Comprender mejor el proceso extraordinario de regularización

De los nueve procesos extraordinarios de regularización de inmigrantes que han tenido lugar en España desde 1985, tanto con gobiernos del PSOE como del PP, el que acaba de anunciar esta semana el Gobierno de Pedro Sánchez será el más importante, así como uno de los más audaces.

Estamos ante una de las decisiones de mayor calado político tomada por este Gobierno en esta tortuosa legislatura, bien es cierto que empujado por la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que, apoyada por 900 entidades de un espectro ideológico muy amplio y avalada por cerca de 800.000 firmas, fue presentada para su tramitación y debate ante el Congreso de los Diputados en 2024. La iniciativa, que recibió el respaldo unánime de todos los grupos políticos salvo la ultraderecha de Vox, permanecía dormida desde entonces ante la debilidad política de la mayoría parlamentaria de izquierdas, por lo que finalmente, tras negociaciones directas entre el presidente Pedro Sánchez y líderes de Podemos, se desbloqueó, aunque con otro formato.

La aprobación se hace mediante acuerdo del Consejo de Ministros a través de un procedimiento administrativo urgente del proyecto de real decreto por el que se modifica el reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero de extranjería. Se trata así de eludir la tramitación parlamentaria de la ILP que, en el momento actual, sería un nuevo elemento de desgaste político para un Gobierno enormemente debilitado, dando a Podemos, uno de los socios de la mayoría de izquierda más conflictivos, una pieza con la que recuperar apoyos y, probablemente, poder recomponer las negociaciones de cara a una posible aprobación de los presupuestos. Más que estabilidad, se consigue continuidad a corto plazo en una legislatura en la que vamos de sobresalto en sobresalto.

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La política migratoria de España frente al griterío

Hace tiempo que la inmigración se ha situado como uno de los temas medulares en países y sociedades de todo el mundo, impulsada por sentimientos de rechazo que son utilizados por esa amalgama reaccionaria de partidos de derecha extrema y extrema derecha que han convertido la movilidad humana y a sus protagonistas en el centro de sus odios. Sin embargo, y a pesar de lo difícil que resulta en estos tiempos realizar análisis serenos fuera de tanto griterío, resulta imprescindible conocer el impacto de prácticas y políticas que en diferentes lugares se llevan a cabo para gestionar unas migraciones que si en algo se caracterizan es por su enorme complejidad.

A lo largo de este año han surgido diferentes análisis, publicados desde prestigiosos centros de investigación, prensa internacional especializada y hasta agencias económicas de calificación que han puesto en valor el enfoque distinto que viene dando España ante las migraciones y sus resultados positivos para la economía y la sociedad. Hasta el punto de señalar que España proporciona en estos momentos algunas lecciones positivas para los países de la UE en esta materia, algo que, sin embargo, entre tanto ruido como escuchamos a diario, no llega a los medios de comunicación en nuestro país.

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Más y mejor pedagogía sobre las migraciones

Inmigrantes vendimiando en Socuéllamos, Ciudad Real

Si hay un reto de futuro crucial que tienen entre manos los países occidentales son las migraciones, unos desplazamientos humanos que se han producido a lo largo de la historia y que han sido fundamentales para el avance y el desarrollo de sociedades y economías. No es casual que entre los países más dinámicos, prósperos y con mayores niveles de riqueza se encuentren aquellos que cuentan con una mayor proporción de población extranjera. Poco se ha destacado el papel de la movilidad humana en la reducción de la pobreza en el mundo y la redistribución global de oportunidades.

En el caso de España, son tantos los estudios e investigaciones que demuestran empíricamente cómo el progreso experimentado está estrechamente vinculado a la llegada e incorporación económica, social y laboral de sus 8,7 millones de ciudadanos extranjeros, el 17,8% de la población total del país, que avergüenza escuchar tantas declaraciones incendiarias de políticos que no paran de arrojar contra ellos basura, criminalizándolos y deshumanizándolos. Así, se suceden afirmaciones tan disparatadas como irresponsables, que llegan a reclamar desde llevar a la Armada a países africanos para bombardear las costas desde donde salen pateras, a realizar deportaciones imposibles que la ley no permite de cientos de miles de inmigrantes, mientras incluso se llega a negar que haya que socorrerles y salvarles la vida.

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Elevar el debate sobre las migraciones

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Si algo necesitan las migraciones es de un exquisito rigor, un amplio conocimiento de su realidad en línea con los múltiples elementos que intervienen en las mismas, junto a un abordaje respetuoso con la extrema complejidad que plantean, justamente lo contrario de como habitualmente son utilizadas por responsables políticos e institucionales. Hasta el punto de convertir a la inmigración en uno de los ejes centrales de confrontación para los partidos de extrema derecha en todo el mundo, arrastrando a otras fuerzas de derecha a incorporar buena parte de su ideario incendiario, mientras no deja de generarse en la sociedad un ruido ensordecedor, repleto de odio, mentiras y falsedades, que no ayuda a comprender e intervenir adecuadamente en esta materia.

Así las cosas, el debate público sobre la inmigración responde a la agenda oportunista que los partidos van marcando en función de sus intereses, en lugar de impulsar una pedagogía social rigurosa basada en el conocimiento y la comprensión de un fenómeno tan multidimensional. Dicho de otra forma, ante la inmigración, se prefiere rentabilizar electoralmente el exabrupto y crear alarma social, en lugar de dedicar tiempo a saber qué características e implicaciones tienen los desafíos que se plantean. De esta manera, con frecuencia son los políticos quienes convierten a la inmigración en un problema en la sociedad, generando debates y polémicas que la gente no siente como prioritarios, algo que se ha podido ver habitualmente analizando los barómetros sociales que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

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