
Desde hace tiempo, España ocupa un lugar destacado entre los países de la Unión Europea con las tasas más altas de pobreza infantil. Este fenómeno no se corresponde con nuestra relevancia como país ni con otros muchos avances sociales conseguidos, siendo sus causas tan diversas como complejas.
No se trata, únicamente, de que la pobreza entre menores sea significativamente más alta que la del conjunto de la población (solo por detrás de Bulgaria, Rumanía y Grecia). Según los informes de análisis de políticas sociales publicados por la Comisión Europea, España está a la cola en indicadores compuestos como el abandono escolar, la tasa de riesgo de pobreza infantil, la situación de hogares con menores dependientes o las carencias materiales severas en niños, niñas y adolescentes. Todo ello se ve agravado en las familias monoparentales, a cargo de mujeres mayoritariamente, donde los niveles de pobreza aumentan y se agravan debido a la crisis de la vivienda, la escalada inflacionista y las continuas subidas en los precios de suministros básicos.
Sigue leyendo