Les llaman refugiados

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Las palabras sirven para comunicar, expresar, transmitir. Pero también se utilizan para dibujar sentimientos, arrojar desprecios e indiferencias, demostrar que somos humanos o carecemos de alma. A fuerza de utilizar determinadas palabras, acabamos por desgastarlas o por dañar por completo la belleza de su significado. Todo ello lo encontramos en la palabra refugiado, tan de moda en los últimos meses.

Naciones Unidas celebra el próximo 20 de junio el Día Mundial del Refugiado, con el que intenta llamar la atención sobre la dramática situación de millones de personas en todo el planeta que se ven forzadas a abandonar sus hogares y sus países para poder obtener protección y poner a salvo sus vidas y la de sus familias, buscando refugio en otros estados. Cada minuto, ocho personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror, teniendo que elegir con frecuencia entre el horror que viven y la posibilidad de morir, embarcándose en un trágico éxodo, sometidos a todo tipo de abusos y condiciones extremas, perdiendo sus derechos y su condición humana para ser tratados con frecuencia como presos, confinados en recintos parecidos a campos de concentración contemporáneos. Podríamos pensar que los refugiados han obtenido refugio y protección, tal y como indica su nombre, mientras que por el contrario, en la mayoría de las ocasiones, el refugiado es lo más parecido a un paria contemporáneo que lucha por sobrevivir y a quien se le niega hasta su categoría de persona.

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