Elogio de la Aemet

La necesidad de disponer de adecuadas predicciones y vigilancia meteorológica capaces de proporcionar informaciones detalladas de interés para las personas, las actividades económicas y el buen funcionamiento de las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres se ha convertido en una herramienta fundamental, con mayor motivo a medida que la crisis climática se ha acelerado en los últimos años. Hasta el punto de que la observación, el pronóstico y la información meteorológica son instrumentos de primer orden en todos los países para garantizar el buen funcionamiento de sus sociedades e instituciones.

Para España, uno de los países más afectados por los efectos de fenómenos climáticos extremos, disponer de información meteorológica rigurosa, junto a una vigilancia climática sistemática, acompañada de predicciones periódicas se ha convertido en una herramienta imprescindible. Todos, en mayor o menor medida, estamos pendientes de la información meteorológica para tomar decisiones que afectan a nuestras vidas. Pero esa labor constante de recogida de datos, análisis, interpretación y difusión a través de informaciones de muy distinta naturaleza no se podría llevar a cabo en España sin contar con el valioso trabajo de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que trabaja estrechamente con el Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio (Ceppm), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos, (Eumetsat), entre otras instituciones. Es así como nuestra Aemet se sitúa entre las mejores agencias europeas en su género, por su trabajo, reconocimiento y la calidad de sus predicciones.

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Aranceles provocadores

Es difícil seguir el hilo conductor de lo que está sucediendo en Estados Unidos desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, en su segundo mandato. Se cuentan por centenares los decretos y órdenes presidenciales firmados desde el despacho oval y en otros lugares tan extravagantes como el Air Force One, siempre bajo la atención de los medios y decenas de comunicadores que los difunden de inmediato por las redes sociales. Seguramente ese es uno de los objetivos fundamentales de este espectáculo, acaparar la atención mundial, como cuando el matón del colegio amenaza en el recreo y en voz alta a sus víctimas, para que todos sepan lo fuerte que es y le tengan miedo.

De lo que no hay duda es que desde el minuto cero, el nuevo presidente ha colocado la guerra arancelaria como una de las armas preferidas de su provocadora política exterior hacia vecinos, rivales, aliados y socios. No en vano, en ese torbellino de disparates que fue su discurso de toma de posesión, declaró de manera precisa: “Comenzaré inmediatamente la revisión de nuestro sistema comercial para proteger a los trabajadores y las familias estadounidenses. En lugar de gravar a nuestros ciudadanos para enriquecer a otros países, habrá aranceles y gravámenes para los países extranjeros para enriquecer a nuestros ciudadanos”.

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