
Cuando empieza el verano nos invade una sensación extraña, como si entráramos en unas fechas en las que tenemos la obligación de aguantar y sobrellevar todo lo que venga como mejor podamos. Resistir es lo que toca ahora, cuando en los veranos de antes que tenemos fijados en nuestro recuerdo todo era disfrutar y descubrir, como esas fotografías que van perdiendo el color pero no queremos tirar porque son pellizcos de felicidad.
Desde muchos meses antes de que comiencen las vacaciones estamos pendientes de las noticias sobre un tiempo trastornado que no deja de arrojar olas de calor que sufrimos en nuestras propias carnes, y que durante las fechas estivales se convierten en una sucesión de marcas que superan todos los registros de temperatura anteriores. Bombardeados con noticias de guerras y amenazas de todo tipo, sometidos a los insultos y a los discursos de odio que algunos políticos escupen un día tras otro, sin apartarnos de unos móviles que parecen un órgano más de nuestros cuerpos, los veranos que en estos momentos nos tocan vivir son extraños.
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