Ceuta y el colapso del sistema de protección de menores

Cuando se ha cumplido un mes desde que Ceuta vivió en su frontera una de las mayores avalanchas humanas registradas en el mundo, disponemos de algunas certezas y acumulamos muchas más incertidumbres sobre un suceso de extraordinaria gravedad que ha ampliado la división en la UE, abriendo además heridas políticas y en la convivencia en España que tardarán en sanar.

Cualquiera que conozca mínimamente Marruecos y a su estructura gubernamental en torno al rey, el Majzén, sabe que una movilización de más de 80.000 personas por el país para atravesar la frontera de Ceuta, en algunos casos llegadas desde ciudades lejanas, es absolutamente impensable sin el conocimiento y el consentimiento de un Estado con uno de los aparatos policiales, militares y de inteligencia más importantes de toda África. Mover en muy pocas horas a este gentío exigiría utilizar unos 5.000 camiones y autobuses para su desplazamiento, como atestiguan numerosos vídeos, algunos de los cuales contaron con la supervisión de gendarmes.En España todos los gobiernos y sus presidentes han sufrido las presiones y provocaciones de Marruecos, que hace tiempo comprendió que utilizar la pobreza y desesperación de sus habitantes como carne de cañón migratoria era muy rentable para obtener sus exigencias. Y ahora con mayor motivo, teniendo el apoyo de la administración Trump y del sanguinario gobierno de Israel.

El objetivo de esta incursión se ha cumplido plenamente, con una Europa más dividida y vulnerable, con España que tiene que gestionar un profundo enfrentamiento político y que acerca a la extrema derecha al poder, junto a un gobierno muy debilitado que tiene que gestionar problemas formidables.

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