Creadores de odio

De la misma manera que Gramsci señaló que “no hay nada más revolucionario que la verdad”, hoy en día se podría afirmar que, en política, no hay nada más reaccionario que el odio, el mismo encono que no paran de propagar, un día tras otro, esas fuerzas de la extrema derecha global que han convertido a inmigrantes, personas desfavorecidas, minorías y opositores en el centro de su furia destructiva.

Como modelo tienen al frente de un país en descomposición a Donald Trump, que lo mismo asesina o secuestra impunemente a presidentes de Estado que defiende todo tipo de atrocidades con obscena crueldad, justificando incluso acabar con la vida de sus compatriotas en nombre de la persecución a los inmigrantes. Es una maldad continuada que emana, como los olores en descomposición de una fosa séptica, de unas fuerzas reaccionarias que hacen de la crueldad su programa político.

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Sin complejos

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Coincidiendo con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, se puso de moda la palabra “posverdad” para hablar de los acontecimientos explicados a la opinión pública que no están construidos por hechos objetivos, en definitiva, que no son ciertos. Y así llegaron al poder un grupo de dirigentes políticos en distintos países, todos ellos de ideologías neofascistas o de extrema derecha, caracterizados por una utilización indecente de mentiras, insultos y sandeces que de manera continua han desfigurado la realidad para tratar de defender sus agresivos postulados. Parecía que al llamar posverdad a auténticas falsedades, estas se suavizaban y perdían con ello su deliberada voluntad de engaño.

Dos años después, la extrema derecha emergente y rampante dice hablar “sin complejos”, ser una derecha “sin complejos”, tener candidatos “sin complejos” o contar con un programa electoral “sin complejos”, como si esa pérdida de complejos, de la que presumen el Partido Popular y VOX, fuera un gran avance político. Resulta, cuando menos llamativo, ese reconocimiento formal que se hace de haber estado acomplejado con anterioridad, se entiende que en la etapa de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, a quien desde algunos sectores ultraderechistas se le denominaba, con evidente voluntad de ofensa, como “maricomplejines”. Su sucesor, Pablo Casado, en el viaje que está haciendo hacia la ulttraderecha, parece así dar por válidos los insultos e invectivas que se lanzaban contra su antecesor en el Partido Popular.

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