Con la excusa de la crisis, se está perdiendo la perspectiva más elemental de muchas cosas. El pudor personal, la vergüenza institucional y la responsabilidad pública de numerosos políticos parecen haber desaparecido, abandonados como están al populismo barato, a la caridad desmedida y sin criterio sobre la que han situado a numerosas instituciones. De tal forma que, mientras desde el Gobierno y las diferentes instituciones autonómicas y locales, el Partido Popular niega el devastador impacto de la crisis, han convertido a muchas de estas instituciones en una simple caricatura, a base de sustituir la acción política por la caridad o el abandono, puro y duro.
Diez reflexiones sobre la presunción de inocencia en los políticos
A medida que los casos de corrupción protagonizados por políticos han ido creciendo en los últimos años en España, se ha generado una importante polémica sobre la “presunción de inocencia”, un concepto tan manoseado como devaluado por implicados en estos procesos judiciales y por sus partidos políticos. Hasta tal punto que en este país, nos hemos acostumbrado a que ningún político imputado o procesado dimita, por graves que sean las acusaciones y contundentes sean las pruebas de cargo existentes, algo muy diferente de lo que sucede en el resto de países de nuestro entorno. Y cada nuevo caso de corrupción en el que se ve imputado un político se convierte en un espectáculo obsceno de canto a una inocencia angelical que hace el ambiente irrespirable, al pervertir hasta extremos insospechados explicaciones que constituyen un auténtico insulto a la inteligencia, a la ética, al sentido público y a todos los ciudadanos.
Quiero poner sobre la mesa diez reflexiones para reconsiderar el uso perverso que muchos responsables públicos hacen de esta presunción de inocencia, como un factor decisivo en el deterioro de la política en España y su progresivo rechazo de la ciudadanía. Estas diez reflexiones avanzan en los siguientes elementos:
1- Un procesamiento implica que existen pruebas racionales de criminalidad.
2- Las responsabilidades judiciales son distintas de las políticas.
3- En los delitos de corrupción no basta una absolución, sino la certeza de que no se ha cometido ninguna irregularidad, mentira o negativa a declarar.
4- Hay procesos en los que las pruebas acumuladas son de tal naturaleza que se produce una presunción de culpabilidad.
5- En política, no se puede permanecer en el cargo a cualquier precio.
6- El apartamiento cautelar de un cargo político es lógico cuando existen pruebas incriminatorias relacionadas con el ejercicio de sus responsabilidades.
7- La dimisión ante una imputación para un político acusado de corrupción es un factor clave para la regeneración política y ética de la sociedad.
8- Ampararse en la presunción de inocencia para evitar que un político dimita es refugiarse en privilegios ajenos al resto de la sociedad.
9- La presunción de inocencia es exigida en no pocas ocasiones por quienes la niegan a los contrincantes y al resto de los ciudadanos.
10- Solo se exige para políticos pero nunca se aplica al resto de la población.
La tormenta perfecta: el huracán de la crisis demográfica
Mientras los ciudadanos vivimos sobrecogidos por este colapso económico, político e institucional en el que estamos instalados, nuestros responsables públicos se mantienen paralizados, en una situación cercana al rigor mortis, incapaces de anticipar una sola decisión que permita dinamizar nuestra musculatura social, al tiempo que seguimos funcionando como un país zombi, avanzando sin alma y sin cabeza, de espaldas a la realidad.
Así, acabamos de conocer un nuevo dato que profundiza aún más en este escenario tan preocupante que vivimos, de la mano del descenso, por vez primera en 17 años (desde que se toman estos registros), de la población empadronada en España y también en Alicante.
Cambiar tapones por votos
La sociedad, de la misma forma que el pan, necesita de una levadura social para generar procesos de una gran profundidad que se extienden e interiorizan rápidamente. Y así, en los últimos años, toda la sociedad en España se ha puesto a recoger tapones de plástico para paliar con ello el sufrimiento que vivimos. En colegios e institutos, centros de salud y hospitales, universidades, comercios y tiendas nos hemos acostumbrado a ver cajas repletas de coloridos tapones que, en muchos casos, ni siquiera explican el motivo al que dedican tan noble causa.
ONG en crisis y crisis en las ONG: un fin de ciclo en el oenegeísmo en España
Decir que las ONG en España atraviesan un momento crítico puede parecer una obviedad. En un país que se desangra por sus cuatro costados, lo llamativo sería lo contrario. Sin embargo, no paramos de leer y escuchar en los medios de comunicación afirmaciones que señalan justamente lo contrario: que “vivimos una emergencia de las ONG”, o que “asistimos a un auge y mayor protagonismo de las ONG”, cuando en realidad estamos asistiendo a procesos diametralmente opuestos que están llevando a un desmantelamiento acelerado y deliberado de las ONG en nuestra sociedad.
Las ONG han sido un fenómeno de la sociedad global y un exponente más de las profundas transformaciones que se han producido en los Estados, en la gobernanza y en el conjunto de la sociedad, impulsando cambios económicos y sociales de un gran calado. Ahora bien, las numerosas funciones que han venido cumpliendo no son tan idealistas y espontáneas como podría parecer, sino que conectan también con intereses del capitalismo global, de gobiernos e instituciones. De esta forma, se han producido importantes reajustes en las funciones y competencias de los Estados y de la sociedad civil, donde las ONG ocupan un lugar destacado, en la medida en que muchas de estas organizaciones no gubernamentales se han convertido en proveedoras de servicios baratos especializados para las administraciones públicas. Con ello, estas organizaciones han estado sometidas a enormes fragilidades económicas junto a crecientes exigencias burocráticas por parte de las instituciones financiadoras, que han vinculado la continuidad de sus intervenciones en no pocas ocasiones más, a las apetencias personales e ideológicas de responsables institucionales, que al rigor, la capacidad y la independencia de las propias ONG.
¿Casa Mediterráneo o “Casa de la Bernarda”?
Ya se ha inaugurado solemnemente Casa Mediterráneo en Alicante, tras cuatro años de trabajos, aunque mejor sería decir que ya se ha inaugurado el Pabellón de Ferias y Festejos Publicitarios de la Estación de Benalúa, en Alicante; porque tras el anuncio de su directora de que cederán la restaurada Estación de Benalúa para bodas, bautizos y exhibiciones de artículos de lujo, mucho me temo que este fallido invento llamado Casa Mediterráneo acabará reducido a la irrelevancia, cuando no al esperpento.
El naufragio de la cooperación descentralizada: lecciones ante la crisis
Hace pocos días tuvo lugar en Valencia unas jornadas de trabajo, “La cooperación descentralizada local: retos ante el contexto de crisis”, organizadas por el Fons Valencià per la Solidaritat, y en las que tuve la oportunidad de realizar la ponencia marco. Fue una buena oportunidad para explicar en público algunas de las investigaciones que vengo realizando sobre el impacto de la crisis en las políticas de cooperación al desarrollo. En mi opinión, los efectos de la crisis sobre las políticas de cooperación no se limitan a sus recortes presupuestarios, aun siendo éstos de una gran repercusión, sino que afectan a procesos morfológicos y metabólicos de un enorme calado, haciendo que estas transformaciones no sean ni mucho menos coyunturales ni pasajeras, sino estructurales y de un gran profundidad. Es algo que podemos ver con claridad en la cooperación descentralizada realizada en España desde ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones, que habiendo sido un modelo mundial, avanza como barco a la deriva sin saber bien hacia dónde.






