnos por lo que hacemos y por cómo lo hacemos. Es lo que el sociólogo americano Thorstein Veblen explica lo que denomina “felicidad derivada del trabajo bien hecho”, algo con lo que nos identificamos plenamente. Esperemos que alimente debates, reflexiones y un conocimiento crítico y activo.

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