Encallados en una guerra de transformación

Según ha declarado el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, esta misma semana: “El objetivo de la guerra en Irán es, ahora, devolver las cosas a como estaban antes de que Trump iniciara la guerra”. Cuesta encontrar en la historia reciente una declaración de fracaso e incapacidad tan rotunda realizada por la misma potencia que ha iniciado una guerra en uno de los puntos más calientes del planeta, desencadenando una crisis global de dimensiones incalculables. De amenazar con acabar con una civilización a suplicar que se llegue a un acuerdo para dejar todo como estaba.

Hasta la fecha, el impacto para el país que inició esta disparatada aventura bélica no puede ser más desfavorable. Todas las bases estadounidenses en los países del Golfo han sido seriamente dañadas, con un coste de la guerra para el maltrecho presupuesto de los Estados Unidos que, según analistas del Pentágono, superarían los 30.000 millones de dólares, junto a una disminución histórica en sus arsenales vitales como nunca se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial. Según datos del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales citados por la CNN, el ejército estadounidense habría gastado el 45% de sus reservas de misiles de alta precisión, el 50% de los interceptores de defensa aérea Patriot y un 30% de los misiles de crucero Tomahawk, un armamento esencial que, con los ritmos de producción actuales, tardarán cuatro años en reponer.

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