La tormenta perfecta: el huracán de la crisis demográfica

DEMOGRAFÍA

Mientras los ciudadanos vivimos sobrecogidos por este colapso económico, político e institucional en el que estamos instalados, nuestros responsables públicos se mantienen paralizados, en una situación cercana al rigor mortis, incapaces de anticipar una sola decisión que permita dinamizar nuestra musculatura social, al tiempo que seguimos funcionando como un país zombi, avanzando sin alma y sin cabeza, de espaldas a la realidad.

Así, acabamos de conocer un nuevo dato que profundiza aún más en este escenario tan preocupante que vivimos, de la mano del descenso, por vez primera en 17 años (desde que se toman estos registros), de la población empadronada en España y también en Alicante.

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Cambiar tapones por votos

tapones solidarios

La sociedad, de la misma forma que el pan, necesita de una levadura social para generar procesos de una gran profundidad que se extienden e interiorizan rápidamente. Y así, en los últimos años, toda la sociedad en España se ha puesto a recoger tapones de plástico para paliar con ello el sufrimiento que vivimos. En colegios e institutos, centros de salud y hospitales, universidades, comercios y tiendas nos hemos acostumbrado a ver cajas repletas de coloridos tapones que, en muchos casos, ni siquiera explican el motivo al que dedican tan noble causa.

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ONG en crisis y crisis en las ONG: un fin de ciclo en el oenegeísmo en España

Recortes

Decir que las ONG en España atraviesan un momento crítico puede parecer una obviedad. En un país que se desangra por sus cuatro costados, lo llamativo sería lo contrario. Sin embargo, no paramos de leer y escuchar en los medios de comunicación afirmaciones que señalan justamente lo contrario: que “vivimos una emergencia de las ONG”, o que “asistimos a un auge y mayor protagonismo de las ONG”, cuando en realidad estamos asistiendo a procesos diametralmente opuestos que están llevando a un desmantelamiento acelerado y deliberado de las ONG en nuestra sociedad.

Las ONG han sido un fenómeno de la sociedad global y un exponente más de las profundas transformaciones que se han producido en los Estados, en la gobernanza y en el conjunto de la sociedad, impulsando cambios económicos y sociales de un gran calado. Ahora bien, las numerosas funciones que han venido cumpliendo no son tan idealistas y espontáneas como podría parecer, sino que conectan también con intereses del capitalismo global, de gobiernos e instituciones. De esta forma, se han producido importantes reajustes en las funciones y competencias de los Estados y de la sociedad civil, donde las ONG ocupan un lugar destacado, en la medida en que muchas de estas organizaciones no gubernamentales se han convertido en proveedoras de servicios baratos especializados para las administraciones públicas. Con ello, estas organizaciones han estado sometidas a enormes fragilidades económicas junto a crecientes exigencias burocráticas por parte de las instituciones financiadoras, que han vinculado la continuidad de sus intervenciones en no pocas ocasiones más, a las apetencias personales e ideológicas de responsables institucionales, que al rigor, la capacidad y la independencia de las propias ONG.

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¿Casa Mediterráneo o «Casa de la Bernarda»?

Casa Mediterráneo Imagen

Ya se ha inaugurado solemnemente Casa Mediterráneo en Alicante, tras cuatro años de trabajos, aunque mejor sería decir que ya se ha inaugurado el Pabellón de Ferias y Festejos Publicitarios de la Estación de Benalúa, en Alicante; porque tras el anuncio de su directora de que cederán la restaurada Estación de Benalúa para bodas, bautizos y exhibiciones de artículos de lujo, mucho me temo que este fallido invento llamado Casa Mediterráneo acabará reducido a la irrelevancia, cuando no al esperpento.

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El naufragio de la cooperación descentralizada: lecciones ante la crisis

El naufragio

Hace pocos días tuvo lugar en Valencia unas jornadas de trabajo, “La cooperación descentralizada local: retos ante el contexto de crisis”, organizadas por el Fons Valencià per la Solidaritat, y en las que tuve la oportunidad de realizar la ponencia marco. Fue una buena oportunidad para explicar en público algunas de las investigaciones que vengo realizando sobre el impacto de la crisis en las políticas de cooperación al desarrollo. En mi opinión, los efectos de la crisis sobre las políticas de cooperación no se limitan a sus recortes presupuestarios, aun siendo éstos de una gran repercusión, sino que afectan a procesos morfológicos y metabólicos de un enorme calado, haciendo que estas transformaciones no sean ni mucho menos coyunturales ni pasajeras, sino estructurales y de un gran profundidad. Es algo que podemos ver con claridad en la cooperación descentralizada realizada en España desde ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones, que habiendo sido un modelo mundial, avanza como barco a la deriva sin saber bien hacia dónde.

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Otro abuso bancario sin regulación: el cobro de comisiones por donaciones a ONG ante catástrofes

Pintada Banqueros

Cuando se produce una nueva catástrofe humanitaria caigo en la cuenta de que se produce un nuevo incumplimiento del Gobierno en la eliminación de un abuso más de los bancos; en este caso, del abuso que supone el cobro de importantes comisiones que vienen aplicando a todos aquellos que en los últimos años han tratado de aportar su generosidad y colaboración hacia las víctimas de tantos desastres como se han venido produciendo, mediante aportaciones a ONG.

Desde la matanza de los Grandes Lagos en 1994, hasta ahora, siempre que se ha producido una tragedia humanitaria se ha pedido la solidaridad de la población a través de aportaciones económicas a las ONG. Así sucedió con motivo del Huracán Mitch en 1998, el tsunami del sudeste asiático en 2004 y el terremoto de Haití de 2010, entre otros. Algún día hablaremos de la filosofía, los mensajes, el empleo y la rendición de cuentas de todo ese dinero recaudado a lo largo de tantos años con motivo de tanto sufrimiento y destrucción. Pero lo que hoy nos ocupa es otro tema bien distinto, relacionado con los abusos que los bancos han venido cometiendo con estas transferencias humanitarias.

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El terremoto de Haití y la comprensión estructural de las catástrofes humanitarias

Terremoto de Haití

Se cumplen tres años del devastador terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010, pudiendo afirmarse que éste ha desaparecido de las agendas de los medios, gobiernos y agencias de desarrollo, hasta el punto que tras la conferencia de donantes de Nueva York del 31 de marzo de 2010 y las promesas que allí se anunciaron, la población afectada sigue viviendo en condiciones dramáticas, siendo muy escasos los compromisos de ayuda y reconstrucción que se han hecho realidad. Ante la retórica habitual exenta de propuestas prácticas y compromisos concretos, parece oportuno reflexionar sobre algunas de las claves estructurales de esta catástrofe desde una visión amplia, para tratar de comprender mejor estas y otras catástrofes humanitarias.

Catástrofes de clase

Tragedias como la de Haití no son nuevas. Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones, tsunamis y todo tipo de catástrofes, si bien en los últimos años, su repetición y especialmente sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre. Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos provienen de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como catástrofes de clase.

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Productividad y delincuencia

Exxon

El dominio de la economía sobre la política y la sociedad ha generado una construcción ideológica invadida por conceptos económicos que, como un ropaje, envuelven los discursos, las decisiones y declaraciones que habitualmente escuchamos. No importa si se desconocen sus perfiles o significados precisos. Lo importante es justificar cualquier decisión con conceptos como competitividad, productividad o eficiencia, llegando a pervertirlos hasta extremos grotescos.

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Marido por horas

Marido por horas

Decir que la crisis está generando cambios de una profundidad inusitada en el conjunto de la sociedad, es una obviedad. Otra cosa es tener capacidad para valorar la dimensión de esas transformaciones y en qué medida todos nosotros estamos respondiendo a estos cambios. Pero basta con salir a la calle para hacer lo que llamo «sociología de la vida cotidiana», y percibir muchas de esas mutaciones y adaptaciones, en ocasiones forzadas por los acontecimientos de la misma forma que Darwin explicó la evolución de las especies; y en otras como reacción natural a los avances socioeconómicos y productivos.

Sin embargo, dos son los grandes temas que monopolizan los contenidos en los medios de comunicación: la economía y la dimensión social de las políticas de recortes y ajustes, junto al ascenso de la caridad, la beneficencia y el asistencialismo como respuesta nada inocente a todo este huracán neoliberal. Como magistralmente recogió Berlanga en su deliciosa película «Plácido», en el año 1961, lo que ahora se lleva es sentar a un pobre en la mesa por Navidad para descargar nuestra conciencia y con ello, no cuestionar las causas de la pobreza sino alimentar a estas víctimas de tanta barbarie política. Si en los medios se diera la misma importancia a quienes cuestionan, reflexionan y protestan contra estas políticas tan devastadoras, en lugar de sacar paquetes de arroz, roperos, tómbolas, galas benéficas, recogidas de juguetes y comedores de pobres, seguramente hubiéramos avanzado más en dar respuestas políticas y sociales a este desafío procedente de un capitalismo enfermo cuyas consecuencias se miden ya en despidos, desahucios, suicidios, enfermos sin atención, ancianos desatendidos, niños mal alimentados o consumo de antidepresivos, por poner algunos ejemplos tangibles.

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