Ceuta y el colapso del sistema de protección de menores

Cuando se ha cumplido un mes desde que Ceuta vivió en su frontera una de las mayores avalanchas humanas registradas en el mundo, disponemos de algunas certezas y acumulamos muchas más incertidumbres sobre un suceso de extraordinaria gravedad que ha ampliado la división en la UE, abriendo además heridas políticas y en la convivencia en España que tardarán en sanar.

Cualquiera que conozca mínimamente Marruecos y a su estructura gubernamental en torno al rey, el Majzén, sabe que una movilización de más de 80.000 personas por el país para atravesar la frontera de Ceuta, en algunos casos llegadas desde ciudades lejanas, es absolutamente impensable sin el conocimiento y el consentimiento de un Estado con uno de los aparatos policiales, militares y de inteligencia más importantes de toda África. Mover en muy pocas horas a este gentío exigiría utilizar unos 5.000 camiones y autobuses para su desplazamiento, como atestiguan numerosos vídeos, algunos de los cuales contaron con la supervisión de gendarmes.En España todos los gobiernos y sus presidentes han sufrido las presiones y provocaciones de Marruecos, que hace tiempo comprendió que utilizar la pobreza y desesperación de sus habitantes como carne de cañón migratoria era muy rentable para obtener sus exigencias. Y ahora con mayor motivo, teniendo el apoyo de la administración Trump y del sanguinario gobierno de Israel.

El objetivo de esta incursión se ha cumplido plenamente, con una Europa más dividida y vulnerable, con España que tiene que gestionar un profundo enfrentamiento político y que acerca a la extrema derecha al poder, junto a un gobierno muy debilitado que tiene que gestionar problemas formidables.

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Las verdaderas razones del Partido Popular tras la muerte de los inmigrantes en Ceuta

Ceuta

 

La muerte de 15 inmigrantes en aguas de Ceuta asediados por fuerzas de la Guardia Civil mientras eran disparados con balas y pelotas de goma, así como las justificaciones que el Gobierno y su ministro del Interior han dado ante esta atrocidad, ha llenado de indignación a amplios sectores de la sociedad española que desde hace años han demostrado ser mucho más solidarios y acogedores que buena parte de sus responsables políticos.

Pero no es casual que el Gobierno del PP, en estos precisos momentos, trate de colocar la inmigración como un problema inexistente entre la sociedad, precisamente cuando las encuestas y barómetros evidencian un cierto hartazgo de la ciudadanía hacia sus políticas de recortes salvajes y su complicidad con la corrupción. Al mismo tiempo, su actitud ante sucesos similares, muestra la falta de escrúpulos con que viene actuando ante la cuestión migratoria.

La responsabilidad del PP sobre la muerte de inmigrantes en Ceuta no debe interpretarse como una suma de torpezas y despropósitos que vulneran principios humanitarios y jurídicos esenciales, ni mucho menos. Lo que estamos viendo y escuchando día tras día es el fruto deliberado de una política calculadamente racista y xenófoba del PP, que desde hace tiempo viene desplegando actuaciones y un discurso cuasi criminal hacia la inmigración. Y esto hay que decirlo así, de forma muy clara, porque lejos de aprender sobre los errores y barbaridades que a lo largo de los años han venido amparando en esta materia en todos sus niveles políticos e institucionales, utiliza la inmigración y a los inmigrantes pobres como un instrumento electoral que le sirve para desviar la atención de la sociedad sobre otros temas que no quiere que sean centros de atención, al tiempo que lo utiliza para su beneficio electoral y partidista, afianzándose entre el electorado más rancio de la derecha española en momentos en los que ve amenazado este caladero de votos y quiere alinearse políticamente con la emergente derecha xenófoba europea.

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