La política migratoria de España frente al griterío

Hace tiempo que la inmigración se ha situado como uno de los temas medulares en países y sociedades de todo el mundo, impulsada por sentimientos de rechazo que son utilizados por esa amalgama reaccionaria de partidos de derecha extrema y extrema derecha que han convertido la movilidad humana y a sus protagonistas en el centro de sus odios. Sin embargo, y a pesar de lo difícil que resulta en estos tiempos realizar análisis serenos fuera de tanto griterío, resulta imprescindible conocer el impacto de prácticas y políticas que en diferentes lugares se llevan a cabo para gestionar unas migraciones que si en algo se caracterizan es por su enorme complejidad.

A lo largo de este año han surgido diferentes análisis, publicados desde prestigiosos centros de investigación, prensa internacional especializada y hasta agencias económicas de calificación que han puesto en valor el enfoque distinto que viene dando España ante las migraciones y sus resultados positivos para la economía y la sociedad. Hasta el punto de señalar que España proporciona en estos momentos algunas lecciones positivas para los países de la UE en esta materia, algo que, sin embargo, entre tanto ruido como escuchamos a diario, no llega a los medios de comunicación en nuestro país.

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Estados Unidos y su guerra política contra Europa

Por primera vez en la historia, un documento oficial elaborado desde el Gobierno de los Estados Unidos tan solemne como es la “Estrategia de Seguridad Nacional”, con la firma del presidente Donald J. Trump, plantea con claridad la guerra política contra la Unión Europea y sus estados miembros para luchar contra su existencia, apoyando para ello a la extrema derecha europea. Y lo hace sin miramientos, a través de un panfleto grotesco de apenas veintinueve páginas, repleto de bravuconadas hiperbólicas y soflamas simplistas que parecen recogidas de esas cuentas sobreexcitadas que tanto abundan en las redes sociales. Nada que ver con la reflexión teórica y la profundidad metodológica que exigen las relaciones internacionales, como analizaron algunos de sus impulsores, como Hans Morgenthau, Robert Keohane o Hans Kelsen.

La nueva administración norteamericana, repleta de políticos inexpertos y visionarios, no ha dejado de humillar a Europa desde el minuto uno de su mandato, como dejó patente en febrero de este año en la Conferencia de Seguridad de Múnich el vicepresidente J.D. Vance, al lanzar un durísimo e insólito ataque contra las democracias europeas. Desde entonces, todo han sido desprecios y desplantes en una magnitud nunca vista en las relaciones internacionales que han sido respondidas con sumisión y complacencia humillante por las autoridades europeas. Así ocurrió durante la vergonzosa reunión en Escocia entre el presidente Trump y la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, que pareció una capitulación en toda regla de la UE a los caprichos arancelarios de la Casa Blanca, imponiéndonos, además, comprar gas a Estados Unidos por valor de 750.000 millones de dólares, inversiones europeas en ese país por otros 600.000 millones, además de la adquisición masiva de material militar estadounidense.

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