
De la misma manera que Gramsci señaló que “no hay nada más revolucionario que la verdad”, hoy en día se podría afirmar que, en política, no hay nada más reaccionario que el odio, el mismo encono que no paran de propagar, un día tras otro, esas fuerzas de la extrema derecha global que han convertido a inmigrantes, personas desfavorecidas, minorías y opositores en el centro de su furia destructiva.
Como modelo tienen al frente de un país en descomposición a Donald Trump, que lo mismo asesina o secuestra impunemente a presidentes de Estado que defiende todo tipo de atrocidades con obscena crueldad, justificando incluso acabar con la vida de sus compatriotas en nombre de la persecución a los inmigrantes. Es una maldad continuada que emana, como los olores en descomposición de una fosa séptica, de unas fuerzas reaccionarias que hacen de la crueldad su programa político.
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